Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

EPILEPSIA

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I. G en e r a l id a de s. - Es un síndrome complejo y no raro con diversas manifestaciones neurológicas y psíquicas que tienen la característica de manifestarse por accesos, o sea, de presentarse de improviso y tender a repetirse. A veces estas manifestaciones no tienen relación con ninguna otra enfermedad; entonces se habla de epilepsia esencial, genuina o idiopática. Con mayor frecuencia dependen estas manifestaciones de afecciones fetales o infantiles, incluidos los traumas del nacimiento, de tumores cerebrales, de meningitis, de lesiones cráneoencefálicas, de intóxicaciones, etc., y entonces se habla de e. sintomática.

2. C a r a c t e r ís t ic a s c l í n i c a s. - La más conocida e impresionante de las manifestaciones epilépticas es la crisis convulsiva gene· ralizada ('epilepsia maior), que puede surgir bruscamente o ser precedida de una brevísima fase (aura) en que el enfermo advierte particulares sensaciones o hace un movimiento determinado, etc. El comienzo de la crisis se señala por un grito con pérdida de la conciencia, pérdida de color y caída violenta en tierra;' todos los músculos se ponen rígidos en una contracción tónica que dura unos segundos. Después se instituye la fase clónica con sacudidas musculares generalizadas y cada vez más rápidas y violentas, emisión de saliva espumosa por la boca (a menudo sanguinolenta por mordeduras en la lengua). Después de algunos minutos las sacudidas clónicas se atenúan y sobreviene con una completa resolución muscular un estado semicomatoso que puede pasar a un sueño profundo que dura a veces varias horas. Al despertar el enfermo no conserva ningún recuerdo de cuanto le ha sucedido. Otras veces (e. jacksoniana, del nombre del médico inglés J. H.

Jackson, que la estudió) la crisis se caracteriza por convulsiones clónicas Iniciadas siempre en el mismo grupo muscular, no acompañadas de pérdida de la conciencia, seguidas generalmente de paresia de la parte del cuerpo afectada por las convulsiones. La e. jacksoniana es la expresión de un proceso morboso que interesa una porción particular de la corteza cerebral llamada rolándica, en la que están los centros que presiden la motilidad voluntaria del lado opuesto. Una tercera manifestación epiléptica toma el nombre de pequeño mal; se trata generalmente de ausencias«o sea. de suspensiones imprevistas de la conciencia de duración brevísima, sin fenómenos convulsivos, sin caída.y sin que el sujeto conserve después recuerdo del episodio. A veces la ausencia va acompañada de fenómenos de automatismo motorio: gestos o palabras incoherentes, etc.

Los llamados equivalentes epilépticos son manifestaciones particulares por accesos (fugas, sensaciones anormales, crisis de mal humor inmotivado que desembocan a veces en peligrosos actos de violencia, estados crepusculares, esto es, crisis confusionales y alucinatorias o simples desorientaciones y retardos psicomotorios, etc.) que sustituyen el ataque convulsivo verdadero y propio. Fuera de las crisis, algunos epilépticos, especialmente los que están sujetos a manifestaciones morbosas frecuentes, presentan también determinadas anomalías del carácter Indicado bajo el nombre de temperamento epiléptico que dan a su personalidad una fisonomía peculiar. A veces se trata de una gran labilidad afectiva, de una impulsividad anormal por la que el epiléptico reacciona violentamente a cualquier contrariedad, otras veces nos encontramos ante un destacado egocentrismo, más frecuentemente se trata de una especial viscosidad psíquica: el individuo es dócilísimo, sumiso, a veces hasta rastrero, o enojoso, insistente, tardo en comprender, pedante.

En las formas graves e inveteradas que se remontan a la infancia puede establecerse con la agravación de los síntomas psíquicos señalados y sobre todo con la debilitación de la inteligencia y del sentido ético, una verdadera y propia demencia epiléptica.

