HEREJÍAS MARIANAS
Las h. m. son muchísimas. Seguiremos en la exposición el orden cronológico.
1. La primera verdad mariana que ha sido negada es la santidad de María, y de modo particular su virginidad. Algunos judíos y judaizantes, con el fin de desacreditar a Cristo, calumniaron a la Madre, presentándola como una mujer de mala vida, seducida por un soldado romano llamado «Pantera», el cual habría sido el padre de Cristo (Cf. Orígenes, Contra Celsum, I, 32, PG 11, 722 ss.; Tertuliano, De Spectaculis, c. 30, PL 1, 662a; Srak, Kommentar Z. N. T. und Midrach, I, 1922, p. 36 ss.). Los Ebio- nitas (Cf. Eusebio, Hist. Eccl., 30, 8, 10; 6, 17, 1, PG 20, 452a-560a), los gnósticos Ce- rinto y Carpócrates (Cf. S. Epifanio, Haer., 30, 14, 2, PG 41, 429b) y otros afirman que Jesús fue hijo natural de María y de José. Tertuliano (De carne Christi, c. 20. 1, PL 2, 830c; 20, 2, PL 2, 831a; 20, 3, ibíd., 20, 5, PL 2, 909-910; 20, 6, PL 2, 832b), Joviniano (Cf. S. Ambrosio, Ep. 8, PL 16, 1123) y algunos protestantes negaron la virginidad de María en el parto. Eunomio (Cf. PG 56, 635), Apolinar (Cf. S. Epifanio, Haer., 78, PG 42, 699 s.), Tertuliano (De monogamia 8, PL 2, 989a), Helvidio (Cf. San Jerónimo, De perpetua virginitate Mariae adversum Helvidium, PL 23, 183-206), Joviniano (Cf. S.
Jerónimo, ibíd., 211-338), Benoso (Cf. Siricio, Epist. 9 ad Anysium, 3, PL 13, 1177) y los protestantes Calvino (In Matth., 1, 25, Opera 45, 70), Beza (Jn Matth., 1, 25), Bullinger, etc., negaron la virginidad de María después del parto. Los mismos Tertuliano y Orígenes, interpretando erróneamente algunos pasajes evangélicos, admitieron en María algunos defectus morales. El primero, basándose en Mt. 12, 48, asegura que la Virgen fue públicamente censurada por su Hijo debido a su incredulidad respecto de Él (adversus Marcionem, L. IV, c. 19, PL 2, 204b). El segundo, Orígenes, aseguraba que la pregunta de la Virgen: ¿Cómo puede ser esto...? fue inspirada por la incredulidad (In Lucam, VI, Cf. Vagaggini, La Mariologia di Origene, 39, 15 ss.)j afirmaba además que la «espada de dolor» predicha por Simeón a la Virgen (Le. 2, 34-35) era la «espada de la infidelidad», el «puñal de la duda» al asistir a la pasión y muerte del Hijo (Cf. Vagaggini, op. cit., 57), interpretación equivocada, seguida después por algunos otros, especialmente, y con particular complacencia, por los protestantes del s. xvi (Lutero, Calvino, etcétera) y por sus secuaces.
2. La segunda verdad negada es la maternidad divina, por influjo de Diodoro de Tarso (Cf. S. Cirilo de Alejandría, Epist., 45, PG 77, 230 c), de Teodoro de Mopsucs- tia (Cf. S. Cirilo de Alejandría, Epist., 49, PG 77, 339b) y, de manera particular, de Nestorio, Patriarca de Constantinopla (t 451) como se ve por sus discursos (Cf. Mario Mercatore, PL 48, 660 s.) y en su libro intitulado Heráclides, escrito poco antes de morir (Cf. Ñau, Le livre d'Hcraclide de Damas, traduit en franjáis, París 1910). Según Nestorio y sus secuaces, en Cristo hay dos naturalezas y dos personas, unidas moralmente (y, por consiguiente, accidentalmente): de esta forma María sería solamente «Cristípara» (Madre de Cristo), no «Deípara» (Madre de Dios), «Cristotocon», no «Theotócon».
3. La tercera verdad mariana negada fue la asunción de la Santísima Virgen, en alma y cuerpo a la gloria del cielo. En el s. vi, el apócrifo del ps.-Juan sobre el «Tránsito de María» distinguía una doble asunción: la del alma de la Virgen al cielo y la del cuerpo al paraíso terrenal, donde se conservaría incorrupto, en una atmósfera de luz y de perfumes (Cf. Tischendorf, C., Apocalypses Apocryphae, Leipzig 1866, páginas 95-112). Hacia fines del s. vm, algunos cristianos de Asturias afirmaban que María había muerto como todos los demás mortales y que su cuerpo aguardaba todavía en el sepulcro, lo mismo que todos los otros, la resurrección gloriosa (Cf. PL 99, 1231- 1240).
4. Una cuarta verdad mariana, negada por muchos en el pasado, es la Inmaculada Concepción. Fue negada por algunos escritores de los ss. xi y xu, entre ellos S. Bernardo (Epist., 174, PL 182, 332 ss.), y por los grandes teólogos escolásticos del s. XIIi, debido a que la cuestión no había sido todavía claramente enunciada y, por otra parte, la Iglesia no se había pronunciado todavía sobre la misma.
5. La legitimidad del culto tributado a María fue negada por los protestantes del siglo xvi (Lutero, Calvino, etc.) y por sus secuaces, que lo acusan de «idolatría».