Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

EUCARISTÍA

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Las relaciones entre María y la E. constituyen uno de los puntos más sustanciosos de la piedad cristiana. Están sintetizadas en el título «Nuestra Señora del Santísimo Sacramento», forjado por el capuchino Miguel de Cosenza hacia la mitad del s. XVII (Cf. Gibboni, A., Il primo teologo eucarístico-mariano: P. Michele di Cosenza, en «Palestra del Clero», 30 [1951 pp. 1067-1070), y después por el B. Pedro Julián Eymard, acaso bajo el influjo de análogo «Nuestra Señora del Sagrado Corazón» de los Misioneros del Sagrado Corazón de Issoudun (Cf. Marie et le Centre Euch., Montréal 1954, p. 194; Arra tital, J., S. S. S.. Ntra. Sra. del Santísimo Sacramento, Título mariano sintetizador de las relaciones de María con la E., en «Est. Mar.», XIII, pp. 263-276).

I. La E. y María en la Sagrada Escritura Las relaciones de María con la E. se basa todas en estos dos textos bíblicos o similares: 1) «éste es mi cuerpo... Esta es mi sangre...» (Mt. 26, 26-28; Mc. 14, 22-24 Lc. 22, 19-20; I Cor. 11, 23-25; 2) «María de la cual nacib Jesús» {Mt. 1, 16), «(María madre de Jesús» (Jn. 2, 2).

Cristo, en la E es Hijo de María; su cuerpo y su sangre dados en comida y bebida a los hombres, fueron tomados del cuerpo y sangre de María. Aqui está el fundamento de todas las relaciones de María con la E. Pero ademas de esta relacibn de aorigen», en la Sagrada Escritura se expresa también otra: la asístencia de María al sacrificio eucaristico y su participacibn en el mismo, mediante la participacibn en la comunibn eucaristica (Hcch. 1, 14; 2, 32). La / radio panis, en efecto, no es sino la celebracibn eucaristica, en el lenguaje neotestamentario, en la que María no podía menos de participar, no tanto por las exigences de su vida espiritual, cuánto por su mision eclesiolbgica, o sea no podía menos de participar en el misterio de la unióad del cuerpo místico, del que Ella misma era, en la primera comunióad cristiana, el centro, no jurfdico, pero si espiritual (Cf. Colomer, L., O. F. M., La Co munión de la Virgen, en aEst. Mar», XIII, pp. 119-142). María, habiendo participado en el sacrificio cruento de Jesús en el Calvario (Jn. 19, 25), no podía estar ausente, a título de corredentora, o bien de medianera de la gracia, en el incruento del altar. BIBL.: Be». A., S.

J.» Erant per sever antes... cum María Matre Jesu... In communicatione /ract lords panis (Ac. 1, 14: 2, 42), en «Alma Socia Christi». VI. 1. pp. 21-37; Luts SuXjifz. P„ C. M. F., C nest tones eucarhtico-mariauas en el Nuevo Testamento, en aHpliem. Mar.u, 2 0952) pp. 145-157; Peinadoh. M.. C. M. F.. One relaciones median entre la Santísima Virttcn y la E. a la luz del Nuevo Testamento. en «fcst. Mar.». XIII. 1953, pp. 41-él; Vaccari. A- S. J.. María Virgo et nuptiae in Cana Galllaeae. Element a cucharist-ca et ecclesfologica Indus mlraculi, en cNiaria et Ecclesta». VIII. pp. 54-63. II. La E.y María en la Tradición.

1. En la Edad Antigua o patristica (ss. ii-ix). 1) En los cinco primeros siglos, los Padres, especialmente al refutar el docetismo, demuestran que en la E. esta la misma carne y la misma sangre que el Verbo tomb de María Virgen. S. Ignacio Mbrtir (t 107) escribla a los romanos, 7, 2: «Deseo el Pan de Dios, que es la came de Jesucristo del linaje de David...» Esta carne de Cristo, nuestro Pan, nacib realmente de la Virgen; por eso los docetas, que no admiten la rea lidad de esta carne derivada de la Virgen, se abstienen de la E. (Ad Smyrnaeos, c. 1, 1 y 7, 1). S. Justino, en su primera apologia, después de haber afirmado que el Verbo se hizo hombre naciendo de una Virgen, establece el parangbn entre la realidad de la carne tomada por el Verbo y la realidad de la came y de la sangre de Cristo en la E. (PG 6, 427). También S. Ireneo afirma que si no se admite que Cristo es verdadero hombre nacióo de María Virgen, entonces ctampoco el cáliz dt la E. es la comunibn de su sangre, ni el pan que partimos es la comunibn de su cuerpo» (Adv. Haer., Ill, 7). San Efrén habla del o sacramento de aquel cuerpo único que [el Señor] tomó de Ma rla» (Hymni, ed. Lamy, 6, 732).

