Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

PERFECCIÓN CRISTIANA

Recursos

1. Naturaleza. - La perfección (del latín perfectio) significa actuación plena. En sentido absoluto, un ser perfecto, cuando es completo en su género, o sea, cuando no le falta nada de lo que le conviene (Sum. Theol., II-II, q. 184, a. 1). Sin embargo, hay también una perfección relativa que consiste en acercarse lo más posible a la perfección absoluta. La p. absoluta del hombre está reservada a la vida futura: se alcanza cuando el hombre entra en la posesión perpetua de Dios con la visión beatífica. La perfección relativa del hombre sobre esta tierra consiste en, acercarse lo más posible a la condición de los bienaventurados en el paraíso, o sea, en pleno desarrollo de la vida de la gracia, inicio de la vida del cielo: se le da el nombre de p. cristiana. Esta perfección, junto con grande amor de Dios, comprende la observancia de todo lo que es materia de precepto, así como las obras supererogatorias de virtud y el ejercicio de los dones del Espíritu Santo; sin embargo, puede existir sin el ejercicio efectivo de los consejos evangélicos, pero no sin vivir al menos según el espíritu de estos consejos. Es evidente que todo esto implica mortificación. Entre las acciones que constituyen la p. cristiana existe un orden jerárquico. En primer lugar la perfección en esta vida consiste en amar a Dios lo más posible: esto puede deducirse de la Sda.

Escritura (Mat., 22, 39 ss.; Luc., 10, 25 ss.; Jn., 14, 23; Rom., 13, 10; I Jn., 4, 10); y de la misma naturaleza del amor de Dios que entre todos los actos buenos es el acto que une más estrictamente al hombre con el Señor aquí abajo. Después del amor de Dios ocupan un puesto de honor el amor al prójimo por Dios y el ejercicio efectivo de la caridad fraterna. Hay límites que no se pueden traspasar; aquí abajo la contemplación y el amor de Dios no pueden ser ininterrumpidos, ni es posible tampoco obrar siempre haciendo plena abstracción del bienestar propio (Inocencio XII, Condenación del semiquietismo, Denz. n. 1327); en las condiciones presentes es también imposible sin la ayuda totalmente extraordinaria de Dios evitar todos los pecados veniales de pura fragilidad (Conc. de Vienne, Denz. n. 471; Conc. Tridentino, Denz. n. 833). La vida de los santos demuestra sin embargo a qué alturas se puede llegar a condición de cooperar generosamente a la gracia del Señor.

La perfecta p. cristiana requiere que el hombre ame a Dios de modo que evite cualquier pecado venial plenamente deliberado — lo cual no excluye alguna culpa venial de fragilidad, inmediata y vivamente detestada — y de modo que. evite también cualquier imperfección plenamente querida, o sea, de modo que se esfuerce por glorificar en toda circunstancia a Dios en la medida más alta posible. Con este amor de Dios va unida necesariamente una profunda rectitud habitual de la voluntad por respeto al Sumo Bien y a todos los bienes creados (y por, lo tanto la.

ausencia de apego desordenado a cualquiera cosa creada por mínima que sea), y un gran dominio de la voluntad sobre las facultades sensitivas: sólo es perfecto aquel que habitualmente está dispuesto de modo que pueda pasar de la tierra al cielo sin tener que detenerse en el purgatorio. Este estado no puede ser más que un efecto de largas y duras luchas consigo mismo y de dolorosas purificaciones pasívas soportadas con gran generosidad. La p. cristiana no.excluye sin embargo el.deseo y la esperanza de la bienaventuranza. prQpia, que más bien forman parte de la perfección en esta tierra. 2. Deber de tender a la perfección. - No hay obligación de ser perfectos» pero para todos existe la. obligación de hacer esfuerzos por progresar;, y por lo. tanto de tender cada uno según su,.propia condición a la perfección. La Sda. Escritura insiste tanto sobre la. santidad y predica,tan abiertamente a todos la necesidad de una gran renuncia y de.«una elevada, caridad.que para, todo hombreimparclal surge inmediatamente la convicción de que la perfección es objeto no sólo de consejo, sino de precepto (Mat., 5, 48, 10, 37 ss.; Luc., 14, 26 ss.; Ef. 1, 4; 4, 13; I Ped, 1, 15; Apc, 22, 11).

Los Padres insisten también en la necesidad de progresar siempre en el camino de la salvación y por lo tanto de tender a la perfección. Pío XI, en su encíclica en el centenario de la muerte de S. Francisco de Sales, resumiendo la enseñanza tradicional dice que todos los cristianos sin excepción deben tender a la santidad (A A S, 15 [1923], 50).

Toda· vida cuando cesa de crecer comienza también a decaer porque en todo viviente hay fuerzas disgregativas que cuando no son frenadas terminan produciendo la enfermedad y la muerte. Lo mismo sucede en la vida espiritual: al lado de las tendencias que nos llevan al bien hay otras que nos arrastran al mal; si desistimos de hacer esfuerzos para progresar nuestros defectos toman fuerza,, las tentaciones nos asaltan con más vigor y frecuencia y si no sacudimos nuestra pereza llega un momento en que de debilidad en debilidad caemos en pecado mortal. Es de grande importancia tener desde el Principio la voluntad firme de llegar a la 'perfección: en efecto, es' ley psicológica que,p.o se hace por largo tiempo un camino difícil sin el deseo vivo de llegar a la meta a que conduce; y tender a la perfección es cosa difícil. Man.

Bibliografía

Bibliografía

A.
A. Tanquerey, Compendio de teología asée tica y mis tica París, 1930,, n. 295-366 J. DE Oüib e r t, Theologia spiritualis ascética et mystica, R o m a, 1937, p. 3A-118; .
R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, B u en o s A ir e s, 1944, p. 165 s s.
O. Schryvers, Principios de la vida espiritual, M a d rid, 1947A, R oyo Marín, Teología de la perfección cristiana, M a d r id,* ' 1954.

Voces relacionadas

Internas