Diccionario de Teología Moral

Philipp Oppenheim, O.S.B. (Opp.)

ÁNGEL CUSTODIO

Recursos

Índice interno:

1. En la Biblia ·

2. En la Tradición y en la Liturgia ·

1. En la Biblia La doctrina sobre el ángel custodio se basa en la Sagrada Escritura. Según la Biblia, el «Ángel del Señor» (Éx., 14, 19; 23, 20-23) protegía al pueblo elegido, y según el Sal. 90, 9 ss., estaba encargado de una protección especial o vigilancia sobre las almas de los justos. Por esta razón recomendaba el salmista al hombre piadoso que no temiera que el mal le tocara ni que ningún azote cayera sobre su tienda: «el mismo Yahvé mandará a sus Ángeles para que te guarden en todos tus caminos. Te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en las piedras del camino. Pasarás por encima de la serpiente y de la víbora y pisotearás el león y el dragón». San Pablo (Hebreos, 1, 14) llama a los Ángeles «espíritus al servicio de Dios destinados a ejercer un ministerio en favor de aquellos que han de obtener la salvación». Los Ángeles se alegran con la conversión de los pecadores (Luc., 16, 10), guardan a los niños pequeños (Mat., 18, 10) y acompañan a los difuntos ante el trono de Dios (Luc., 16, 22).

2. En la Tradición y en la Liturgia Esta doctrina, recogida por la Iglesia, como aparece en las oraciones litúrgicas, culminó con la institución de la solemnidad del 2 de octubre en honor de los Ángeles Custodios, solemnidad que ya antes se había introducido en algunas regiones (España, Portugal...). A petición de Fernando II de Austria la extendió a todo el imperio Paulo V, y a toda la Iglesia, finalmente, Clemente X en 1670. La creencia en el oficio de custodios que se asigna a los Ángeles ha de tenerse como verdad de fe católica fundada en datos bíblicos y propuesta a nuestra creencia por el Magisterio ordinario. En la tradición eclesiástica se manifiestan diversas tendencias cuando se quiere precisar más esta verdad. En el Pastor de Hermas , que en general refleja la fe común del s. II, se afirma que todo hombre tiene su Ángel custodio: en el Mandatum , VI, 2, 1-3, el autor caracteriza al Ángel de la justicia que asiste al hombre, llamándolo «Ángel tierno, verecundo, dulce y tranquilo», el cual no habla sino «de justicia, de castidad, de santidad, de templanza y de toda obra recta y de toda virtud honesta».

Que todo hombre tenga un Ángel custodio lo afirman claramente el Crisóstomo y San Jerónimo. La misma afirmación encontramos en Honorio de Autún († 1151) ( Elucidarium , 2, 31): «...toda alma, en el momento en que es infundida en el cuerpo se confía a un Ángel», y de aquí pasamos a las tesis de S. Alberto Magno ( Summa Theologiae , II, q. 36) y de Sto. Tomás ( Sum. Theol. , I, q. 113), los cuales enseñan también que el ángel custodio no abandona jamás la persona que se le confía. Según otros autores modernos el Ángel se le asigna a la persona cristiana en el bautismo. La Iglesia no ha definido dogmáticamente la designación de los Ángeles custodios; sin embargo, está tan sólidamente fundada sobre la Biblia, interpretada por los Padres y tan universalmente creída, que el negarla sería, según Suárez, una grave temeridad y casi un error ( De Angelis , VI, 17, 8: Non sine ingenti temeritate ac fere errore ). Cómo los Ángeles custodios cumplan con su misión se desprende del brillante cúmulo de apelativos con que los ha honrado la tradición eclesiástica: el ángel custodio es protector, tutor, procurador, abogado, compañero de camino, pacífico auxiliar, pedagogo.

Por parte de los hombres debe corresponderles un culto de veneración, cual exigen su posición ante el Señor, la gracia con que Él los ha enriquecido y la obra que en nuestro favor realizan. La fórmula litúrgica del Oficio en el Breviario, así como en el de la misa en el misal, nos dan el modelo de una oración y doctrina segura en la veneración de los Ángeles custodios. Opp.

Bibliografía

A. Vonier, Les Anges , París, 1938
C. Boyer, De Deo Creante et elevante , Roma, 1940, p. 469-527
F. Oppenheim, L’intervento degli angeli nel culto , en Ephemerides liturgicae , 58 (1944), 88-96
E. Peterson, Il libro degli Angeli , Roma, 1946 Dict. de la Bible , I, 2080-2161 DTC , I, 1109-1271 DS , I, 580-625.

Voces relacionadas

Internas