Abercio (a. 180), en su célebre epitaño (v. Abercio). habla de la fe que ale dio en alimento un pez [símbolo de la E.] extraido de una fuente ingente, pura» (María). 2) Del siglo v en adelanle, las relacio nes fundamentales entre Jesbs Pan de vida en la E. y María, dieron origen, especialmente en Oriente, a un fiorecimiento de símbolos y de vivas imbgenes que embellecen las diferentes liturgias. Por ejemplo, María es el «terrbn» en el que nace la espiga eucaristica; es el «fermento» de la masa humana que, en Cristo y por Cris to, se transforma en pan; es la acasa del pan» (Belén); es la que da el pan de vida, etedtera. El ps.-Epifanio afirma que María es la que enos dio el pan celestial, Cristo, para la remisibn de los pecados» (Homil. V de laudibus Virgin!s, PG 43, 491-94).

2. En la Edad Media (ss. ix-XVi). Pascasio Radberto, en el tratado De corpore et san guine Domini, y Aimon de Auxerre (f 855) (In priorem Epist. ad corinthios, cap. 11, PL 117, 572) insisten sobre la identidad del cuerpo de Cristo en la E. con el que nacib de María. En este periodo, sin embargo, debido especialmente a Berengario (1088), la realidad del cuerpo de Cristo en la E. se reduce a un simbolismo. Berengario, refutado por Lanfranco (maestro de S. Anselmo) y por varios otros, después de haber sido condenado por varios concilios par ticulars, file obligado por el Concilio Ro mano de 1079 a suscribir una fbrmula de fe (Cf. Denzinger, 544), en la cual, entre otras cosas, se afirma que tdespués de la consagracibn está allí el cuerpo de Cristo nacióo de la Virgen». La reflexión sobre la E., a la luz de María, la continrian S. Pedro Damiano, S. Ber nardo, Guerrico d’Igny basta Buenaventura, Santo Tomas, Ricardo de S.

Lorenzo, San Antonino, Salazar, Velazquez, etc. (v. los textos en Knox, De necessitudine..., pp. 15-28, v. bibl.), los cuales desarrollaron con nuevos elementos la mariología eucarfstica, poniendo de relieve, en especial, la parte que tuvo la Virgen en el sacrilicio de la cruz y la que ahora tiene en el sacrilicio del altar. Es también digna de consideración, en la época medieval (del s. x al XVi), la himnograffa latina (v. Garcia Garcds, N., La Vir gen y la E. en la Himnograjia medieval, en aEph. Mar.#, 2 [1952] pp. 205-245).

3. En la Edad Modern a (ss. XVi-XVm). La tendencia a acentúar cada vez más las relaciones de María con la E., considerada ya como sacrificio, ya como sacramento, vino a desembocar en algunas exageraciones, condenadas por la Iglesia. S. Ignacio de Loyola, en una vaga y oscura nota de su diario fntimo, parece afirmar que, en la consagración, se le mostrd la presencia de la carne de María en la del Hijo (Of. Laurentin, R., Marie, VEglise ct le Saccrdoce, pp. 225-228, v. bibl.). Algunos autores (como Poza, Vega, Celada, etc.) basándose en esa nota se lanzaron a sostener que bajo las especies eucarfsticas, junto con el cuerpo de Jesús, está también el cuerpo de Ma rfa (in propria specie) bajo la misma forma sustancial, aunque bajo diversos supuestos. Semejante teoria fue algo así como reducida a sistema por el P. Ceferino de Someyre, O. F. M., en la obra: La ddvotion a la Mere de Dieit dans le Tres Saint Sacre incut de VAutel, publicada en Narbona en 1663. Esta obra fue puesta en el Indice por decreto del Santo Oficio del 30 de scptiembre de 1638. Siguieron el camino iradicional los capuchinos el P.

Bernardino de París, el cual, en 1660, escribió una obra en cinco partes con el título La Commu nion de Marie Merc de Dieu (Toulouse 1314), y el P. Miguel de Cosenza en la obra miuuiscrita De gloriosa Virgine Dei genitri ce Sanctissimi Sacramenti nuncupata, dontlc, en mas de mil páginas, expone todos (ns inotivos y todos los aspect os de las relaciones de María con la E., terminando con el voto de un culto litiirgico de «Santa Ma rfa del Santfsimo Sacramento#. 4. £/i la Edad Content pordnea (ss. XIXxx) domina la influencia del B. Pedro Julian Eymard por medio de su vol. Mois de NotreDame du T. S. Sacrcment avec une dtude thdologique sur la Idgitimitd de la devotion envers Notre-Dame du Tres Saint Sacrement, par le P. Albert Tesmifcre, Lille 1927, y también por medio de su Congregación del Santfsimo Sacramento. En nuestro tiempo se han multiplicado los estudios sobre las relaciones de María con la E. El tema se trató en el Congreso Internacional Eucarfstico de Lila en 1881, en el Congreso Eucarfstico de Montreal de 1910 (por el P. Alejo M. Ldpicier, O. S.

