Diccionario de Teología Dogmática

Antonio Piolanti (A. P.)

SUPERSTICIÓN

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Es aquel pecado por el cual se rinde un culto divino a quien no le compete (es decir, a las criaturas) o a quien compete (a Dios), pero de modo indebido. Honra a Dios de modo indebido el que le tributa un culto falso (p. ej. con las ceremonias judaicas definitivamente abrogadas en el N. T.) o superfluo (p. ej., encendiendo un determinado número de velas, guardando una postura particular, etc.). Rinde, en cambio, culto divino a las criaturas, especialmente al diablo, quien se entrega a actos de idolatría, quien da crédito a adivinaciones o practica la vana observancia o la magia.

La idolatría (v. esta pal.), como indica la palabra, es la adoración de los ídolos. El ídolo es la imagen material de un dios falso, como Júpiter, Mercurio, la Luna, el Sol. Tanto si el culto se tributa a la imagen como si se rinde a la cosa o persona representada por ella, la idolatría, por alto que sea su objeto, se resuelve siempre en la adoración de una criatura animada o inanimada. No hay nada más contrario a la razón y a la fe.

La adivinación es el arte de predecir el futuro o de conocer cosas ocultas por medios no establecidos por Dios, pero que implican siempre la invocación de la intervención del diablo. Sto. Tomás distingue nueve especies de adivinación en que se invoca directamente al demonio: el prestigio (fascinación ilusoria), la oniromancia (interpretación de sueños), la nigromancia (evocación de los muertos), el pitonismo (oráculos de falsos dioses), la geomancia (observación de los cuerpos terrestres), la hidromancia (observación del agua), la aeromancia (observación del aire), la piromancia (observación del fuego), la aruspicina (observación de las entrañas de los animales). Véase en la Suma Teológica, II-II, q. 95, a. 3, la explicación de cada una de estas clases de adivinación. Añaden además los teólogos otras seis clases en que se invoca implícitamente al diablo: la astrología, la observación de señales («augurium»), el presagio («omen»), la quiromancia, la metoposcopia (observación de la fisonomía), el sortilegio.

La vana observancia consiste en el uso de medios desproporcionados para obtener un efecto determinado, p. ej., pretender conocer todo lo conocible pronunciando palabras misteriosas, curar todas las enfermedades usando medicinas ineficaces, determinar el curso de la jornada por una circunstancia trivial, como el encuentro de una vieja o de un jiboso, etc. La magia es una especie de vana observancia para conseguir efectos maravillosos por medio de causas misteriosas y desproporcionadas.

Bibliografía

Sto. Tomás, , II-II, q. 92-96;
D. Prümmer, , II, n. 501-519;
F. Tillmann, , Brescia, 1942, p. 265-269;
T. Ortolan, «Divination», en DTC;
G. Gardette, «Magie», en DTC.

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