SIMBOLISMO
(gr. σύμβολον = señal de reconocimiento, contraseña): Consiste en representar con un signo o una fórmula alguna verdad que trasciende el mundo sensible o incluso el mundo intelectual común. El simbolismo es tan antiguo como el hombre, y estuvo siempre en uso tanto en las costumbres civiles (p. ej., la bandera símbolo de la patria) como sobre todo en el campo religioso. Tal vez la más simbólica de las religiones es la egipcia; es notable también el simbolismo de los ritos en las religiones de misterio (de Eleusis, de Isis, de Mitra, etc.), que florecieron poco antes e inmediatamente después de la aparición del Cristianismo. La Iglesia recogió y adaptó especialmente en su Liturgia gran parte del carácter simbólico vigente en la Sinagoga bajo el influjo de la Revelación antigua, y no tuvo inconveniente en apropiarse algunas ceremonias simbólicas del paganismo, aunque purificándolas de toda sombra de superstición. Por lo demás, el Simbolismo domina también toda la vida sacramentaria de la Iglesia.
Pero el Simbolismo se ha convertido en un término y en un concepto abusivo y equívoco entre los Modernistas (v. Modernismo), que lo han aplicado al dogma (v. esta pal.). Según los Modernistas, el dogma o fórmula dogmática definida por el Magisterio Eclesiástico no tiene un valor teórico y adecuado al objeto a que se refiere, sino sólo un valor simbólico y práctico, en cuanto expresa una interpretación simbólica de un sentimiento o de un hecho religioso que se convierte en norma de acción. P. ej. cuando la Iglesia define la Paternidad de Dios esta expresión no tiene un valor de verdad teórica, porque nosotros no podemos saber lo que es Dios en sí mismo, sino que representa simbólicamente a Dios como Padre porque nosotros nos portamos con Él como hijos. De esta manera el Simbolismo modernista trata de desvalorar y vaciar toda la doctrina de la fe fijada por la Iglesia en sus fórmulas dogmáticas.
Es cierto que el lenguaje dogmático, por ser humano, no puede expresar adecuadamente las cosas divinas, sino sólo analógicamente (v. Analogía); pero es un error y una falta de comprensión el confundir la analogía con el equívoco, para caer en el Agnosticismo (v. esta pal.). Cuando en el Credo se dice que Cristo glorioso está sentado a la diestra del Padre se toma esta expresión en sentido figurado, simbólico, pero en la figura y en el símbolo se encierra una verdad cierta, a saber, que Cristo, como Hijo de Dios encarnado, tiene una gloria, dignidad y potestad real común con el Padre, de la cual participa también su Humanidad. Por esto el dogma expresa sobre todo una verdad a creer y consiguientemente una norma de acción: tanto más eficaz en su carácter práctico cuanto más seguro y estable es su carácter teórico. Con razón, pues, la Iglesia ha condenado el Simbolismo pragmatista del Modernismo en materia de dogma. Cfr. Decr. Sto. Oficio Lamentabili, DB, 2022 y 2026. V. Dogma.
Pero el Simbolismo tiene también un significado bíblico, y es la tendencia a acentúar en la Sagrada Escritura el sentido alegórico, descuidando el literal e histórico. Tal tendencia, que fue característica de la Escuela Alejandrina (Orígenes), revive hoy, no sin exageraciones, en algunos teólogos y exegetas. Pío XII, en su reciente Encíclica Humani generis reprueba justamente esta tendencia exagerada.
Bibliografía
R. Garrigou-L., , Buenos Aires, 1945;
A. Gardeil, , Juvisy, 1932;
M. Chossat, «Modernisme», en DA;
Comentario a la Encíclica de Pío XII, en «Euntes docete», 1951.