M., más tarde cardenal), en el Congreso Eucarfstico Inter nacional de Sidney de 1928 (por deseo de Pío XI) y, de un modo particular, en el Congreso Internacional Maríano de Roma de 1950 (Seccion de los PP. Sacramentinos) y en el de Lourdes de 1958. BIBL.: Knox. J.. De mcesvtudinc Deivaram inter et E., Roma 1040; I.ai.’rfntin. R., Marie. I'Eglise et le Sacerdoce. París 1952; VASSALU. G.. S. S. S., La conumione cii María presso i teotogi medio evafi del tecoli XIII-XV, en. María et Ecclcsioa. VIII. piglnas 65-13). III. María y la E. en la liturgia.

1. En la liturgia latina. Al cantar las glorias de la E., la liturgia occidental no se olvida de Aquella con la que la E. est& indisolublcmcnte unióa, María. En el oficio de la primitiva fiesta del nCorpus Domini#, compuesta en 1246 a petición y bajo la dirección de Santa Julia na de Cornillon, se expresaba esta idea: «Esta verdadera came que comemos es aquella misma que El tom«5 de la Virgen# (Cf. Lambot, C.-Fransen, I., L’Office de la Fcte-Dieu primitive, Maredsous 1946, p. 42. himno de Completas. estrofa 23). En el tPange lingua# la Iglesia invita a ala lengua a cantar el mistcrio del glorioso cuerpo y de la preciosa sangre#, «fruto del vientre generoso# de María. Se nos presenta, por consiguiente, la E. como fruto de María. En el motete «Ave, verum corpus, natum de María Virgine# que se canta muy a menudo en la exposición del Santfsimo Sacramento, es saludada la E. como averdadero cuerpo» tornado de María (Cf. Wilmart. Auteurs spirituels et texles devots du Moyen-Age latin, cap.

XIX). 'En 1956, la Santa Sede concedio a la Congiegación del Santfsimo Sacramento un nuevo oficio para la fiesta de «N.ª S.ª del Santfsimo Sacramento» en el que las relaciones entre María y la E. se ponen de relieve y se celeb ran.

2. En las liturgias orientales. Son todavía más acentúadas, en estas liturgias, las relaciones de María con la E., como se ve al echar una rapid a ojeada a los diferentes ritos (v. Liturgici Oriental). 1) En el rito bizantino, Nuestra Señora es representada como ala vid que ha producido el racimo maduro, del cual salid el vino a (Orologhion 882), la cconcha de la cual salid la divina margarita» (Ibid. 880), cel arbol del fruto exquisito con el que se alimentan los fielesa (Ibid. 894), ala tierra en la que brotd la espiga divina» (Ibid. 877), el cvaso que contiene el mana que endulza el paladar de los fieles» (Ibíd.. 879), el aparafso animado en medio del cual brotd el drbol de la vida, cuya dulzura vivifica a todos aquellos que participan del mismo» (Ibíd.. 880), la «oveja que nos dio al Cor dero de Dios» (Ibíd.. 878). Cf. Minisci, T., II rito bizantino, en a Alma Socia Christi», VI, 59-66. 2) En el rito melquita sallídase a la Virgen de esta manera: aAldgrate, campo inmaculado, que nos produce el pan de la vida; aldgrate, vaso espiritual, que con tiene para nosotros el divino mand; aldgrate, altar místico, en el que recibimos este santo alimento» (Cf.

Hajjar, J., Le rite met kite, ibíd.., pp. 68-71). 3) En la liturgia caldea se llama a Ma rfa «Madre del Pontffice y de los Sumos Pontffices». Y mienlras el sacerdote prepara sobre el altar el pan y el vino, canta en voz alta: «Sobre el sagrado altar está presente el recuerdo de la Virgen María Madre de Dios» (Cf. Nissan, G., La liturgia caldea, ibíd.., pp. 45-78). 4) En el rito armenio, María es Aquella a quien debemos la E., «ya que si no hubiese brotado de ti el celestial retono, nuestros labios no hubieran gustado el fru to, es decir, la E.». El sacerdote comienza la santa misa con la sefial de la cruz afiadiendo: ay por la intercesion de la Santa Madre de Dios, recibe, Señor, nuestras preces y sélvaños» (Cf. Kaftaandjian, G., II rito armenio, ibíd.., pp. 72-74). 5) En el rito siro-antioqueno se habla del pan vivo que tuvo origen de la Hija de David, fue partido en el Gélgota y distribuido en la santa Iglesia, y dado a los pueblos creyentes, y que es capaz de alimentar «a los vivos y a los muertos». María es cla dulce uva que ha nacióo de la bendita vid».

