Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

ENFERMEDADES VENÉREAS

Recursos

1. Premisas. - Bajo esta denominación (de Venus, la diosa del amor) se agrupan las enfermedades contagiosas que se contraen generalmente en las relaciones sexuales. Por esta razón estas enfermedades —que comprenden la úlcera venérea, la blenorragia, la sífilis y la linfogranulomatosis venérea benigna — suelen denominarse también enfermedades sexuales, especialmente por los estudiosos que distinguen la sífilis de las otras tres infecciones, reservando sólo a estas últimas la denominación de enfermedades venéreas. También nosotros, a la vista de la peculiar importancia de la sífilis en sus reflejos sociales y morales, distinguiremos esta enfermedad de las restantes veneropatías, reservándole un tratado aparte en la voz correspondiente (v. Sífilis).

2. Úlcera venérea. - Es la enfermedad venérea por excelencia, dado que de ella no existen, prácticamente, casos debidos a contagio extrasexual. Se llama también ulcus molle o chancro blando, y se manifiesta por una ulceración purulenta, dolorosa, de bordes recortados; tiene su sede en los genitales externos y alguna vez también en la piel de regiones extragenitales (por autoinoculación).. La enfermedad está causada por el estreptococo de Ducrey; tiene un breve período de incubación (1-2 días) y la ulceración que sigue tiende a multiplicarse y hacerse crónica complicándose con procesos inflamatorios a cargo de los linfáticos locales y de alguna linfoglándula regional (tumefacción habitualmente única, que da lugar a un bubón o absceso). La úlcera venérea es más frecuente en las clases sociales menos elevadas por cuanto los cuidados habituales de limpieza tienen gran importancia para la implantación de los gérmenes; la cura es fácil y resolutiva: consiste en cauterizaciones locales (suficientes a la primera aparición de la úlcera), vacuna y sulfamidas.

3. Blenorragia. - Es la enfermedad venérea conocida de más antiguo y se llama así a partir del s. XVIII porque se la consideraba un flujo de moco. En los siglos precedentes se llamaba gonorrea, o «aflujo de semen», nombre que todavía está en uso. Entre el s. XV y el XIX prevalecía la concepción unicista de que tanto la blenorragia como la úlcera venérea y la sífilis eran tres diversos aspectos de una misma enfermedad; y esta enfermedad — siempre según los unicistas— tomaba formas diferentes según las sedes en que se manifestaba. En 1879, por el descubrimiento hecho por Neisser del germen patógeno (el gonococo), la blenorragia fue plenamente individualizada. A partir de entonces con este término se entiende la inflamación de las mucosas producida por el gonococo. El contagio blenorrágico sucede generalmente por contactos sexuales infecciosos; pero a veces se verifica también por otras vías: infecciones accidentales mediante pus gonocócico depositado, p. ej., en la conjuntiva de los recién nacidos; transporte igualmente fortuito del mismo material por efecto de contactos con lienzos u otros objetos manchados por un familiar enfermo, etc.

Habitualmente, 2-5 días después de la infección, la blenorragia se manifiesta en el hombre con prurito y escozor acompañados por secreción de pus por el meato urinario; generalmente, sobre todo cuando la enfermedad es descuidada, a estas primeras manifestaciones (debidas a uretritis blenorrágica) siguen otras, producidas por la extensión de la infección gonocócica a la vejiga, a la próstata, etc. En la mujer la sintomatología es menos grave y de más breve duración: en general se verifican fugaces inflamaciones superficiales, pero pueden existir también dolorosas cistitis, endometritis, salpingitis, etc. A distancia pueden ocurrir otras graves complicaciones; artritis, endocarditis, peritonitis, meningitis, septicemias gonocócicas, etc.

Importa también tener presente, sobre todo a la vista de recaídas tardías y de contagios incluso después de varios años de aparente curación, que la blenorragia se hace fácilmente crónica por la anidación del gonococo en las númerosas criptas diseminadas a lo largo del aparato génitourinario. La cura preferente para cualquier forma gonocócica consiste en la penicilina en dosis de 2.400.000 unidades.

