ETIOPÍA
Se ha dicho, basíndose en documentos, que no hay quien supere al pueblo etiope en la devoción a Nuestra Señora, y, acaso, no hay ni siquiera quien lo iguale en toda la historia del cristianismo. Los mismos etiopes —como escribia un misionero jesuita en 1623— festán persuadidos de ser los únicos en conocer los valores de la madre de Dios y en darle el culto debido (...); y a costa de todos sus bienes, incluso de la propia vida, no profanarian su nombre» (P. Jerdnimo Lobo, citado por Salaville, S., en «Studia Orientallá LiturgicoTheologica», Roma 1940, p. 149). En E. hubo una corriente en el s. XV y después en el siglo pasado que propugnaba ala adoraci(5m» de Nuestra Señora (Cf. Ccrulli, E., II Libro Etiopico del miracoli di María, Roma 1943, pp. 100 ss.; Gebrd Selassie, Chronique du regne de Menelik II, París 1930, t. I, p. 155). Segiin una creencia muy difundida entre los etiopes, Jesús habria dado como feudo a María la E. Este acto de donación se narra en un documento con el título: Historia de Debre-Sina y lo reproduce el libro de los Milagros de María de los ss. vi y vu.
AJli se cuenta cómo la Sagrada Familia, en su huida, no habiendo hallado buena acogida en Egipto, se refugid y permanecid durante tres ahos en E. Sólo en E. no ha bria la Virgen encontrado de!ores ni ha bria derramado ldgrimas. a Hall indose todavía en E. —prosigue la narración— su Hijo Jesús bendecía todos los dias la parte que da al mediodia (o sea la E.) por hallarse allí un pueblo que nmaria mucho al Salvador y a su Madre, María. Debido a esta predilección, Nuestra Señora María dijo al Hijo: “jDame este pueblo!" Y fil le contestá: “Las gentes etiopes te pertenecen como diezmos”» (Cf. Brunetti, G., Vultimo apocrifo, en a Parole Buonen, Boll, mensile della Miss, catt. dell'Eritrea, 10 [1926], n. 6, pp. 96-98; n. 7, pp. 112-115; n. 8, pp. 122-125; nn. 9-10, pp. 141-143; n. 12, pp. 177-180). A esta leyenda los etiopes dan fe absoluta, por lo que la devoción a su augusta Reina abarca toda su vida, privada, pdblica y litdrgica (v. Liturgia).
A esto hay que ariadir que los etiopes se jactan de una comunióad de sangre con la Virgen, ya que la célebre reina de Saba (III Re. 10), identificada por la tradición etiope con la reina Azieb de E., habria tenido un hijo del rey Salomón, llamado Menelik, cabeza de familia de la dinastia etiope reinante (llamada de los Salomonides) según se naira en el libro «Kebre-Neghest» (= Gloria de los Reyes). Los etiopes jambs osan decir «María»: la designan siempre con el título de «Nuestra Señora o («Egzi» itine» = tNuestra Dominadora»). Adembs de las númerosas fiestas (más de treinta), del ayuno de 15 dias que pre cede a la asuncibn, de los dos dias consagrados mensualmente a María, del número elevadisimo de iglesias erigióas en su honor y de las dos encantadoras misas a Ella dedicadas, Nuestra Señora tiene grandfsima parte en la devocibn popular. Los etiopes tienen tal fe en la intercesión de María, que estbn seguros de obtenerlo todo por su me dio y en su nombre, no sblo por Dios su Hijo, sino tambibn por los hombres sus de votes.
De aquí la habitual expresibn: «Por amor de María, hazme este favors, «Dame esto por María».
Y a las peticiones que se hacen en nombre de María, nadie osa negarse, por grandes que ellas sean. Del emperador Menelik II se cuenta que muchas veces llegb a conmutar o a condonar penas gravisimas. No pocas veces, en la historia de E., en el nombre y por amor de María se han arreglado discordias, conliendas y rivalidades politicas; se han extinguido odios y se ha restablecido la paz. El medio más poderoso para excitar al pueblo etiope contra los extranjeros es el presentarlos como aenemigos de María». Una usanza que revela el alma mariana del pueblo etiope es la de (marianizars los nombres propios (ninguno se atreve a tomar sblo el nombre de María), como por ejemplo: Tecle-Maryam (planta de María), Hailb-Maryam (=propiedad de María), Welde-Maryam (= hijo de María), Gebre-Maryam (= siervo de María), Hapte-Maryam (= don de María), Newaie-Maryam (= tesoro de María), Ba'eda-Maryam (= protegido de María), Chidanb-Maryam (= pro mesa de María), Tesfa-Maryam (= columna de María), etc. Las mujeres etiopes tienen a María como particular patrona y protectora de las ma il res. Las nuevas mambs son Hamadas «hijas de María» (Welde-Maryam) por antonomusia.
No es raro oir a alguna parturienta, I’nfcrma o indigente, pedir algiin favor en estos tbrminos: «Por amor de la Madre d«Dios, dad cualquier cosa a esta 4«hija d«María”.» A María le piden númerosa prol«las mujeres casadas. A la singular devocibn del pueblo etfop» a Nuestra Seiiora y a la particular protec cibn de Nuestra Señora para con el puebl«etiope se debe sin duda el hecho —com» pone de relieve Pío XI— de que sea «]; tinica isla de cristianismo en Africa» y d que «durante quince siglos, a costa de nu merosos sacrificios por parte de sus mejore hijos, haya sido el baluarte contra la inva sibn del Islam». BIBL.: Nollet, O., Le culte de Marie en E., e Du Manoir. II. pp. 363-413; Mario Add! da Abo L‘E. «Feu de di María», en «María Immncolataneli Provincia dci frati Minori Cappuccini di Lombardia» Como recuerdo del AAo Maríano 1054 (Milan, e.tu de Cruce» 11955] pp. 221-226; Domenico da Maapd; II culto mariano in E., en»Cit& di vim. 10 (195' pp. 414-425; Van den Oudenrijn, M. A.. O. P.. L devotion inarlale dam I’Ealise de f E., en «Horn map aux catboliques suisscs». Fribure 1954. pp. 117-132 Id., De cultu Bcatae Maríae Vi minis apud Aethiope. en «AneeJicum», 37 (1960) pp. 3-18).