PRIMADO (de San Pedro)
Es el poder de jurisdicción (v. esta palabra), no de simple autoridad directiva o de excelencia y honor, conferido por Jesucristo al Príncipe de los Apóstoles, por el cual se convierte éste en el jefe y rector supremo de toda la Iglesia. El Conc. Vat., definiendo este punto doctrinal (DB, 1823), no hizo más que interpretar auténticamente palabras de Cristo, cuya historicidad admiten hoy aun los racionalistas.
En efecto, el Primado de Pedro se insinúa en el cambio de su nombre, se promete en el coloquio junto a Cesarea de Filipo, se confiere después de la Resurrección en la ribera del lago de Tiberíades y se ejercita en la Iglesia naciente.
Jesús impuso a Simón el nombre de Pedro (Mt. 10, 2; Mc. 3, 16; Lc. 6, 14; Jo. 1, 42). Según el estilo bíblico, el cambio de nombre tiene una gran significación: cuando Dios quiso fundar el Patriarcado escogió a Abraham como cabeza y centro de aquella institución y cambió su nombre de Abram en Abraham, como cuando instituyó la Sinagoga escogió para cabeza suya a otro gran Patriarca, cambiándole el nombre de Jacob en Israel.
El misterioso significado del nuevo nombre fue revelado por el Maestro en la memorable escena que se desarrolló al pie del monte Hermón: Jesús preguntó a los Apóstoles: «¿Y quién decís vosotros que soy yo?», y Simón Pedro respondió diciendo: «Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo han revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro (Kephas = roca), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y yo te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que tú desatares sobre la tierra será desatado también en el cielo, y lo que tú ligares sobre la tierra será ligado en el cielo» (Mt. 16, 18-19). En las palabras citadas el Salvador habla en futuro a Pedro; es la promesa.
La colación ocurre después de la Resurrección, junto al lago de Tiberíades; Jesús habla en presente: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas tú más que éstos? Respóndele: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Y Jesús le dice: Apacienta mis corderos.» Y de nuevo Jesús: «Simón de Jonás, ¿me amas?» Respóndele: «Sí, Señor, tú sabes que te amo.» «Apacienta mis corderos.» Pregúntale Jesús por tercera vez: «Simón de Jonás, ¿me amas?» Pedro se entristece de que por tercera vez le pregunte «¿Me amas?» y le responde: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que yo te amo.» Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas» (Jo. 21).
Jesús presenta a su Iglesia bajo la imagen de un edificio, de un reino y de un rebaño, y constituye a Pedro su cimiento, su clavero y su pastor. «En la primera comparación del edificio se dirige la vista especialmente a la estabilidad de la doctrina; en la otra, al poder de gobierno, y en la última principalmente al afecto pastoral; pero en cada una de ellas se ve amplia y perfectamente dibujado el Primado de S. Pedro» (Card. Capecelatro).
Y la historia de la Iglesia naciente muestra que el hijo de Jonás tuvo plena conciencia de ser pastor no sólo de los corderos sino también de las ovejas, de toda la grey de Cristo; de hecho Pedro inmediatamente después de la Ascensión obra como jefe supremo de la Iglesia. Pedro es quien se levanta en el Cenáculo para proponer la sustitución de Judas Iscariote en el colegio apostólico; Pedro, quien primero predica el día de Pentecostés; Pedro, quien recibe a los primeros paganos en el seno de la Iglesia, en casa de Cornelio, a pesar de que Pablo era el misionero por excelencia de los gentiles; Pedro, quien interroga y reprende a los esposos culpables de mentira, y Pedro, quien como presidente toma el primero la palabra en el Concilio de Jerusalén.
Bibliografía
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