Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

TRINIDAD

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Es el más sublime de los misterios cristianos, que nos revela la constitución y la vida íntima de Dios. Se enuncia formalmente en los siguientes términos: Dios absolutamente Uno en su naturaleza o esencia es Trino relativamente en las Personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo), las cuales se distinguen realmente entre sí como términos relativos opuestos de la intelección y volición divina, pero son consustanciales, es decir idénticas con la única sustancia divina. Por esto las tres Personas son iguales y a cada una de ellas convienen igualmente todos los atributos divinos. Como propias tienen las Relaciones opuestas (Paternidad, Filiación, Espiración activa y Espiración pasiva) que nacen de las dos Procesiones inmanentes, a saber, el Hijo del Padre por vía de intelección (que tiene el carácter de generación espiritual) y el Espíritu Santo del Padre y del Hijo por vía de volición y de amor.

En virtud de la relación cada una de las tres Personas tiene un modo distinto de poseer la esencia divina como ocurre en un triángulo, en el cual cada ángulo abarca la misma superficie, pero en dirección propia (FPS - PFS - FSP).

Este misterio esbozado apenas en el A. T. se revela plenamente en el N. T., especialmente en S. Pablo y en S. Juan. La fórmula del Bautismo prescrita por el mismo Jesús es el compendio del misterio trinitario, que sella el renacimiento del hombre. Arrio (v. Arrianismo) fue el primero que turbó la fe trinitaria de la Iglesia, siendo condenado en el Conc. Niceno (325).

Los errores extremos contra este misterio condenados por la Iglesia son el Modalismo (v. esta pal.) y el Triteísmo (v. esta pal.). La Trinidad cristiana no admite parangón con las tríadas babilonias, persas o egipcias (agrupaciones politeístas) ni con la Trimurti india (Brahma-Visnu-Siva), tardía elaboración cosmogónica de mitos populares con fondo politeísta siempre. Ni siquiera el Saccidananda (Ser-conocer-felicidad) de la Teología hindú puede acercarse a nuestra Trinidad por faltar en él el concepto claro de persona.

Bibliografía

Sto. Tomás, , I, q. 27, a. 1;
L. Billot, (uno de los mejores tratados);
E. Hugon, , Paris, 1930;
P. Parente, , en «Il Simbolo», vol. I, Asís, 1941;
íd., , en «Dio nella ricerca umana» (dirección y edición de G. Ricciotti), Roma, 1950;
S. Th. S., II, Madrid, 1950.

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