PRISCILIANISMO
Conjunto de errores atribuidos a Prisciliano (s. IV). Sulpicio Severo, en su Historia Sacra (principios del s. V), habla de las alternativas y de los errores de este hombre de origen español, de ingenio vivo, austero en sus costumbres y muy inclinado al ascetismo. Prisciliano se convirtió muy pronto en el jefe de una secta religiosa en que prevalecían las mujeres.
El Obispo Idacio de Mérida condenó en el Sínodo de Zaragoza (380) los errores de Prisciliano, el cual, sin embargo, no se desanimó, antes se hizo ordenar sacerdote y consagrar más tarde Obispo de Ávila. Perseguido en España, vino a Roma en tiempos de S. Dámaso, junto con otros Obispos secuaces suyos; pero el Papa no los recibió, como tampoco S. Ambrosio en Milán. Acusado finalmente en Tréveris ante el Emperador Maximiliano, fue condenado a muerte. Sus secuaces continuaron, a pesar de todo, esparciendo los errores de su maestro con fanático celo, hasta que el Concilio de Braga, en 563, formuló 17 anatemas contra el Priscilianismo.
Según este documento, los priscilianos enseñaban los siguientes errores: a) Sabelianismo (v. Modalismo), negando la distinción real de las tres Personas divinas; b) Arrianismo (v. esta pal.), negando la existencia de Cristo antes de su nacimiento de María; c) Docetismo (v. esta pal.), porque atribuían a Jesús un cuerpo aparente; d) Panteísmo, al afirmar que los Ángeles y las almas son emanaciones de la sustancia divina; e) el demonio, derivado del caos tenebroso, es esencialmente malo; f) el matrimonio y la procreación son obra diabólica; g) el texto sagrado de la Escritura está corrompido.
Los críticos modernos, después de un estudio cuidadoso, no se atreven a atribuir al mismo Prisciliano todos estos errores. Y no se puede afirmar con certeza hasta qué punto enseñó o abrió el camino a tales aberraciones condenadas ya en parte anteriormente por la Iglesia. Es cierto, sin embargo, por fragmentos que se conservan de sus obras, que Prisciliano sentía predilección por los apócrifos (v. esta palabra) y empleaba un lenguaje oscuro en materia trinitaria; a veces tiene un regusto gnóstico o maniqueo, por lo menos en la expresión. Sus discípulos probablemente lo interpretaron mal y lo exageraron.
Bibliografía
G. Schepps, , Viena, 1889;
J. Tixeront, , París, 1924, vol. II, p. 231 ss.;
E. Ch. Babut, , París, 1909;
G. Bardy, «Priscillien», en DTC (bibl. puesta al día).