Nuestra Señora dio en alimento a los mortales el trigo espiritual germinado en su campo virginal, apara que vivi&cmos por medio de él» (Cf. Chamié, B., Le rite syro antiochien, ibíd.., pp. 79-82). 6) En la liturgia maronita, la Virgen se nos presenta como cla barca llena de riquezas que pasa llenando de hartura a los mortales y dandoles la vida». En la santa misa, inmediatamente despuls del evangelio, el sacerdote dice: «Yo soy el pan de la vida, dice el Señor. El Padre me envid, Verbo sin came, y como el grano de trigo, que lleno de exuberante vida cae en tierra fdrtil, asl el seno de María me acogid, y he aquí que los sacerdotes me colocan sobre el altar, aleluya» (Cf. Zayek, F., La liturgia maronita, ibíd.., pp. 83-86). 7) En la liturgia copta, el sacerdote, antes de la comunión, levantando la patena dice: aAsí sea, creo y profeso hasta mi ultimo aliento que esto se convierte en el cuerpo viviente de tu Hijo unigdnito, Señor nuestro Jesucristo, que El recibió de Nuestra Señora, Reina de todos nosotros, la Madre de Dios, la santa, divina y purfsima María» (Cf.

Abadir, L., La liturgie copte, ibíd.., pp. 87-89). 8) En la liturgia etfope se dice en la andfora: a Como la mezcla del agua y del vino no se puede dividir, así tu Hijo y Td [o María] no poddis ser divididos.» En la bendición del incienso, el sacerdote dice: «Oh María, Señora Nuestra y Madre de Dios, ofreced este nuestro incienso, estanuestra oración y este nuestio sacrificio.» El sacrificio eucaristico es, pues, presentado EUCARlSTlA a Dios por las manos de María. En la epiclcsis de la andfora de la B. Virgen del abad Jorge se invoca la intervention de la Virgen para que se realice el milagro de la transustanciación. María es la «Virgen que fructifica lo que comemos y de la cual mana lo que bebemoss (Cf. Abraha, F., La liturgia et to pica, ibid., pp. 90-93).

IV. María y la E. en la elahoración teoIdgica. La razón, iluminada pola fe, halla una relation verdadera y real entre María y la E., relation que tiene su real fundamento en la encarnacion y, por consiguiente, en la divina maternidad de la Virgen.

Ese cuerpo que los fielcs adoramos, sustancialmente presente bajo las especies eucaristicas, fue libremente concebido, 1 leva de y nacióo de María, rrtis que el cuerpo de cualquier otro hijo de la propia madre. Por consiguiente, en el cuerpo de Cristo eucaristico hay algo de María, su madre. Segiin la teoria escoldstica del hilemorfismo, se puede afirmar que la materia prima de la madre permanece, en cierta medida, en el hijo bajo una nueva forma sustancial. Pero ademas de la relación que María tiene con la E. considerada como Sacra mento, la tiene también verdadera y real con la E. considerada como sacrificio. El sacrificio eucaristico, en efecto, no es, sustancialmente, otra cosa que el sacrificio mismo de la cruz. Y al sacrificio de la cruz cooperO María, no sólo de una manera indirecta y remota (como madre tanto del Sacerdote como de la Vfctima de dicho sacrificio), sino también de una manera proxima y directa, ofreciendo, junto con Cristo, aquel divino sacrificio, es decir, renunciando a los dercchos maternos que Ella tenía sobre aquella Victima para la salvación del gOnero humano.

Otro tanto se ha de decir de la cooperation de la Vir gen al sacrificio del altar, sustancialmente itIOntico al de la cruz. Coopera también de una manera indirecta y remota, en cuánto quo la relation real de madre tanto para con el Sacerdote como para con la Victi ms! continda todavía; y coopera también de unsi manera prOxima y directa, en cuánto quo el ofrecimienlo de la Victima que Ella hizo en el Calvario, junto con la renuncia de los derechos maternos que tenía sobre la misma, continua todavía, al no haberse jamás retractado. BIfi L.: L£picier. A. M. (O. S. M., Relations «1e la Tris Sainte yierge avec le Tris Saint Saoeinent. Hin ges 1910; Ruffini. E.. Relazionc Ira l‘E. «la Madonna, Roma 1939; Dl ? Kayser, Of., La yierge Matte et CE. Eisai t/nfologiqne et a see ti que, Montreal 1939; LerCaro, Card. G., La missione delta Verging ne!l‘eco no mi a encartuiea, en a Alma Soda Cluisii», VI. priginas 38-56; Massimi, Card. M.. It nesso tra la Vergine e l‘E„ ibfcl.. pp. 3-10; Alonso. I.,

C. M. F.. De D. M. yirginls meaiat.one in E.. eo cEph. Mar.'. 2 (1952) pp. 159-204; RosauNt. G.. La Madonna (let SS. Sacramento. Rdardctti. Roma 1953; Paiifnie. P., La Beata yet pine Madre e la SS.

