Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

ENFERMEDADES SOCIALES

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1. Premisas. - Desde sus principios la medicina, aunque tuvo un carácter individual, ha tenido finalidades preferentemente sociales, de manera que los orígenes de la medicina social se pierden en la noche de los tiempos. Las normas higiénicas dictadas por los más antiguos legisladores religiosos o civiles; las obras de asistencia a los pobres necesitados; la difusión de las prácticas deportivas y de los baños públicos; las luchas contra las epidemias, son otros tantos aspectos higiénico-profiláctico-curativos de una benéfica medicina social precientifica. Con la llegada del cristianismo las providencias de orden asistencial terapéutico crecieron notablemente; los enfermos fueron visitados y curados gratuitamente; los expósitos, los huérfanos, los viejos fueron asistidos amorosamente; casi todas las iglesias y todos los conventos se convierten en centros de asistencia y de trabajo para cualquier necesidad, de hospitalidad para los viajeros y los enfermos (de aquí el nacimiento de los primeros hospitales).

Con la revolución francesa las obras asistenciales consideradas antiguamente como expresiones de caridad y alimentadas por las donaciones de los particulares, fueron proclamadas como un deber social que la nación organiza fundada en los principios de solidaridad humana y de justicia.

Sin embargo, las normas sancionadas por* la Constitución de 1793 para desarrollar todos los servicios de asistencia pública (a los obreros en paro,, a los inválidos, a los niños, a los enfermos pobres, etc.) y para centrarlos en el organismo estatal, no pudieron ser realizadas a causa de la desorganización administrativa y del desastre financiero en que se encontraba la joven República. La organización de la medicina social encuentra pocos años después una actuación inicial en Inglaterra y poco a poco se va concretando bajo la influencia de la revolución industrial y más tarde del socialismo, dando lugar a una verdadera y propia legislación social.

A principios de nuestro siglo la necesidad cada vez más imperiosa de mejorar las condiciones de las clases trabajadoras y de protegerlas contra las enfermedades, la desocupación, la indigencia, da un nuevo impulso a la actuación tanto de la legislación social como de la medicina social, que en todos los países civilizados han tomado una fisonomía característica y un valor ya no teórico ni marginal en la vida de las naciones. Así, por lo que se refiere más propiamente a la medicina social, asistimos a un espléndido florecimiento de estudios, de propuestas y actuaciones concretas que tienen la finalidad de mejorar las condiciones higiénico-sanitarias de las masas, previniendo y curando las enfermedades del trabajo, luchando contra las enfermedades de amplia difusión, contribuyendo a la asistencia social en sus múltiples ramos (asistencia a ancianos y enfermos necesitados; a las gestantes, a las madres y a los niños, a los inválidos de guerra o del trabajo, a los emigrantes, etc.), preocupándose de la higiene mental del pueblo, etc.

En una palabra, el concepto moderno y la dirección actual de la medicina social se puede sintetizar de la siguiente manera: la medicina social estudia las necesidades fisiológicas individuales en relación con las contingencias sociales, al enfermo en relación con la colectividad, las necesidades en relación con los ambientes morales y económicos. Estudia, previene y reprime las enfermedades de gran difusión; estudia y precisa los factores sociales que determinan y sostienen tales enfermedades y los conjura con la aplicación de remedios sociales, impuestos por leyes, sin olvidar naturalmente la gran aportación que a este fin puede obtenerse de la moralidad misma del ambiente.

2. Las principales e. sociales. - Considerando que el objetivo al cual tiende la medicina social es el mejoramiento biológico de la humanidad, se comprende cómo en rigor ningún ramo de la patología debe serle extraño. De todos modos, por e. social se entienden preferentemente las enfermedades que teniendo mayor difusión influyen de una manera más notable en la salud de los pueblos. De estas enfermedades algunas interesan a la medicina social de todas las naciones civilizadas (asi el alcoholismo, la blenorragia, el cáncer, las cardiopatías, los accidentes, las enfermedades mentales, las intoxicaciones voluptuarias, la sífilis y la tuberculosis); otras interesan principalmente a algunas naciones en particular (asi la malaria y el tracoma en Italia).

3. Consideraciones generales. - Es evidente la importancia que las llamadas e. sociales tienen en la vida de las naciones civilizadas: de aquí la necesidad de proceder valientemente por el arduo camino de una asistencia social cada vez más amplia e iluminada, apoyada por los gobiernos, favorecida por las leyes y actuada por un cuerpo sanitario (higienistas, biólogos, médicos, enfermeros, etc.). Se trata de combatir una dura batalla profiláctica y curativa, cuyas armas mejores están constituidas no tanto por los fármacos como por la vivienda sana, la buena alimentación, el trabajo racional; una batalla, en una palabra, contra la miseria, el vicio, la ignorancia y la suciedad. Es aún largo el camino a recorrer hasta vencer las enfermedades sociales, enfermedades que — desde el alcoholismo a la tuberculosis y a la locura— constituyen las causas más poderosas de la morbilidad y mortalidad humana y de la depauperación de los pueblos, pero en estos años se nota, casi por todas partes, una notable competición de obras asistenciales estatales y no estatales, económicas y sanitarias, que tienden todas a la evangélica meta de mejorar aun en su físico a la pobre humanidad. Riz.

Bibliografía

E. Cozzi y
P. Travagli, Trattato di medicina sociale, Milano, 1938
L. Schemin, Diccionario de moral profesional médica, Barcelona, 1953.

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