Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

CLEPTOMANÍA

Recursos

Índice interno:

1. Definición y naturaleza ·

2. Consideraciones morales ·

1. Definición y naturaleza Este término de origen griego ( kléptein = robar) indica cualquier tendencia morbosa al hurto. En su forma más sencilla la c. se observa en ciertos casos de psicastenia (v.) y consiste en la necesidad incoercible de cometer un hurto. El psicasténico cleptómano roba cualquier cosa que venga a constituir el objeto de su impulso obsesivo, independientemente del valor de la cosa robada y a menudo sin tener ninguna necesidad material de ella; el cleptómano roba a sabiendas, porque tiene conciencia de que comete un delito, pero no logra liberarse de la idea que lo atormenta, más aún, no encuentra tranquilidad hasta no haberle realizado. Sin embargo, a la sensación de intenso alivio que sigue a la satisfacción de su obsesión sustituye habitualmente un vivo remordimiento que induce al enfermo a restituir lo robado o —si esto le parece peligroso— a indemnizar de cualquier modo lo robado o también a deshacerse del objeto sustraído.

La c. se observa con más frecuencia en otras enfermedades mentales: así, en la frenastenia, sobre todo como expresión de debilidad moral; en los comienzos de la demencia senil, de la esquizofrenia o de la parálisis progresiva, como signo de decadencia intelectual o de desconsideración irreflexiva; en la manía como indicio de desvergüenza o por el capricho de hacer una burla. En todos estos casos la conciencia se encuentra más o menos profundamente velada por psicosis, por lo que, o falta del todo o es insignificante la lucha interior entre la idea impulsiva y repugnante y la voluntad. Nótase con más frecuencia la c. en el histerismo, en que el hurto (por lo general piezas de vestir u objetos de adorno) se efectúa con agudo ingenio, bajo el impulso de una codicia difícilmente refrenable por los débiles poderes inhibitorios de estos enfermos, y favorecida, en cambio, por su prepotente egocentrismo. Finalmente, la c. puede constituir en ciertos epilépticos un equivalente de la crisis convulsiva, cuando no es —como es más probable— una manifestación de su carácter degenerativo.

2. Consideraciones morales El cleptómano no es responsable de su gesto delictivo, realizado involuntariamente; más aún —como ocurre en la genuina c. de los psicasténicos—, efectuado a pesar de la resistencia de una conciencia recta y atormentada; sólo para los histéricos se puede hablar —y habrá que estudiar cada caso— de semirresponsabilidad. No se puede decir otro tanto de aquellos hurtos cometidos muy frecuentemente por personas sanas de mente, que, sin verse urgidas por necesidades económicas, se apropian diversos objetos, no siempre desprovistos de valor intrínseco, con el pretexto especioso de que no se trata de un hurto, sino del deseo inocente de tener un «recuerdo» del lugar visitado. Es conocido el hecho de los invitados que se llevan un cubierto de plata y de los turistas que se guardan ceniceros, cucharillas y otros objetos semejantes de los barcos u hoteles donde estuvieron en sus viajes. Todo esto no tiene nada que ver con la c. y es moralmente reprobable, aunque por lo demás se trate de malos hábitos relativamente inocuos.

Otras veces —sobre todo en los juzgados— se trata de hacer pasar por c. el hurto vulgar cometido por personas pudientes, o que se tienen por tales, con el fin de sustraer al reo a las sanciones de la ley; pero ésta es una extensión gratuita y vituperable del término que sale totalmente del ámbito psiquiátrico, aunque justifica el dicho de que la c. es «el hurto de los ricos». Tampoco entra en el campo de la verdadera c. (aunque se acerca a ella, como ahora veremos) la tendencia de muchos coleccionistas de apropiarse «piezas» raras o que ellos todavía no poseen. Suele ser esto común en los bibliófilos y lo suele determinar la circunstancia de que de otra manera el sujeto no estaría en condiciones de entrar en posesión de aquella «pieza» determinada, cuya vista suscita en él un fuerte impulso de apoderarse de ella. Éstos son gente que fuera del campo de sus colecciones sentiría el mayor escrúpulo en robar la cosa más insignificante.

Trátase, pues, aquí también de una manía no siempre inocua, ni moralmente excusable, aunque justificada al menos hasta cierto punto por tendencias obsesivoimpulsivas más o menos larvadas, que emparentan estos hurtos con la verdadera y propia c. de los psicasténicos. Riz.

Bibliografía

G. Moglie, La psicopatologia forense , Roma, 1938
M. Gozzano, Compendio di psichiatria , Torino, 1951.

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