Eucmisfa, en «Eun» les docete», 8 (1955) pp. 195-204; Fran/.j, F.. La 9 ablatio mnnda» e la mediazione él María SS., en «María et Eccle$ia». VIII. Roma 1960. pp. 1-22; Parente. P.. Cooperations di María nella SS. £., Sacra mento dett’uniu) delta Clues a, ibid., pp. 23-34; SpiAZzi, R.. O. P.. LIE. e María SS. fondamento e corona deU’ofxtine soprannatnraie, ibid., pp. 35-51. V. María y la E. en el culto. Aunque desde los primeros siglos del cristianismo —como hemos visto— no han faltado Padres, doctores y escritores que han puesto de relieve las relaciones existentes entre la Virgen y la E., sin embargo, hasta 1868, o sea hasta el B. Eymard, no se puede hablar de un verdadero y propio «culto» tributado a María considerada en sus méltiples e intimas relaciones con la E. El culto expresado con el título de «Nuestra Señora del Santísimo Sacramento», comenzado por el B. Eymard, fue después promovióo con cretiente celo por sus hijos con los escritos, la predication, los congresos, las asociaciones, las procesioncs, los cuadros, imágenes, medallas, capillas e iglesias erigióas en su honor (en Turin, en Roma). La abadia cisterciense de las Frattocchie está dedicada a N. 1 S.ª del Santísimo Sacramento.

Varias parroquias, en diversas partes del mundo. están dedicadas a «Nuestra Señora del San tisimo Sacramento». En 1870, el cardenal De Bonald, arzobispc de Lyon, fundO una cofradia de «Nuestrr Señora del Santísimo Sacramento y del ViA tico» en la capilla de los Misioneros d«Africa, cofradia que, andando el tiempo, st extingui O. En 1882, el cardenal Dechamps arzobispo de Malinas, fundO otra, todavi: hoy floreciente, en la iglesia de los PP. d«la Congregation del Santísimo Sacrament«de Bruselas, con el título: uAsociación d i». R OVCH INI. EUCARlSttA la Inmaculada Conception para el desarrollo de la devoción al Santfsimo Sacramen to». En 1913, el obispo de Namur fundO una tCofradía de N.ª S.ª del Santfsimo Sacra mento». Otra aCofradi'a de N.ª S.ª del San tfsimo Sacramento)) fue instituida por el arzobispo de Utrecht, en Holanda. A partir de 1922, los PP. de la Congregation del Santfsimo Sacramento instituyeron en varias partes del mundo aCofradías o Asociaciones de N.ª S.ª del Santfsimo Sacramento», enriquecidas con indulgencias por la Santa Sede. En Tolosa de España exist© la aVisita domiciliaria de N.ª S.ª del Santfsimo Sa cramento».

Una pequena imagen de N.ª S.ª del Santfsimo Sacramento es Nevada procesionalmente, todas las tardes, de una casa a otra, donde tendrri lugar la «statio» hasta el día siguiente por la tarde. El culto, rendido de esta forma durante la jornada a Nuestra Señora, estri regulado por un programa aprobado por el Ordinario. En Mont real, la asociación del Santfsimo Sacramen to, section de los enfermos, tiene varias imágenes que circulan por casas privadas e institutos en visitas a ancianos y en fermos. No faltan, pues, instituciones puestas bajo la protection de «Nuestra Señora del Santfsimo Sacramento» y que llevan su título (Brasíl, Australlá, etc.) BIBL.: De KaYSCR, La V terse Marie et VEuchnrhtic. Bruxelles. Montreal 1949. pp. 99-100: Evfrs. H.. S. S. S., La diffusion de la devotion

t) Notre.-Dame d\t Trix Saint Sacrement. en»Marie e 1 E.», Montreal 1954. pp. 213-233. VI. María y la E. en la vida espiritual. La devoción a N.ª S.ª del Santfsimo Sacra mento da tono y alimento a la piedad cristiana, la cual, fundamentalmente, no puede menos de ser eucarfstica y mariana: eucarfstica, porque la E. es el alimento de la vida sobrenatural de la gracia; mariana, porque Nuestra Señora es nuestra Madre ©spiritual, cuya misión es la de dar a Cristo al mundo: después de habdrselo dado bajo forma humana (como Hombre-Dios Rcdentor) se lo sigue dando como alimento de nuestras almas bajo la forma sacramental eucarfstica. La Virgen es, además, el modelo más perfecto de la piedad eucarfstica tanto para los simples fieles como para los sacerdotes. Ella ensena a los fieles de qué manera y con qué sentimientos de fe y de amor deben asístir al sacrificio de la misa, acercarse a la mesa eucarfstica, adorar al Hombre-Dios escondido bajo los blancos velos eucarfsticos. Ella ensena también, de un modo particular, a los sacerdotes, con qué sentimientos ban de ofrecer el sacrosanto sacrificio eucarfstico. BIBL.: Garrioou-Laoranoe. R.. Notre-Dame du T. S.

Sacrement et la vie spitituellc. en «Alma Socia Chrlstf». VI. pp. 97-105; Philippe, P., L'union du Pritre avec Notre-Dame du Trix Saint Sacrement. en Marie et PE.». Montreal 1954, pp. 285-294. VII. María y la E. en el arte. También el arte, del s. ix al xx, puso de relieve el nexo entre Nuestra Seilora y la E. La primera representation la hallamos en una cruz adornada con piedras preciosas del s. ix, la de Pascual I (817-824), de plata cincelada, en el museo vaticano: Nuestra Señora esta presente, con gesto implorante, en las tres escenas reproducidas en el brazo horizontal de la cruz; el milagro de Canrt (a la izquierda), la institución de la E. en la Ultima cena (en el centro) y la distribu tion de la E. o comunión (a la derecha). Jesús parece decir: rYo soy el pan vivo bajado del cielo»; Nuestra Señora y el apOstol S. Pedro tienden sus manos veladas (como se haefa entre los primeros cristianos al. recibir la E.).

