Diccionario de Teología Moral

Igino Tarocchi, O.F.M. (Tar.)

MANSEDUMBRE

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1. Noción de esta virtud. - La m. es una virtud moral que modera la pasión de la ira según la recta razón, de modo que uno no se aíre sino cuando y en cuanto y en el modo que es necesario. La m. designa más bien una actitud que una virtud especial. La m. es la manera de proceder, la fisonomía, el comportamiento de los que tienen un corazón humilde (Mat., 11, 29). Ésta es el distintivo del verdadero cristiano (II Cor., 10, 2; Ecl., 2, 19).

2. Clasificación y finalidad. - La m. forma parte de las virtudes cardinales de la templanza y de la fortaleza, en cuanto que directamente frena la parte irascible del hombre y disminuye la pasión de la ira, moderando el deseo de la venganza. Esta virtud obra sobre el apetito irascible de dos modos: a) reprimiendo la ira en sus principíos, cuando falta una causa justa para encolerizarse; b) y cuando hay justa causa 'para la cólera, impide que se sobrepase en el modo. Así la ira o cólera del manso es; 1) justa en su objeto, no mirando a castigar, sino a quien lo merece y en la medida que lo merece; 2) moderada en su ejercicio, no traspasando lo que la ofensa común requiere y siguiendo el orden querido por la justicia; 3) caritativa en su intención, no trascendiendo a sentimientos de odio, sino sólo buscando la restauración del orden y la enmienda del reo (Ps., 4, 5; Ps.f 36, 11). La m.

no es, por lo tanto, efecto de un espíritu tardío o débil o de una honradez natural, ya que no destruye en el hombre la cólera o la ira, sino que la modera y la regula. Más aún, permite que algunas veces la ira sostenga la razón, pero no que la prevenga o la turbe; prohíbe cualquier arrebato o contumelia sea en las palabras o sea en los actos externos. El celo del manso es efecto de la caridad y no de la pasión.

3. Varias acepciones. - Puede haber diversas especies de m., según el lenguaje común, y son: m. de indolencia; m. política; m. de caridad y por lo tanto cristiana. La primera es muy frecuentemente hija de la indolencia natural física o moral en personas privadas de carácter y, por lo tanto, incapaces de verdaderas virtudes. Puede ser un gran vicio y por lo mismo pecado en aquellos que fuesen indolentes en el manejo de los negocios públicos con daño del Estado o de los particulares. La segunda es un verdadero desorden de la vida pública, ya que pone en el mismo plano en la práctica el bien y el mal cuando no se corrige o se castiga según la justicia por parte del que debiera intervenir. Por esta razón se convierte en m. mala, irracional, injusta: fruto de debilidad de ánimo y de cobardía. La tercera especie es la verdadera virtud moral en la adquisición de la cual concurren la humildad y la fortaleza de ánimo que hacen al hombre agradable a Dios y a sus semejantes.

4. Vicios contrarios. - Por lo tanto, se puede pecar contra la virtud de la m., como en todas las virtudes morales, sea por exceso o por defecto; cuando, p.

ej., uno se disgusta sin necesidad o con exageración (iracundia, rabia, etc.). Cuando uno no se disgusta, siendo necesario, y este defecto se llama indolencia, lentitud de ánimo, etc. Tanto el primero como el segundo defecto pueden llegar a materia grave según las circunstancias (p. ej., mal ejemplo para los súbditos, niños, etc.) y la cualidad de la materia, como cuando uno descuida el amonestar, corregir o castigar a los que de él dependen. Tar.

Bibliografía

Bibliografía

Sum. T h e o l 11-11, q. 157
S a n F r a n c is c o de S a l e s, Filotea, p. 3, c. 8-9.