CASTIDAD
1. Noción y división La c. es parte subjetiva de la templanza, virtud moral que inclina al hombre a moderar el uso o apetito del deleite venéreo según las normas de la recta razón. A esta norma natural, que regula el uso de la facultad procreativa dentro de los límites de su fin, se añade en la fe cristiana la consideración de la dignidad del cuerpo humano elevado por el bautismo a miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo (I Cor. , 6, 16-20). El objeto material de esta virtud es el acto y el placer sexual propiamente dicho, mientras que la pudicicia se refiere a los actos periféricos (v. Pudicicia). Como toda virtud la c. implica cierta facilidad en el ejercicio de sus actos; la abstención, pues, de un uso ilegítimo del placer sexual a costa de graves esfuerzos, no es ya c., sino simplemente continencia. La c. se divide en perfecta e imperfecta. Es imperfecta en quien se abstiene de un uso desordenado del placer venéreo, sin excluir por otra parte un uso legítimo sea en el presente (en los casados), sea en el futuro (en los jóvenes), sea en el pasado (en los viudos).
Es perfecta cuando además de la abstención presente del uso ilegítimo, excluye también el legítimo en el pasado y en el presente con el propósito (con voto o sin él) de mantener este estado también en el futuro (v. Virginidad).
2. Función en la vida cristiana Aunque en la jerarquía de las virtudes ocupa la c. un grado inferior a otras muchas virtudes, en la práctica se le atribuye con muy justo motivo una función preponderante en la vida cristiana; porque esta virtud es la que preserva al hombre de la tiranía de la concupiscencia, la cual por la vehemencia de sus pasiones puede perturbar notablemente las funciones morales de las facultades superiores (entendimiento y voluntad) creando con los vicios y defectos que de ella se siguen grandes dificultades y hasta imposibilidad de llevar una vida virtuosa informada por la caridad ( Sum. Theol. , II-II, q. 153, art. 5; v. Lujuria).
La c. perfecciona al hombre individualmente y aprovecha a la comunidad no sólo indirectamente, en cuanto la perfección individual se refleja en la vida social, sino también directamente, porque regula la procreación que es un bien de toda la especie; y esto: a) de un modo negativo en cuanto limita el acto sexual a aquellas circunstancias que según la recta razón son las únicas que hacen posible una adecuada educación de la prole (matrimonio); b) de un modo positivo, contribuyendo al incremento del género humano, en cuanto no permite acto sexual completo ni siquiera en el matrimonio, sino sólo en la forma de suyo apta para la generación. La c. no está en contradicción con la naturaleza del hombre, la abstención completa de todo acto sexual sea antes del matrimonio, sea durante toda la vida, no trae ningún perjuicio a la salud como lo enseña la experiencia y lo afirman muchísimos hombres doctos (v. Abstinencia y Continencia).
3. Medios para custodiarla Los medios y armas para conservar la pureza se pueden resumir en general en dos palabras, que son como un programa: huir (= vigilar) y obrar (= oración y lucha). La huida de las ocasiones y del peligro es la base para que se pueda cultivar el pudor y la modestia, último baluarte de la c. Entre los medios naturales que la medicina puede poner al servicio de la moral para la conservación de la c., entre los más eficaces, y moralmente lícita, está la psicoterapia, que se puede usar especialmente con los habituarios. Bajando al detalle, entre los medios para conservar la pureza están en primer lugar: A) Los medios sobrenaturales, dada la eficacia del coeficiente religioso desde el punto de vista humano y pedagógico y desde el punto de vista sobrenatural.
Convendrá inculcar, pues: a) una piedad convencida y profunda de la que nazca el amor y temor santo de Dios, el amor de Cristo y el impulso a su imitación; b) la oración, arma necesaria e infalible, que no se debe limitar al momento de la tentación, sino que debe ser habitual, ya para no desnutrir el espíritu, ya para saber orar en el momento de la tentación, y debe concretarse sobre todo en la meditación, la cual hasta psicológicamente es el medio más poderoso para educar la voluntad; c) la recepción de los sacramentos de la Confesión y de la Comunión, que refuerzan el alma en la lucha; d) el examen de conciencia, especialmente el examen particular, que obliga a un autocontrol y cuando sea posible un curso de ejercicios espirituales; e) las devociones a la Sma. Virgen, ideal de pureza, al Ángel Custodio, a S. Luis Gonzaga y a otros Santos que han brillado por esta virtud; f) la dirección espiritual. B) Algunas virtudes son más necesarias para crear la atmósfera propicia para la custodia de la c.
Estas son: a) la mortificación, y especialmente la mortificación de los sentidos, que además de remover los peligros, templa la voluntad; b) la humildad que nos hace sentir nuestra debilidad y nos hace orar y vigilar; c) la santa alegría. C) Algunos pensamientos y recursos son particularmente aptos para favorecer la castidad. Conviene, pues: a) alimentar grandes y elevados pensamientos; b) tener el culto de los ideales (familia, sacerdocio, vida religiosa, apostolado); c) fomentar ciertos recuerdos como el de la madre, el de la esposa, de los novísimos, de la presencia de Dios, etc. D) Otros medios humanos para la custodia de la pureza son: a) una sana educación estética; b) el hogar propio, oasis de paz y de serenidad; c) las buenas amistades; d) evitar el ocio; e) las distracciones, incluso con la práctica de un sano y moderno deporte; f) las curas higiénicas a determinar por un buen médico. Dam.
Bibliografía
Summa Theol. , II-II, q. 151, 156
A. Vermeersch, De castitate et de vitiis contrariis , Roma, 1921, n. 90-102
J. Mueller, Die Keuschheitsideen in ihrer geschichtlichen Entwicklung , Strassburg, 1926 D.
V. Hildebrand, Reinheit und Jungfräulichkeit , München, 1926
O. Ries, La castità e la Chiesa , Milano, 1939
P. Babina, L’amore e il sesso , Milano, 1939
A. Boschi, I libri della purezza. Guida bibliografica , Torino, 1946
F. Sopeña, Seis lecciones sobre la castidad , Madrid, 1955 L.
M. Jiménez Font, Castidad , Madrid
A. Peinador, Pecado contra la castidad , en Vida religiosa (1953), 390-396.
Voces relacionadas
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