VERBO
Psicológicamente es el término de la cognición intelectiva (= idea, concepto, palabra de la mente); teológicamente es la Segunda Persona de la Sma. Trinidad, que procede del Padre por vía de intelección y de verdadera generación espiritual. Dios, conociéndose (Padre), engendra ab aeterno la Idea de sí mismo (Verbo-Hijo), permaneciendo inmutablemente idéntica su sustancia o naturaleza divina. Por esto se distingue el Verbo realmente del Padre, aunque no en sentido absoluto, sino sólo en línea de relación, esto es, como término de la filiación opuesta a la Paternidad. Hablando en absoluto, el Verbo es consustancial (ὁμοούσιος) al Padre, o sea de la misma sustancia o naturaleza del Padre y, por lo tanto, igual en todo a Él: el Padre es Dios como pensante, el Hijo es el mismo Dios como pensado.
La doctrina acerca del Verbo esbozada en el A. T. está revelada claramente en el Nuevo, sobre todo en el Prólogo del Evangelio de S. Juan, donde se afirma: a) su eternidad: «In principio erat Verbum: en el principio era el Verbo»; b) su personalidad: «Et Verbum erat apud Deum: y el Verbo estaba en Dios»; c) su naturaleza divina: «Et Deus erat Verbum: y el Verbo era Dios»; d) su potencia creadora: «Todas las cosas fueron hechas por Él»; e) su Encarnación: «Y el Verbo se hizo carne».
S. Pablo, aunque no usa la palabra Verbo, enseña las mismas verdades, atribuyendo las mismas prerrogativas divinas a Cristo, a quien llama Hijo Primogénito del Padre, Imagen sustancial de Él, Creador, junto con el Padre, del universo (Filip. 2, 6; Col. 1, 16; Hebr. 1, 2 ss.). Arrio hizo del Verbo una criatura, por lo que fue condenado por el Conc. de Nicea (325). Sobre el origen de la doctrina de S. Juan v. Logos. Cfr. Trinidad, Hijo, Unigénito, Arrianismo.
Bibliografía
A. Cellini, , Roma, 1911;
J. M. Vosté, , Roma, 1925;
J. Lebreton, , Paris, 1927, vol. I;
P. Parente, , en «Simbolo», Asís, vol. II, 1942.