Esta cura será tanto más radical cuanto con más solicitud se realice. A ella (y a los tratamientos con sulfamidas, indicados cuando no se dispone de penicilina) se debe ciertamente el hecho de la disminución de las formas blenorrágicas observada en estos últimos años

4. Linfogranulomatosis venérea benigna. - Identificada en 1913, esta enfermedad es una infección debida a un pequeño germen (virus filtrable) que suele transmitirse por relaciones sexuales y localizarse en las vías linfáticas, de aquí se originan inflamaciones tórpidas de los ganglios inguinales que tienden a fistulizarse y pueden ser sustituidos por adenites tuberculosos. Raras y no graves son las complicaciones generales (fiebre, etc.) de esta enfermedad, difundida.principalmente en los países cálidos y que se cura eficazmente con aureomicina o sulfamidas.

Además de estas enfermedades propiamente venéreas los tegumentos de la región genital pueden presentar todas las enfermedades dermatológicas comunes, habiendo además algunas otras formas morbosas que atacan principalmente estas zonas, aunque no son de naturaleza venérea. Éstas pueden transmitirse también mediante contactos sexuales; pero suelen surgir independientemente de la función genésica.

5. Profilaxis de las e. venéreas. - El medio más racional y moral para combatir las veneropatías consiste en la continencia. Si la humanidad entera respetara los dictámenes del sexto mandamiento las e. venéreas desaparecerían en muy pocos años. En la observancia de las normas morales, en la sana educación y en la custodia de la juventud es en lo que principalmente y antes que nada se ha de insistir. Médicos y gobernantes tratarán además de mejorar las condiciones higiénicas individuales y ambientales del pueblo y de curar a tiempo a los enfermos. Será conveniente, por lo tanto, aumentar el control social sobre estas enfermedades, mejorar y multiplicar los dispensarios, desarraigando la opinión de que las enfermedades venéreas se han de tener secretas, con daño evidente del individuo y peligro más grave de contagio.

6. Corolarios morales. - Es grandísima la importancia social de las e. venéreas, las cuales — por las múltiples consecuencias que acarrean al individuo, a la familia y a la sociedad— deben considerarse entre los azotes más graves que afligen a la humanidad. Baste recordar las víctimas de la sífilis, que la blenorragia es la causa más importante de la esterilidad, que un grandísimo número de tarados (ciegos, frenasténicos, sordomudos, cardiopáticos, dementes, etc.) deben su triste condición a la blenorragia y a la lúes, enfermedades que influyen por lo tanto en medida notable sobre la capacidad laboral de la nación. Sin tener en cuenta los enormes gastos necesarios para la cura de estas enfermedades y de sus consecuencias que, como en el caso de la sífilis, pueden repercutir sobre varias generaciones. Son muchas las funciones que la moral señala en la lucha contra las e. venéreas, las cuales difieren según que se refieran a los individuos en particular, a los médicos o a las autoridades.. Al individuo, como hemos dicho anteriormente, se le ha de recordar la observancia de las normas morales y sobre todo del sexto mandamiento.

Si llegara a enfermar deberá someterse diligentemente a una visita médica y abstenerse de cualquier contacto sexual hasta que esté curado, de otro modo se haría responsable del daño ocasionado a otras personas. t El médico se aprovechará del temor de contraer estas enfermedades para aconsejar a sus clientes una vida honesta y morigerada: no podrá sugerir nunca el uso de los llamados preservativos. Las autoridades competentes cuidarán con él auxilio de la Sanidad del mejoramiento moral, económico e higiénico del pueblo. Riz.

Bibliografía

L. Tomasi, Corso di patología e clínica dermosifilopatica, 2, parte 3.ª, Roma, 1948
V. Tommasi, L’ulcera venerea all’ambulatorio di questo ospedale dal 1925 al 1948, en Bollettino dell’ospedale di
S. Gallicano, abril 1949
L. Schemin, In qual senso le malattie veneree sono vergognose, en Dizionario di morale professionale per i medici, Roma, 1946, apéndice IX, p. 491 ss. Fontana, Sífilis y enfermedades venéreas, Barcelona, 1953 Hornstein-Faller-Streng, Vida sexual sana, Madrid, 1951.

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