Diccionario de Teología Moral

Enrico Lucatello (Loc.)

PERIODISMO

Recursos

1. Noción. - Servicio social de información, que consiste en la reproducción e interpretación de la vida de cada día en simultaneidad con los acontecimientos, y se realiza en el periódico escrito (periódico diario propiamente dicho y semanario de gran información), en el hablado (radio-diario) y en el visual (crónicas cinematográficas y televisadas). El periódico escrito se compone de cuatro elementos: noticias, artículos, ilustraciones, publicidad, que* se pueden reducir esencialmente al primero.

En efecto, el artículo más propiamente periodístico (excluidos los dedicados a la reseña literaria, artística y de variedades incluida en el diario) puede considerarse una noticia difusa y comentada; la ilustración es una noticia visualizada; la publicidad es la noticia de las mercancías o servicios a disposición del público. Las notas características del p. moderno son: la cantidad extensísima y la rapidez de las informaciones que llegan al periódico de todas las partes del mundo; la brevedad del ciclo productivo — es decir, del tiempo empleado en escribir y componer tipográficamente — que en la parte más Importante del periódico se reduce solamente a cuatro o cinco horas en cada edición.

Es innegable, aunque tampoco ha de ser sobrestimada, la influencia que tiene el periódico sobre la opinión publica a cuya formación y dirección contribuye tanto con la parte propiamente informativa por la cantidad y calidad de las noticias que divulga y por el modo con que están redactadas, como con la parte formativa por la interpretación y valoración de los sucesos del día que sugiere al lector, aun al que está dotado de un sentido crítico propio, y que en cierto modo impone al lector desprovisto de él.

2. R e s p o n s a b i l i d a d de l p. y de l p e r i o d i s t a. En esta influencia está la raíz de la responsabilidad de este conjunto de actividades que se llama comúnmente «la prensa» y especialmente de la prensa de periodicidad estricta (diaria y semanal); responsabilidad que debe ser con todo medida dentro de los límites de las características citadas, las cuales se imponen al periodista; en cuanto la técnica profesional condiciona en este caso la posibilidad de elegir y valorar el grado de moralidad de cada hecho. Considerado el p. como un servicio social da a quien lo ejerce ciertos derechos, pero le impone también especiales obligaciones tanto cuando pretende formar la opinión pública, como cuando — lo que parece más justo — se pone al servicio de la opinión pública (Pío XII, discurso a los periodistas católicos en «L’Osservatore Romano», 18 febrero 1960). Una especie de código abreviado de la moral profesional del periodista lo encontramos en unas palabras de la enc. Rerum omnium del Sumo Pontífice Pío XI (AAS, 25 [1923], p. 49), con la que constituyó a S.

Francisco de Sales patrono de «todos aquellos católicos que con la publicación de periódicos u otros escritos ilustran, promueven y defienden la doctrina cristiana». El pasaje citado dice así: «Ante todo estudien (los periodistas) con suma diligencia y se esfuercen, en cuanto puedan, por poseer la doctrina católica; guárdense de negar la verdad, ni so color de evitar la ofensa de los contrarios la atenúen o disimulen; cuiden de la misma manera de decir y procuren expresar sus pensamientos con la claridad y elegancia en las palabras que haga que los lectores se deleiten en la verdad; si llegara el caso de combatir a los adversarios, sepan ciertamente refutar los errores y resistir a la Malicia de los perversos» pero de manera que den a conocer que están animados del espíritu de la rectitud y sobre todo movidos por la caridad.» Estas normas están dictadas directamente para los periodistas católicos, pero analógicamente pueden referirse a todos.

Si el estudio de la doctrina católica es especialmente necesario a aquéllos, ningún periodista podrá ejercer honestamente su profesión si no tiene una cultura general y particular adecuada al periódico en que presta su servicio; especialmente cuando el carácter ideológico y no sólo informativo del periódico requiere el conocimiento de una determinada doctrina religiosa, política, social, económica, etc. En ningún país se requiere un título académico para el ejercicio de esta profesión, a la que se llega con las más dispares preparaciones culturales;

en algunos países se requiere solamente, bajo determinadas garantías morales y culturales, la Inscripción en un álbum profesional, así en España, donde se requiere estar inscrito en el Registro Oficial de Periodistas; pero la variedad casi infinita de asuntos de los que ha de ocuparse un periodista requiere para el recto ejercicio de la profesión una preparación cultural más bien amplia que profunda. Es indispensable además el conocimiento de la técnica periodística, tanto para la parte de redacción, como, aunque en menor escala, para la parte tipográfica.

Se incluye en este sector igualmente el deber profesional de cuidar en el escrito la propiedad de la forma; una noticia o un comentario difícilmente podrán ser escritos de modo que suscite la admiración por su elegancia literaria; pero siempre el que escribe habrá de huir de los lugares comunes, de la ramplonería estilística y de la inobservancia de aquella normas que la experiencia enseña ser capaces de hacer más fácil o más grata la lectura del periódico; no se ha de olvidar que éste se escribe para ser leído, y para ser leído por aquella categoría particular de lectores a los cuales lo destina su editor.

Esto, finalmente, constituye una forma de respeto a la profesión por parte del periodista, Indispensable para obtener el respeto a la profesión por parte de los demás. Pero los deberes principales del periodista son los que se refieren a la verdad.

