MANÍA
1. Concepto. - El término, de origen griego (μανία = furor), era antiguamente sinónimo de locura, y el mismo Esquirol, al que se debe el mérito de la primera tentativa racional de clasificación de las enfermedades mentales (a principíos del s. xix), dio frecuentemente a la voz m. este significado genérico. Más tarde el término — unido a diversas calificaciones— fue usado para indicar varios delirios sistematizados (p. ej., la manía de persecución: v. Paranoia), ciertas obsesiones y algunas tendencias impulsivas u “obsesivas: p. ej., la cleptomanía (v.) y la dipsomanía (v.). Esta costumbre dura todavía, aunque por m. se ha de entender más propiamente solamente el cuadro de la exaltación, de la excitación, que se encuentra en las psicosis afectivas o distímicas (v. Distimia), a veces como episodio aislado o como dos o más episodios maníacos sucesivos, más frecuentemente alternados con algún episodio de depresión melancólica (v. Melancolía). 2. Síntomas. - Al principío y en las formas leves (denominadas hipomanía) el sujeto es solamente más alegre que lo ordinario, locuaz, optimista, dinámico, y mientras Ja excitación se mantiene en estos límites el hipomaniaco puede incluso no dar la impresión de un verdadero enfermo m ental; pero cuando el episodio se agrava la conducta del enfermo se hace muy pronto intolerable.
De la alegre y despreocupada excitación del humor se pasa rápidamente a la agitación furiosa; de la locuacidad desatada y frecuentemente á ingeniosa a la vociferación; de la fluidez del pensamiento a la fuga de las ideas y a la confusión mental. El maníaco presenta el impresionante aspecto de un individuo de rostro congestionado, mímica exagerada, presa de la logorrea y de la intranquilidad; continuamente se encuentra excitado y caótico, charla, insulta, grita, canta a voz en cuello; salta por encima de las mesas, se encarama a las ventanas y — no rara v e z — presenta crisis de mal humor iracundo, de litigiosidad agresiva y peligrosa, que puede llegar hasta el furor pantoclástico. Menos frecuentemente a la excitación ideomotora sigue un estado de inerte beatitud, que toma el nombre de estupor maníaco.
3. Decurso. - Los episodios maníacos, dejados a sí mismos pueden resolverse en pocas semanas, pero duran, como término medio, algunos meses. Ocurrida la curación (lo cual suele ser la norma) no se encuentra debilitación mental u otros síntomas psicopatológicos, con excepción tal vez de algún esfumado residuo delirante. El individuo no esta nunca en condiciones de valorar exactamente los hechos ocurridos en el curso de la crisis. El pronóstico de cada crisis de m. es, por lo tanto, bueno y las terapias modernas (electroshock, shock insulínico), abreviando con frecuencia la duración del episodio morboso, lo han hecho todavía mejor.
En cambio, el pronóstico de la enfermedad es siempre reservado, ya que es siempre posible — y a veces hasta después de una tregua de decenios— la aparición de nuevas crisis maniacales o de crisis depresivas; en cuyo caso se hablará respectivamente de m. periódica o de frenosis maníacodepresiva. En cuanto a los reflejos médicolegales y morales de la m., v. la voz Distim ia. R iz.
Bibliografía
Bibliografía
E. T a n z i y E. L u g a r o, Trattato delle malattie mentali. Milano, 1916
M. G o z z a no, Compendio di psichiatria. Torino. 1947.