3. P a t o g é n e s is, c u r s o, c u r a. - El mecanismo mediante el cual se desencadena el acceso epiléptico es en parte desconocido. Sabemos, p. ej., que diversos factores (lesiones cerebrales, disfunciones endocrinas, alcalosis, anoxemias, retención de agua en las células nerviosas, intóxicaciones diversas, etc.) aumentan la excitabilidad cerebral llevándola a la fase crítica que se resuelve en la explosión del ataque. La e. por lo tanto es — en el estado actual de nuestros conocimientos — una forma particular de reacción de los centros nerviosos por causas diversas. Si bien la e. comienza frecuentemente en la infancia o en la adolescencia, sólo rara vez (en el 6 % aproximadamente de los casos) es hereditaria y su inicio precoz se debe al hecho de que los traumas y las infecciones (causas habituales de la enfermedad) son más nocivos cuando atacan el cerebro fetal o infantil. Su curso es variadísimo. Junto a casos con accesos casí cotidianos, existen casos caracterizados por intervalos de meses y de años entre un ataque y otro; a veces las crisis se presentan con los mismos caracteres, otras los ataques de gran importancia se alternan con ausencias» equivalentes psíquicos, etc.

Es particularmente importante por su gravedad el llamado estado de mal epiléptico, consistente en una sucesión casí ininterrumpida de crisis convulsivas, sin recuperación de la conciencia en los intervalos, y que a veces termina con la muerte del sujeto. La cura de la e. se basa, generalmente, en el uso prolongado (i durante años!) de medir camentos especiales y en normas higiénicodietéticas. Los barbitúricos y la difenilhidantoína son los fármacos preferidos, mientras que una cuidadosa vigilancia de las funciones intestinales, la supresión de bebidas alcohólicas, la reducción de la carne, de la sal y de los líquidos constituyen los fundamentos de la dieta que conviene prescribir para reducir el número y gravedad de los ataques. En las formas en que se ha determinado la etiología luética, tóxica, arterioesclerótica, podrán ayudar mucho las curas causales. Cuando finalmente (como generalmente en las formas jacksonianas) nos encontramos en presencia de tumores, de quistes, de fisuras óseas, etc., se impone el tratamiento quirúrgico; en algún caso (tumores infiltrativos del cerebro, etc.) convendrá recurrir a la radioterapia.

La mejor conducta a seguir en presencia de un ataque epiléptico consiste en poner inmediatamente un cojín u otro objeto blando bajo la cabeza del sujeto, ponerle un trozo de madera, cuero o tela entre los dientes para impedir que se muerda la lengua, librar su cuello de eventuales retorsiones; evítese echarle agua a la cara, darle a oler amoniaco, o provocar cualquier estimulación inútil cuando no perjudicial. Si se presentase un «estado de mal epiléptico», será precisa la intervención pronta del médico especialista para los socorros terapéuticos del caso (inyecciones de barbitúricos, eventualmente punción suboccipital, etc.).

4. C o n s id e r a c io n e s é t ic o j u r íd ic a s. - De ordinario el epiléptico, en los intervalos entre los ataques convulsivos, es totalmente consciente y perfectamente responsable y capaz. Sólo cuando los accesos se acercan y - más todavía cuando existen manifestaciones psicopáticas equivalenciales o cuando el enfermo tiene el «temperamento epiléptico», tanto la responsabilidad moral y penal como ? la capacidad civil pueden ser comprometidas i. e incluso totalmente abolidas, y La valoración moral y médicojurídica de V una acción determinada ilícita o delictiva y,· puede ser difícil, cuando faltan precedentes c ie rto s de convulsiones epilépticas, ya que, existen — aunque son raras— formas de e. larvada exteriorizadas en impulsos psíquicos v equivalentes, fugaces, en individuos por otra i·/ parte normales: equivalentes que pueden dar ’.¡lugar a estupros, incendios, homicidios y a f'otros gravísimos delitos realizados en estado >/ de absoluta irresponsabilidad.

El llamado a juzgar en estos casos ha de ser muy prudenr, te tal pronunciar su juicio y debe solicitar una adecuada investigación médicopericial,,. tegrada, a ser posible, por un período con- ''L-.ttPQiente de observación en un lugar a propósilo y Dor el control electroencefalográfico (v. Ondas cerebrales)..* Recordemos, finalmente, que — siendo la e. un síndrome morboso y por lo general adquirido y sólo rara vez congénito (en cuyo caso suele depender de graves tóxicoinfecciones de los padres) — no debe desaconsejarse el matrimonio del epiléptico. Convendrá, sin embargo, advertir a la esposa futura — cuando sea afectada por la e.— que este mal no le ha de dar derecho a un eventual «aborto terapéutico» (v.); esto permitirá a la mujer valorar a tiempo los riesgos que el matrimonio puede procurarle. Riz.

Bibliografía

M. Gozzano, Trattato delle malattie nervote. Milano, 1951
O. M o g l ie, La p sicopatologia forense, Roma, 1938.

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