Éste es el sector de la deontología periodística en el cual nos encontramos más faltos de fórmulas precisas, más aún de estudios adecuados, de suerte que más bien hemos de juzgar de jure condendo que de jure condito. Razonando por analogía con otras profesiones que tienen aspectos comunes (las profesiones Jurídica, de escritor o de artista) puédese decir que la verdad que el periodista tiene obligación de buscar es también la verdad periodística; es decir, una verdad no absoluta, sino limitada, racional, probable; limitada especialmente por el tiempo siempre escaso que tiene el periodista a su disposición para el control de las fuentes.

Si hay tiempo y modo de controlar una noticia o una afirmación dudosa, el periodista tiene la obligación moral de hacer todo lo posible para cerciorarse bien. No debe confiarse a la posibilidad de un desmentido o de una rectificación posterior, ya que no puede estar moralmente cierto de que el desmentido o la rectificación llegarán a conocimiento de todos los que se enteraron de la noticia desmentida o rectificada, por lo que debe 'controlarse hasta los límites extremos posibles. Pero puesto en la alternativa, no infrecuente, de faltar probablemente al propio deber profesional no publicando una noticia de la que le es imposible contrastar inmediatamente la verdad (p.

ej, durante el trabajo nocturno) o de faltar al deber moral publicándola, cuando teme que pueda ser imprecisa, falsa, calumniosa o escandalosa, el periodista 'no puede hacer otra cosa que remitirse al juicio de la' conciencia propia, la cual por lo tanto habrá de ser rectamente educada y convenientemente iluminada. El periodista tiene especiales deberes con relación al respeto a la persona humana, a la familia y a la sociedad, especialmente en lo que se refiere a noticias y comentarios sobre sucesos escandalosos, homicidios, suicidios, adulterios y, más en general, a los acontecimientos que conmueven la opinión pública como la paz y la guerra, la relación entre las clases sociales, etc. La dignidad de la vida cristiana, que es norma de la vida civil, los derechos de la justicia y del amor, deben prevalecer sobre el derecho de información y de crónica; los derechos de la oposición y de la critica no pueden violar el derecho de los poderes públicos a exigir de todo individuo y de la comunidad el cumplimiento de las obligaciones exigidas por el bien común.

En casos análogos a aquellos por los que se discute de la moralidad en el. arte, el periodista ha de tener presente que a menudo la moralidad e inmoralidad no están tanto en las cosas como en el modo de verlas y expresarlas; por lo tanto, en tales casos moralidad no significa ignorar el mal, sino hablar de él sin justificarlo, sin exaltarlo, sin complacerse en él. Dar cuenta del mal no es reprobable cuando así se consigue el bien; callarlo es un deber cuando de sólo el hecho de darlo a conocer se sigue su exaltación.

Todo esto se refiere por igual a los cuatro elementos que componen el periódico, es decir, que vale igualmente para las noticias y para los artículos de cualquier género (políticos, literarios, artísticos, científicos, etc.) tanto para las ilustraciones como para la publicidad, sin excepción ninguna.

3. P. y polémica, - Un sector en el que el periodista puede faltar además de a los deberes de la moral, también a los de la caridad, es la polémica; ésta habrá de ser mantenida siempre en el plano de las ideas y aun en el uso de los medios que le son propios no podrá olvidar nunca que se ha de dirigir a convencer al adversario tratándole como a un hermano; puede servirse de la ironía o del sarcasmo, jamás del insulto; se mantendrá rigurosamente alejada de aquellos personalismos que por ser demasíado personales (defectos físicos, casos familiares, etc.) harían descender la polémica al nivel inferior de la chismorrería vulgar o de la difamación. * Fuera de ‘ algunos detalles técnicos de redacción *los deberes de quienes se dedican al periódico hablado son muy semejantes a estos del periodismo escrito.

4. P. y derecho positivo. - Todos los países tienen normas de derecho positivo a cuya observancia está obligado el periodista y por lo mismo al conocimiento de aquella parte por lo menos que toca más de cerca a su actividad específica en el periódico.

En la Organización de Naciones Unidas (Subcomisión de la libertad de información y de prensa) se hacen estudios para una codificación internacional de estas normas y se elabora un proyecto de «código de honor internacional” y de un Tribunal internacional para los delitos de prensa. Luc.

Bibliografía

Bibliografía

Los aspectos morales del p. han sido expuestos repetidas veces por S.
S. Pío XII en sus discursos a los periodistas de diversos países y a los que trabajan en las actividades de la cinematografía, radio y ' televisión. Pueden verse en la colección «Discursos y Radiomensajes» publicados por la Acción Católica Española desde hasta 1944, y el Anuario «Petrus», que viene publicando desde 1947 todos los discursos, alocuciones y documentos públicos del Santo Padre (Barcelona, Editorial Atlántida). G. B. C ic a u y otros, La moralità e le professioni, Firenze, 1934 O. P asquariello, Principi di etica nelle professioni giuridiche, Roma, 1943 O. C arnevali, La piaga sociale del suicidio e 1 doveri della stampa, Roma. 1949 C.
C. Carbone, Appunti di morale professionale, Roma, 1952 M. P rado L ópez, Ética y estética del periodismo español, Madrid, 1950. ‘

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