REFLEJO
1. Generalidades. - Las actividades del organismo humano pueden dividirse en tres grandes categorías: reflejas, instintivas, voluntarias. Las actividades voluntarias se refieren a los actos, conscientes y racionales realizados con la previsión de lograr un fin determinado y de los medios necesarios para lograrlo; éstas son propias del hombre. Las actividades reflejas (de las cuales nos ocuparemos particularmente) son reacciones motorias o de otra naturaleza, prontas, siempre involuntarias, más aún, inconscientes, determinadas a menudo por estimulaciones simplicísimas de un grupo circunscrito de terminación nerviosa; se trata de propiedades comunes a todos los organismos vivientes, pero particularmente desarrolladas en los dotados de sistema nervioso. Las actividades instintivas ocupan una posición intermedia entre las iniciativas voluntarias y las reacciones reflejas, asemejándose a estas últimas por su invariabilidad y por el modo rápido y preciso con que suceden a los estímulos adecuados, mientras que por su complejidad y porque en el hombre pueden desempeñar también funciones psíquicas conscientes (percepciones, emociones, etc.) se levantan decididamente por encima de los reflejos.
Los ejemplos más ilustrativos de los verdaderos instintos nos los proporcionan ciertos insectos (abejas, avispas, hormigas) que desde su nacimiento poseen la capacidad de realizar una vasta serie de operaciones complicadas; capacidad hereditaria, congénita, inmutable, extraña a cualquier amaestramiento,, a cualquier experiencia, que hace obrar a los animales según un plan preestablecido para conseguir un fin determinado y sin que Ilos tengan conciencia ni del fin a lograr ' ni de los medios de que se han de servir. Ejemplos realmente admirables, pero en el afondo, no mucho ms extraordinarios que el modo con que el organismo se forma de una 'Célula o que el modo conque automáticamente se desenvuelven las múltiples y coordinadas funciones de la vida vegetativa. Muy afines a las actividades reflejas son los tropismos;! térm ino con el cual se entienden las orientaciones que asume el cuerpo de un ser hacia la dirección con que los estímulos físicoquímicos (luminosos, térmicos, etc.) atacan las partes del cuerpo aptas para recibirlos. Según Loeb y otros biólogos los movimientos de los animales inferiores dependen todos de la dirección e intensidad de los estímulos ambientales,
2. Esquema de las actividades reflejas. Un estímulo, p. ej., sensitivo, determina en una neurona aferente (v. Funcionalidad cerebral) una excitación que recorre la neurona estimulada de una extremidad a otra hasta sus últimas terminaciones neuríticas. De aquí el estímulo se transmite a las terminaciones dendríticas de una neurona eferente y después de haberla recorrido en toda su extejisión, llega al órgano efector, p. ej., un músculo, y da lugar a una reacción motriz. Esta cadena de dos neuronas, la una aferente o centrípeta y la otra eferente o centrífuga, constituye un arco diastáltico o arco reflejo y r. se llama la reacción provocada de este modo. No todos los reflejos son tan simples. En la mayor parte de los casos entre las dos neuronas citadas se intercala una intermedia (o más de una siempre dispuestas entre si en cadena, con mutuas relaciones de con tigüidad) y esta tercera neurona tiene la función de recibir la excitación de la primera y transm itirla a la segunda.
Uno de los reflejos más elementales y más conocidos que recordamos, a titulo de ejemplo ilustrador, es el reflejo rotúleo: estimulando con un golpe de martillo el tendón existente bajo la rótula el estímulo sensitivo recorre las fibras sensitivas del nervio crural, llega a un centro situado junto al tercer segmento lumbar de la medula espinal, después por medio de la vía eferente, constituida por las fibras motorias del nervio crural, se dirige al músculo cuadríceps femoral y determina su brusca contracción que hace extender involuntariamente la pierna. La duración del r.# esto es, el intervalo de tiempo entre la percusión y la respuesta motoria es muy breve, alrededor de una cincuentésima de segundo. En cuanto a la naturaleza de las modificaciones particulares que recorre las neuronas vehículos de los reflejos no la conocemos, e ignoramos Igualmente el modo con que la sensación se elabora en ella y se transforma en excitación motriz.
3. Clasificación de los reflejos. - Los reflejos se pueden dividir en musculares, secretivos, vegetativos, coordinados, condicionados. Llamamos r. musculares los que se manifiestan con la contracción de los músculos voluntarios. Divídense en dos grandes categorías según que los estímulos que los provocan provengan o no de los mismos músculos; en el primer caso hablamos de reflejos propio-' ceptivos y en el segundo de reflejos exferoceptivos. Los reflejos propioceptivos comprenden a su vez reflejos cinéticos y reflejos estáticos. Se llaman cinéticos los reflejos que se resuelven en el movimiento de un miembro o de un segmento (y comprenden los reflejos tendíneos y los tendineoperiósteos, llamados así porque pueden provocarse con la percusión del tendón de un músculo o del punto en que se Inserta en el hueso); dícense estáticos los reflejos consistentes en una contracción tónica que tiende a fijar el miembro en una posición determinada (y comprenden los reflejos de fijación, de oposición, de alzamiento, etc.).
