SUBORDINACIANOS
Herejes del s. II y III, que prepararon el camino al Arrianismo (v. esta pal.), enseñando que el Verbo no es propiamente Dios, sino una criatura excelente intermedia entre Dios y el mundo (cfr. el «Demiurgo» de los Platónicos y los «Eones» de los Gnósticos). El Verbo, por lo tanto, está subordinado al verdadero Dios. Consecuencia del Subordinacianismo es la negación de la divinidad de Jesucristo, a quien se considera no como Hijo natural, sino como Hijo adoptivo de Dios (v. Adopcionismo). A fines del s. II, Teodoto Bizantino en Roma y en el III Pablo de Samosata en Antioquía, divulgaron el Subordinacianismo y el Adopcionismo juntamente. Ambos fueron condenados por la Iglesia. El Subordinacianismo pasa a Arrio a través de Luciano de Antioquía.
En los Apologistas de los primeros siglos (Justino, Atenágoras, Taciano, Orígenes de una manera especial, Tertuliano) se encuentran algunas frases con regusto subordinaciano (Verbo Dios en segundo lugar, ministro de Dios en la Creación, etc.). Pero estudiando bien los textos y el contexto se desvanece la primera impresión: estos escritores se empeñan por primera vez en explicar en lenguaje humano las inefables relaciones de las divinas Personas e intentan diversas frases para expresar, no siempre felizmente, la procesión del Verbo del Padre. El defecto está sólo en las palabras, que pueden interpretarse benignamente a la luz de la doctrina general de estos Apologistas, que es siempre sana y afirma sustancialmente la igualdad de las tres divinas Personas.
Bibliografía
J. Tixeront, , I, p. 349, 462 y 244;
F. Cayré, , Paris, 1927, I, p. 167 ss., y 105 ss.;
A. Casamassa, , Roma, 1939;
P. Parente, , 1949, p. 220 ss. y 230 ss.