En el mismo s. ix, en una miniatura de la biblioteca vaticana (Codex. lat. n. 39), la Virgen aparecc majestuosamente sentada con el Niño en la mano iz quierda y con el pan eucarfstico en la dere cha, y un mintisculo personaje, arrodillado a los pies del trono, tiende hacia Ella las manos. Del s. x hay en Mónaco una Virgen de marfil aplicada a un copón, tomada de una «Dormitio B. M. V.». En una patena del s. xii, que se conserva en el monasterio del monte Athos, est i. representada, en el centro, la Virgen aPlatytfera» (orante), la cual lleva sobre el pecho una gran medalla con un joven «Pantocraton) incensado por Angeles, mientras a su alrededor, en una primera banda circuEUCARISTlA lar, se ve la procesión de los ángeles-didconos que llevan al altar del sacrificio los vasos y los objetos sagrados. En una vidriera de Chartres, del s. xii, la Virgen tiene en la mano derecha un ramo de vid: evidente alusión a la E. En el s. XIII la Virgen se convierte en copón o tabernáculo que contiene la E.

Así, en una imagen (que se figuraba en algtin tiempo en la colección de Spitzer) la Virgen lleva en su mano derecha una manzana y sostiene con el brazo izquierdo al Niño Jesús: entre las rodillas de la Virgen se abre una concavidad oblonga provista de una tapa sobre la que hay una paloma. Seguramente servfa para reserva de la E. En el s. XIV, en una miniatura del códice de la «Fratalea Corporis Christie que se conserva en el archivo parroquial de Pieve di Sacco (Padua), en la Jetra inicial se ve a la Virgen con el Nino Jesús sobre las rodillas, el cual presenta la Hostia santa a la adoración de una piadosa persona (acaso algvin miembro de la cofradía del Santfsimo Sacramento) arrodillada a los pies de Ma rfa. En este mismo siglo, en un bello cuadro de Bernardo Daddi (de 1343) colocado en la capilla de los españoles en el claustro de Santa María Novella de Florencia, se ve en el centro a la Virgen con el Nino, scntada en un trono, rodeada de cuatro santos (S. Juan B., S. Juan E., S. Mateo y S. Pedro).

En el pergamino sostenido por el Niño Je sus, lo mismo que en los que sostienen los santos, se lcen textos eucarfsticos: «Ego sum panis vivus qui de coelo descend!» (en el del Niño Jesús); «nobis datus, nobis natus ex intacta virgines. En una pintura del mismo siglo («El Calvario con el A. y N. Testamentos») que se conserva en el Louvre, la Virgen aparece representada en pie, junto a la cruz, mientras los Angeles recogen en los célices la sangre de Cristo. En el s. XV las manifestaciones artísticas de mariología eucarfstica se multiplican y rcvisten formas diversas. Por ejemplo, el Angelico pone a María arrodillada con las manos juntas, en el Cendculo, junto con los apóstoles, durante la institución de la E. María es puesta, además, en relación con el sacrificio eucarfstico. Así, por ejemplo, en una pintura del s. xi que se conserva en la iglesia de S. Nicolás de Brieg, la Virgen y el Hijo están representados entre los ins truments de la pasión (la cruz, los ldtigos, los dados, la escalera, la lanza y las treinta monedas) y abajo la alusión a la E. (el cstliz con la hostia) que perpetda el misterio.

La misma idea se expresa en el cuadro de «la Dolorosa y el Cristo paciente» que se halla sobre el altar mariano en Gorlitz (mu» seo del emperador Federico). También la pintura con el título «El sacerdocio de Ma rfa» (del a. 1437) que se conserva en el Louvre, ejecutada para la cofradía de Amiens, pone en relación la encarnación con el sacrificio del altar. La Virgen está vestida como el Sumo Sacerdote del A. T. (£x. cc. 38 y 39) adornada con diadema, mitra y dalmdtica con doce piedras preciosas que adornan el racional (símbolo de las doce tribus de Israel). Están repre sentados todos los objetos requeridos para el sacrificio del altar (cáliz, vinajeras, misal, velas, incienso). El Niño Jesris, en hdbito coral, se entrega por completo a la Virgen Madre. Y para acentúar mejor el cardcter redentor del sacrificio de la cruz y del altar, se comenzó, en el s. XV, por incluir también el paralelismo Eva-María.