Los reflejos exteroceptivos se provocan generalmente estimulando los tegumentos de la correspondiente área reflexógena (o sea, de la región de la supenicie del cuerpo que estimulada da lugar a un reflejo determinado); éstos se subdividen en cutáneos y mucosos, según que para producirlos haya que estimular un trozo de piel o de mucosa. En los reflejos secretivos la respuesta no se traduce en un movimiento, sino en la secreción de alguna glándula. Es típico ejemplo de estos reflejos la secreción de las glándulas salivares por efecto de un estímulo gustativo. Dícense reflejos vegetativos los que se exteriorizan en el ámbito del sistema nervioso vegetativo (v). Pueden interesar la vasomotllidad, la secreción sudoral, la pilomoción, el ritmo de los latidos cardíacos y de la respiración, etc. Los reflejos coordinados son actos más complejos que los que hemos considerado al principio, ya que los movimientos provocados por un estímulo interesan a muchos músculos de diferente acción y dan a estos movimientos un carácter de coordinación, como si fuesen destinados a un fin determinado.
Típico ejemplo de r. coordinado es el de rascarse que se provoca en el perro descerebrado: la estimulación del dorso de este animal suscita un complejo movimiento de rascarse destinado a alejar el estímulo molesto. La mayor parte de nuestras acciones automáticas pertenece a estos reflejos coordenados (o a los reflejos condicionados de que hablaremos en otro lugar): asi el movimiento de retracción de un miembro para sustraerle a un estímulo doloroso, el golpe de la mano que espanta una mosca, el conjunto de movimientos sólo aparentemente desordenados, que aparecen después de haber tropezado, en la tentativa de restablecer el equilibrio. Estos y otros númerosísimos reflejos coordinados representan reacciones muy ventajosas para el organismo, ya que le permiten defenderse automáticamente sin que entren en juego los mecanismos de las respuestas voluntarias, los cuales, por ser más lentos, resultarían casi siempre inútiles. De los reflejos condicionados, particularmente importantes en relación con nuestra actividad, hablaremos en otra voz dedicada a ellos. 4.
Patología de los reflejos. - Dado que conocemos con suficiente exactitud las vías — centrípetas y c en trífu g a s de los reflejos, y sabemos igualmente que se modifican diversamente en las diversas neuropatías, se eliminan cuando cualquier proceso morboso interrumpe el arco diastáltico, se exaltan cuando llega a cesar la influencia inhibidora que los centros motores corticales ejercen sobre las actividades reflejas (cuyos arcos diastálticos son preferentem ente medulares), etc., es fácil comprender el grandísimo interés semiológico de los reflejos. En efecto, de sus condiciones el clínico saca fundamentales elementos de juicio sobre la sede y el tipo de las enfermedades nerviosas. Así para dar sólo algún ejemplo más notable en las afecciones de la neurona motriz central (v. Parálisis) los reflejos cinéticos cuyo arco diastáltico pasa por debajo de la lesión resultan exagerados, en tanto que el reflejo plantar — r. exteroceptivo consistente en el sujeto sano en la flexión del dedo pulgar del pie por estimulación de la planta— se invierte, esto es, la misma estimulación produce la extensión dorsal del pulgar (signo de Babinski).
El r. pupilar fotomotor (restricción de las pupilas por un estímulo luminoso) desaparece en ciertas enfermedades neuroluéticas. Para la conservación de la correcta posición del cuerpo en el espacio entran en juego númerosos reflejos estáticos de sede preferentemente mesencefálica, cuya disfunción determina más o menos graves trastornos del equilibrio. En la neurastenia toda la reflectividad suele exaltarse.,
6. O r g a n iz a c ió n y d is o lu c ió n de lo s re- - Es éste un capitulo de la fisiopaf le jo s. tologia del sistema nervioso que tiene para nosotros particular interés, ya que nos ilumina sobre muchos aspectos de nuestra actividad. En el recién nacido un estímulo que le moleste en cualquier parte del cuerpo desencadena un complejo de movimientos desordenados e incongruos. Con el tiempo las reacciones motrices se van haciendo cada vez mas limitadas y ordenadas. El r. adquiere asi gradualmente los caracteres de una respuestacoordenada y adecuada al objeto de alejar el estímulo nocivo.
E! r. se organiza y esta organización es el fruto de un progresivo m adurar y diferenciarse de las estructuras medulares, asi como de la intervención de los centros reguladores supraespinales (mesencefálicos, cerebrales, corticales, etc.) que en condiciones fisiológicas normales ejercitan una función inhibidora y coordinadora sobre los centros nerviosos subordinados. ' En particulares condiciones morbosas esta organización de los reflejos sufre una disolución y por efecto-de la llamada liberación de los centros inferiores del control de los superiores, la reflectividad readquiere aquella autonomía (hecha generalmente de exaltación y de desorden) que había perdido en su desarrollo. Esta liberación explica muchos síntomas neurológicos. Entre estos fenómenos de liberación se han de recordar no sólo la ya citada exaltación de los reflejos cinéticos en las lesiones de la neurona motriz central, sino también otras muchas distonias e hipercinesias y muchos de los fenómenos que se observan en el ataque epiléptico (v. Epilepsia).
6. Juicio moral. - Es evidente que todas estas reacciones de los reflejos no son voluntarias y por lo tanto no son imputables. La voluntad, sin embargo, puede ejercitar incluso en los reflejos una cierta eficacia indirecta, esto es, en causa, evitando, p. ej., la ocasión de ciertos estímulos, curando las deficiencias del organismo. Riz.-Pal
Bibliografía
Bibliografía
M. Gozzano, Trattato delle malattie nervose, Milano, 1946
F. Raffaele, Istinto, en EI, XIX, 667.