Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

SISTEMA NERVIOSO VEGETATIVO

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1. Introducción. - Las múltiples y complejas funciones biológicas del hombre se desarrollan en dos direcciones diversas: la una tiene el fin de poner al individuo en relación con el ambiente (vida de relación o vida animal); la otra tiende a garantizar al organismo una eficaz actividad de cada órgano así como una mutua coordinación funcional de los mismos órganos para el mejor mantenimiento y ejercicio de los procesos vitales internos. Este segundo grupo de actividad constituye la vida vegetativa que podemos definir como «el conjunto de las funciones que tienen el fin de asegurar al individuo las condiciones vitales internas más favorables». La parte del sistema nervioso que preside el funcionamiento armónico de la vida de relación toma su nombre precisamente del sistema nervioso de relación (y de él se habla extensamente en la voz Funcionalidad cerebral); la parte restante que gobierna la actividad armónica de la vida vegetativa se denomina s. nervioso vegetativo. Los dos sistemas se completan mutuamente y concurren ambos indisolublemente al desarrollo de la vida somatopsíquica.

2. Nociones de anatomía y de fisiología. - El s. nervioso vegetativo se puede dividir en tres partes anatomofuncionales.

A) El ortosimpático (o simpático propiamente dicho) tiene sus estaciones centrales diseminadas desde el bulbo a la médula lumbar y ligadas a la cadena de ganglios simpáticos que flanquea la columna vertebral. De esta cadena parten numerosísimas fibras en dirección a las vísceras y a los tejidos periféricos, donde entran en conexión con especiales redes nerviosas, ricas en pequeños ganglios, llamadas plexos, de donde emanan otras fibras vegetativas que dan lugar a nuevos plexos. El ortosimpático favorece la dilatación de la pupila, la actividad del tiroides, de la prehipófisis, de la glándula medular suprarrenal, excita el corazón y la vasoconstricción, inhibe la secreción lacrimal, salivar, gastrointestinal, biliar, pancreática, relaja la musculatura bronquial, gastroentérica, vesicular, sexual y en general el tono de los músculos estriados, estimula la pilomoción, etc.

B) El parasimpático (o sistema vagal) consta de centros diseminados desde el mesencéfalo a la médula sacral, de los cuales parten fibras mesencefálicas (destinadas a la contracción del iris y del cristalino), bulbares (para la estimulación de las glándulas lacrimales y salivares y para la vasodilatación de la cabeza), cervicolumbares (para la inhibición pilomotora y para la vasodilatación del tronco y de los miembros), sacrales (que constituyen el nervio pélvico empleado en la vasodilatación de la pelvis, en la contracción de la musculatura vesical y sexual, etc.).

El principal constitutivo del parasimpático es el nervio vago de origen bulbar y que tiene una acción cardiomoderadora, broncoconstrictora, estimuladora del tubo digestivo y de los riñones, etc. Las fibras parasimpáticas a su vez dan origen a muchos plexos, viniendo a mezclarse en cierto modo con las fibras ortosimpáticas. C) El metasimpático es una fina retícula nerviosa que envuelve todo tejido y penetra con sus terminaciones en todos los órganos. Está provisto de una relativa autonomía y participa de modo diverso de la naturaleza tanto del orto como del parasimpático, cuyas ramificaciones terminales le transmiten sus respectivas influencias.

Todo el organismo se encuentra así saturado de elementos neurovegetativos, los cuales regulan en todo momento sea directamente con impulsos nerviosos, sea con impulsos químicos (hormónicos y humorales), la actividad de todo órgano y las múltiples correlaciones interorgánicas. Esta regulación sucede gracias al armónico sinergismo de todos los componentes neuroendocrinos, los cuales se agrupan esquemáticamente en dos grupos de distintas funciones: el primero (nacido del ortosimpático, comprende entre otros el tiroides y la glándula medular suprarrenal) es el acelerador del recambio, el propulsor del catabolismo; el otro (cuyo centro es el parasimpático, el páncreas endocrino, la corteza suprarrenal, etc.) es el retardador, el ahorrador de energía, el promotor del anabolismo.

Entre estos dos grupos —o secciones— no existe sin embargo un antagonismo mecánico y fijo, sino más bien un sinérgico alternarse de las respectivas actividades en expresa relación con las múltiples y continuamente mudables exigencias biológicas del organismo. Las diferentes actividades —neurovegetativas, hormónicas y humorales— son coordenadas por el hipotálamo: porción del diencéfalo que íntimamente unida a la hipófisis toma el nombre de región diencéfalo-hipofisaria (v. Hipófisis). Los centros hipotalámicos posteriores, retropituitarios, tienen una función preferentemente ortosimpática; en los medianos y anteriores prevalece la parasimpática. En su conjunto la región diencéfalo-hipofisaria constituye el regulador supremo de toda la vida vegetativa y por sus mismas relaciones con el tálamo y con la corteza cerebral representa el eslabón principal entre la vida vegetativa y la vida de relación, la central de los ritmos biológicos (vigilia-sueño, etc.) y de los procesos instintivoafectivos. 3. Datos clínicos. - Dos son las propiedades fundamentales del s. nervioso vegetativo: el tono (que corresponde a su acción continua, constante y enérgica) y la excitabilidad (o sea, su facultad de reaccionar a los diversos estímulos). Definiremos por lo tanto como ortosimpaticotónicos, parasimpaticotónicos o anfotónicos a aquellos sujetos en los que prevalece respectivamente la actividad tónica del ortosimpático, del parasimpático o de ambas secciones neurovegetativas;

