PROCESIÓN (divina)
Materialmente procesión significa un movimiento de un punto a otro; lo cual es ajeno a la naturaleza divina. Pero en Dios se ponen las procesiones inmanentes como origen de un término de otro. De hecho, en Dios existen las dos operaciones inmanentes propias del espíritu: la intelección y la volición. Estas operaciones, aun identificándose con la naturaleza divina, por analogía a lo que en nosotros ocurre, no se conciben sino como relaciones entre dos términos (operante-operado). Pero la razón no habría llegado jamás a hacerse una idea de las procesiones divinas si la Revelación no las hubiese manifestado explícitamente: «El espíritu... que procede del Padre» (Jo. 15, 26). La Iglesia ha definido como verdad de fe que el Hijo procede del Padre («Deum de Deo») y el Espíritu Santo del Padre y del Hijo («Qui ex Patre Filioque procedit»).
1.ª Procesión: Es la generación eterna del Hijo por el Padre; la Sda. Escritura llama al término que procede Hijo, Unigénito, Primogénito, pero lo llama también Verbo (Λόγος; v. estas pal.). De donde se deduce que el Hijo procede por vía de intelección, y por lo tanto de generación espiritual. De hecho la intelección no se realiza sin concebir y poner como a la luz la idea, el verbo mental, que es la reproducción espiritual de la cosa conocida.
2.ª Procesión: Se realiza por vía de volición y, por lo tanto, de amor. Dios, conociéndose en el Verbo, se contempla y se ama con una adhesión de sí a sí mismo. La doctrina de la fe nos enseña que solamente la primera procesión es generación que da origen a un solo Hijo (Unigénito). El Espíritu Santo no es Hijo, sino que, como término de amor, procede del Padre y del Hijo como de un solo principio (Conc. Flor., DB, 691).
Los griegos cismáticos no admiten que se origine y derive el Espíritu Santo también del Hijo (v. Filioque).
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 27;
E. Hugon, , París, 1930;
P. Parente, , Roma, 1949, p. 255 ss.;
id., , en «Il Simbolo», vol. I, Asís, 1941. * , t. II, Madrid, 1952.