Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

HOLANDA

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El culto de María fue introducido en los Países Bajos en los comienzos de su evangelización, es decir, en la parte meridional hacia el s. iv y en la septentrional en el vil. Fueron apóstoles de este culto los obispos de Maestricht y de Utrecht y, muy especialmente, los santos Servado (t 384), Wilibrordo (f 739), Amando (t 684?), Rabdod (900-917) y Ansfrid (975-1010), quien proclamó a María por patrona de sus diócesis. En lo sucesivo fueron los monjes y los frailes quienes fomentaron y desarrollaron más y más este culto. El número de templos dedicados a María, en sola H., ascendió a más de cuatrocientos, y fueron más de doscientas las campanas que llevaban el nombre de Ella. Cerca de veinte fueron las abadías fundadas en varias partes de H. por los Premonstratenses y Nobertinos, todas ellas dedicadas a María. Los escudos de las ciudades (por ej., Maestricht) eran puestos entre las manos de María. Algunas ciudades escogían las fiestas de la Virgen para elegir a sus magistrados. Villas y aldeas, calles y plazas llevaban el nombre de María. La liturgia que se usaba en H. ostentaba no menos de cincuenta magníficas secuencias marianas para las diversas fiestas de María.

Además, el «Kyrie» y el «Gloria» de la Misa, en festividades marianas, tenían tropos especiales para ensalzar las glorias de María. Uno de ellos, por ej., decía: «Quoniam tu solus sanctus, Mariam sanctificans; tu solus Dominus, Mariam gu- bernans; tu solus Altissimus, Mariam coro- nans.» Este «Gloria de Domina nostra» no fue suprimido hasta pasado el 1570. En 1280, un tal Hessel, decano de Frisia, se trasladó a la célebre universidad de París, en la que por entonces se disputaba mucho en torno a la Inmaculada Concepción. Hessel asistió a una de estas disputas habida entre dos famosos maestros. Peí o justamente en el día en que se festejaba la Inmaculada el maestro, contrario a este privilegio, en e instante de comenzar sus lecciones pública mente en presencia de sus alumnos fue d< repente afectado de mutismo, de modo qui no consiguió pronunciar ni una sola sílaba Ante esta amonestación se arrepintió de si pertinaz oposición y prometió, en lo secrete de su corazón, que si la Virgen le restituí! el habla, celebraría siempre con grandísimt devoción la fiesta de la Inmaculada. Li Virgen oyó su oración, y el maestro recobrd el habla.

Y se dice que este prodigio produjo tal impresión en Hessel, que lo induje a convertirse en apóstol celosísimo de la Inmaculada en su patria. El hecho es que en el s. xiv, clero y pueblo holandés celebraban la fiesta de la Concepción, según consta en muchísimos diplomas (v. W. Molí. Kerkgeschiedenis, II, III, p. 242. Kronen- burg, II, p. 144, v. bibl.). Esta creencia estaba tan arraigada en los ánimos de los holandeses, que ni siquiera el huracán de la reforma logró abatirla. No obstante, sufrió mucho el culto a la Virgen. Hasta se lamentaba de esto una célebre escritora protestante, Bosboom-Toussaint: «Ah, cuántas cosas que eran encantadoras, que eran inofensivas y buenas, fueron destruidas con la reforma... y sobre todo aquel bueno y hasta bello culto de la Virgen Madre» (Het Luis La- nernesse, II, p. 38). No todos, sin embargo, se dejaron vencer por el torbellino de la reforma. Es digno de notarse el hecho de 19 mártires Gorcomienses que, en el año 1572, padecieron hasta la efusión de la sangre por su devoción a María y fueron a la horca cantando la «Salve Regina». Según manifestó el arzobispo de Utrecht, Mons.

Zwysen, en una relación de 1853 a la Santa Sede, a esta devoción hay que atribuir la perseverancia en la fe católica de toda la diócesis de Hartogenbosch. En 1853, con el restablecimiento de la jerarquía católica y con el apostolado de los PP. Redentoristas, el culto de María volvió a florecer admirablemente. Entre los más célebres mariólogos holandeses es notable Dionisio el Cartujano (v.). Entre los recientes mariólogos se distinguen Van Noort y Derckx. En 1910 se celebró el Congreso mariano holandés-belga de Averbode, por iniciativa de los Norbertinos; el segundo tuvo lugar en Maestricht en 1912, y el tercero en Nimega en 1932. En 1947 se celebró en. Maestricht un Congreso internacional mariano. Son muy notables las «Jornadas Marianas» de Tongerloo, que vienen celebrándose todos los años desde 1931 (Centenario del Concilio de Éfeso) para el estudio de los problemas marianos. En 1943 las diócesis de H. fueron todas solemnemente consagradas a María. V. también Literatura Mariana. BIBL.: Kronenüuro, J. A. F.. C. SS. R„ Marías Heerlijkeid in Nederlaitd («Gloria de María en Holanda»), 8 vols.. Amsterdam 1904-1914; María's teesb krins in Nederíand, Amsterdam 1919, 248 pp.; Koen- ders, A. I., O.

C., María in den Eercdfenst der Katholiche Kerk, 3 vols., Amsterdam 1927-1937; Sloots, E., O. F. M., María in document en mo- txument, Hccmstedc 1947, 176 pp.; Polman, H., S. M.. Nederíand-Marialand, en «Standaard van María». 24 (1948) pp. 355-365; VAM Driel, I. W., S. J.. La gloire de Marie aux Pays-Bas, en Du Manoir, IV, pp. 471-491.

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