cuando estas acciones tónicas son anormalmente fuertes o por el contrario insuficientes (y en ambos casos estamos ya en el terreno de la patología) hablaremos de hipertonía o viceversa de hipotonía, de una u otra sección. En otras condiciones morbosas habremos de hablar por el contrario de hiperestesia (o de hiperexcitabilidad o de debilidad irritable) de esta o de aquella sección neurovegetativa o de ambas, como también podrá ocurrir una condición, también patológica, de hipoestesia (o hipoexcitabilidad o torpor). Recordemos finalmente que dichas variaciones del tono o de la excitabilidad raramente interesan a una sección vegetativa; por lo general se trata de variaciones regionales que en ciertos casos determinan reacciones complicadas y hasta manifestaciones contradictorias.

Para ofrecer un cuadro, aunque sólo sea aproximativo, de los principales desequilibrios neurovegetativos constitucionales, resumimos de Pende los siguientes datos: Hipertonía ortosimpática. Sujeto flaco, de tipo longilíneoesténico, de músculos veloces, taquipsíquico, agresivo, hipertenso, con inhibiciones del tono y de la sexualidad. Hipertonía parasimpática. Individuo brevilíneoesténico, adiposo, de músculos tónicos, fuertes, resistentes, de secreciones abundantes, voraz, bradipsíquico, hipotenso, tendente a la vasodilatación, a la hiperperistalsis, bradicárdico, con acentuación sexual. Hiperestesia ortosimpática.

Fáciles crisis de exaltada excitabilidad del ortosimpático (acidósicas, angiospásticas, hipertérmicas, hiperglicémicas, hipertensivas, taquicárdicas, etc.) con contraataques en sentido opuesto. Hiperestesia parasimpática. Crisis alcalósicas, cenestopáticas, hipersecretorias, espasmófilas, alérgicas, meteoropáticas, hipoglicémicas extrasistólicas, etc., de hiperexcitabilidad del parasimpático, con fáciles contraataques en sentido opuesto.

4. Notas morales. - Creemos superfluo detenernos en ilustrar los numerosos síndromes dependientes de una u otra de las deficiencias o anormalidades de las distintas porciones neurovegetativas. Bástenos señalar en general a fin sobre todo de dar una idea, aunque sea ligera, de la importancia del s. nervioso vegetativo, que con frecuencia se le invoca para justificar las más dispares enfermedades somatopsíquicas. Desde un punto de vista más estrictamente ético recordaremos que todo desequilibrio psicoafectivo repercute en el funcionamiento normal del s. nervioso vegetativo y que por otra parte toda disfunción neurovegetativa tiene más o menos importantes resonancias en la esfera psíquica, sea por turbar el bienestar interior (cenestesia), sea por deprimir o excitar —según los casos y las formas morbosas— la afectividad y la misma zona superior de las facultades intelectivas. El antiguo adagio: mente sana en cuerpo sano ( mens sana in corpore sano ) encuentra su explicación en las correlaciones psicovegetativas que hemos tratado de ilustrar sumariamente en las líneas que preceden.

Es, por lo tanto, principal función del sagaz educador dirigir su atención (mediante el auxilio de un médico experto) al s. nervioso vegetativo cada vez que se dé cuenta de anomalías, desviaciones y claudicaciones en la conducta o en el psiquismo de los jóvenes que le sean confiados. Las mismas tentativas de corrección de las malas tendencias individuales serán más eficaces si a las exhortaciones y a otras normas educativas se asocian las “curas” que la medicina constitucionalista ha descubierto para mejorar el funcionamiento neurovegetativo de los sujetos. Esta tarea es muy difícil, porque las deformaciones y las perversiones neuropsíquicas y neurovegetativas suelen derivarse de alteraciones con frecuencia sutiles, pero siempre profundas, de la constitución del individuo. No obstante, convendrá saber que la excesiva irritabilidad o la hiperemotividad, los desahogos fóbicos, ansiosos o distímicos, el buen humor, o la depresión habitual, la hiper o la hiposexualidad, la hipocondría o el histerismo, y hasta las tendencias al robo y a la mentira o las agresivas, etc., pueden ser producidas o favorecidas por los citados desequilibrios neurovegetativos constitucionales.

En realidad este conocimiento nos da las armas para una lucha más eficaz en que el ejercicio de la voluntad y el de la piedad puedan ser ventajosamente completados con los auxilios terapéuticos oportunos. Riz.

Bibliografía

Bibliografía

N. Pende, Lezioni di patologia medica funzionale , Roma, 1949
E. Boganelli, Cuerpo y espíritu , Madrid, 1953.

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