Así, por ejemplo. en Kldrant, junto a Bressanone, en una pin tura de 1474, se representa a Eva en actituc de dar a sus descendientes el fruto del pecado que engendra la muerte, en oposicidr a María, que presenta al clero, para que k distribuya, el Pan de vida que Ella recibic de la Trinidad sacrosanta. Este mismo terns puede verse en una miniatura de 1481, titu lada «El drbol de la vida y de la muerte» ejecutada en un misal de Berth Fuerlhmc yer (que se conserva en la biblioteca ger mana del Estado de Mdnaco). Se ve en «centro un gran drbol que tiene, entre el e.«peso ramaje, a guisa de fruto, muchas ho«tias con una cruz y, entre éstas, a un lad el crucifijo y al otro una calavera. Ad it está en la rafz del drbol, mientras Eva, e pie, recibe con la derecha de la boca d la serpiente (enroscada en el drbol) el frut de la muerte que con la izquierda ofrece sus descendientes representados en un p queno grupo. Por el Jado opuesto a Eva está María, coronada, en actitud de desprender del drbol y de dar a los fieles la hostia eucarfstica. Unos versos contenidos en varios rdtulos explican la escena representada. Otra forma iconogrdfica, introducida ya en el s. xiu, llega a su desarrollo en el s.

XV. Para ilustrar el tema que nos ocupa se recurre al simbolismo alegdrico de los molinos místicos o eucarfsticos. Así, por ejemplo, en un mantel de altar del s. XV que se conserva en el museo de Ulm, la Virgen, ayudada por cuatro animales del Tetramorfo, echa el grano en la tolva de un molino de manivela movióo por los apóstoles; y un torrente de hostias caen a la parte de abajo del molino, mientras cuatro doctores recogen en un cáliz el cuerpo de Jesús Niño. Esta misma idea se expresa en una miniatura del evangeliario de Rabano Mauro «De laudibus Sanctae Crucis», Biblia pauperum, escrita en el monasterio de VIetten en 1414-1415 y conservada en Mdnaco, en la biblioteca nacional (codex lat. 8201). Es digna de particular relieve por su genialidad la pintura de Van der Weyden, intitulada a Los siete sacramentos» (museo de Amberes), de 1445 aproximadamente. Un sacerdote celebra la misa en una amplia iglesia gdtica en cuyas capillas laterales están representados los difercntes sacramentos. El altar mayor del vasto templo está reservado al principal de los sacramentos, la E.

En el centro mismo de la nave, inundada de resplandeciente luz, el artista representd una «crucifixión», con Nuestra Señora, las piadosas mujeres y S. Juan a los pies de la cruz. Es evidente, por tanto, el nexo entre el sacrificio de la misa y el sacri fice del Calvario; entre el sacrificio del Calvario y los otros sacramentos (expresados en las capillas laterales), los cuales sacan toda su fuerza de la pasión y muerte de Cristo. A todo este misterio de amor está estrechamente, indisolublemente, unióa María. No es menos genial y grandiosa la alegorfa del aCordero místico» de Van Eyck en el aCordero místico» de la catedral de Amberes. La sangre del Cordero, derramada, para lavar al género humano de la culpa, se recoge en el cáliz eucarfstico y se conffa a la Iglesia, o sea al sacerdocio de Cristo, el cual perpetda el sacrificio mismo del mi'stico Cordero, del cual sacan su fuer za los siete sacramentos. Los espectadores de la escena son los dos Testamenios: patriarcas, profetas, apóstoles, doctores, vfrgenes.

Cristo, Sumo Sacerdote, tiene a la derecha a su Madre y a la izquierda a San Juan; después vienen los ángeles cantores, los primeros padres Adán y Eva y, a los lados, los santos jueces, ermitaños y los peregrinos guiados por S. Cristdbal. En el mismo s, XV, Nuestra Seiiora está puesta en intima y simbélica relación con el sacramento eucarfstico: es la llamada «Señora de la Espigai. Un cuadro de esta clase, pintado en Hamburgo en 1435, se halla en el museo de arte de Hamburgo: el vestido de la Virgen está todo sembrado de cspigas. Otra pintura de «Nuestra Señora de las Espigasí de 1430 se halla en el museo nacional de Mdnaco. En el mu seo de Cluny se conserva una pintura de fines del s. XV con el título «La Virgen del Trigo»: representa a Nuestra Seiiora con el Nino que sale de un campo de espigas, todas ellas procedentes del rinico grano que se ve resplandecer sobre María, y que ha germinado en Ella por virtud del Espíritu Santo. El significado se precisa en una inscripción que hay en una banderita pintada sobre el donante del cuadro: «Valle donde crecid el trigo vidtico».

También en el siglo XV (y luego en lo sucesivo hasta el siglo XViii), además del trigo aparece un racimo de uvas entre las manos de María y del Nino, que sirve para expresar las relaciones de la Virgen con la sangre preciosa conservada en el clliz; así ocurre en un cuadro de Gerardo David (Gdnova, Palaz zo Bianco). Sandro Botticelli en la obin «La Virgen de la E.a reunió el doble símbolo eucarfstico del grano y del racimo de uvas, presentados entrambos a María y a Jesús Niño sentado en sus rodillas: la Vir gen aprieta entre el pulgar y el fndice una espiga, mientras el Niño Jesús da la bendición con su manecita. EUCARISTfA Al s. XV se remonta también el tema iconogrlfico de la éltima comunión de María, de manos de S. Juan, rodeada de santas mujeres, como puede apreciarse en nn magnifico tejido (Kunstgewerbermuseum de Colonia). En el s. XVr, CAsar Magni (discípulo de Rafael y de Leonardo de Vinci) en un cuadro que se conserva en Codogno representa a la Virgen con el Nino Jesús en sus rodillas, el cual tiene en su mano derecha la custodia con la Sagrada Hostia.

