Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

EXAMEN DE CONCIENCIA

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1. Naturaleza y necesidad. - El e. de conciencia consiste en la reflexión atenta sobre los actos Proplos considerados bajo el aspecto moral. Existe la obligación de examinarse antes de la confesión a no ser que la falta de fuerza en un enfermo grave, p. ej., o la inminencia del peligro de muerte hagan imposible el examen o que la omisión de éste no cree ningún peligro de descuidar en la confesión algún pecado grave; es el caso de los que se acercan a menudo al tribunal de la penitencia, sin tener culpas mortales; sin embargo, también es de aconsejar el e. de conciencia a éstos. El e. de conciencia antes de la confesión, ha de hacerse con la diligencia que en las cosas importantes acostumbran emplear las personas normales. El que se acerque al tribunal de la penitencia consciente de negligencia en el examen debido, de suerte que le cree un peligro serio de omitir algún pecado grave, se haría culpable de grave sacrilegio. No hay ningún método prescrito para el e. de conciencia. Es muy bueno seguir el orden de los mandamientos o de las virtudes.

2. Consideraciones prácticas. - El e. de conciencia cotidiano es de grande ayuda en la vida espiritual. Para poder combatir los defectos propios, en especial el defecto dominante, y progresar en la virtud. Es necesario efectivamente conocerse bien y darse cuenta del progreso o del retroceso. Este examen junto con una mirada sobre todas las acciones del día se concentra útilmente en un punto bien determinado, al cual se le quiere aplicar de una manera especial. Debe extenderse no solamente a las culpas, sino también a sus causas, a los defectos que obstaculizan el progreso, a los esfuerzos hechos para desarrollar las disposiciones buenas y desarraigar los defectos, a los medios concretos que hay que emplear. En el examen particular no conviene pasar demasiado pronto de un punto a otro. Es preciso también examinarse a menudo acerca del bien que se hubiera podido hacer y que no se ha hecho, aunque sea sin culpa, y al esfuerzo hecho para vivir en unión íntima con Dios (v. Unión con Dios). Es oportuno comenzar el examen con una breve oración para implorar el auxilio del Espíritu Santo y terminarlo con un acto de dolor, un propósito bien concreto y firme, y un acto de acción de gracias a Dios.

Man.

Bibliografía

A. Tanquerey, Compendio de teología ascética y mística, París, 1930, n. 462-476
B. Merkelbach, De variis poenitentium categoriis, Liège, 1933, p. 13-15
R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Buenos Aires, 1944, p. 353 ss. M. Prümmer, Manuale theologiae moralis, III, Freiburg. 1. B., 1940, n. 363-385
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