Del mismo siglo es el cAlebre grupo marmdreo de 1553, que se halla en la iglesia abacial de Salerno, en el cual la Virgen, rodeada de los apóstoles, recibe el santo viAtico de mano de su Divino Hijo. Es además digno de nota, en el s. XVi, un bajo relieve de la escuela bizantina: la Virgen. puesta en el centro, simboliza a la Sabiduna que dirige a todos la invitación: «Venid, corned el pan y bebed el vino que he mezclado para vosotros» (Prov. 9, 5). En la iglesia de Baraille (Paso de Calais) hay un cuadro del s. XVi, en el que se representa «el místico lagarn: mientras el Padre celestial oprime la prensa del lagar, el Hijo la mueve con la cruz, y la sangre se recoge en la tinaja que rebosa; la Madre de la tierra participa en las torturas del Hijo. En el s. XVII domina el tema de la comunión de María de manos de S. Juan. Son dignas de mención las de Juan B. Rsperanza (Santa Lucia in Selci, Roma, con la inscripción aFilius adoptivus matri reddit fUiumTi), la de Juan B.

Romanelli (algtin tiempo en Roma, en el monasterio de las carmelitas de la via Lungara), la de Erasmo Quellin (1607-1698) y la de un desconocido del mismo siglo XVn en la sala de lectura de las imprentas exteriores de la Secretaria de Estado de S. S. Son tambien dignas de nota, en el mismo s. XVII, dos arquetas (conservadas en el Museo Cristiano Vaticano) de origen greco-ruteno, llamadas «panaghiaria» (= custodias para el pan bendito). Una de ellas tiene en el centro una mcdalla con la Virgen orante y el Nino cstrechado contra su seno; en torno a la mcdalla, hay un resumen del himno que uinta la Iglesia oriental a la elevación de la hostia: aEs verdaderamente cosa digna el alabarte, oh Madre de Dios, siempre bendita y purisima, Madre de Nuestro Señor. Sois más digna de alabanza que los quembines, y sin comparación más elevada que los serafines.» En Santiago de Chile, en la casa de los PP. del Santfsimo Sacramento, hay un lienzo del s. XVII con la efigie de la Virgen-Custodia: es una custodia en la que el lugar de la hostia lo ocupa Nuestra Señora con una hostia santa en el pecho. Es asímismo digna de mención la avitis frugifera» de Mignard (Louvre). En una pintura de un andnimo del s.

XVII que hay en la iglesia de S. Benito de Padua, se acenttia la misteriosa presencia de la Couedentora en el altar durante la celebración de cada misa: La Virgen, acompanada de los Angeles, asíste a un sacerdote en la celebración de la misa, para indicar que Ella está allí, ante el altar, como estuvo tambien en el Calvario ante la cruz. En el s. XVin, ya hacia el final, el pintor Guillermo Tommasí, en una pintura que se venera en el santuario de Nuestra Seffora de Piastraio, en Stazzema (Pisa), la luz de la hostia santa irradia a la Virgen Santísima. En el s. xrx tenemos a Ingrfcs que desarro» 11a, no menos de cuatro veces, el sugestivo tema. En 1840 pintd a la Virgen en adoración, entre dos santos, S. NicolAs y S. Ale jandro (sugeridos por el prfncipe herederc de Rusia); en 1854, Ingres repetfa lo más mo (a petición del ministro del Interior de Francia, con la sustitución de los dos santo? por dos Angeles: la «tVirgen de la Hostia: (Louvre); en 1860, en un tercer cuadro anadia una fUa de siete Angeles; finalmen te, en 1866 (a los 86 años) pintd un cuart«cuadro sobre el mismo tema.

En nuestro siglo xx, baste citar el bajo relieve de a Nuestra Seiiora de la Espigas d Leonardi, el de Nuestra Señora con el Nin en el brazo, el cual sostiene la hostia y e cAliz (Tadolini, Francisco Nagni), el d N.ª S. 1 del Santfsimo Sacramento de Frar cisi (S. Claudio de Roma) y los de Saett Cassioli, Spinetti, Galli, Luzzi, etc. BIBL.: Fallani, G., Jcohor tafia Maríana: la Vergi. e l‘E., en «Alma Soda Christ is VI, pp. 106-116; C att an no. L., S. S. S.. La Vterge et l‘E. dans les más, en «Marie et Montreal 1954, pp. 155»166; La Madonna et VEucaristia. Documentazlone fconografica, Roma, Stabile Consilium InternationaJibus Eucharisticis Convemibus provehendis, 1954. XVIII, 223 pp.

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