Diccionario de Teología Dogmática

Antonio Piolanti (A. P.)

CARÁCTER

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(gr. χαρακτήρ = nota, cuño, sello): Es un signo indeleble impreso en el alma por el Bautismo, la Confirmación y el Orden, en virtud del cual tales sacramentos no pueden ser recibidos nuevamente por la misma persona.

Esta doctrina bosquejada en la Sda. Escritura (II Cor. 1, 21-22; Eph. 1, 13-14; 4, 30) fue desarrollada ampliamente por los Padres, especialmente por S. Agustín, quien, con ocasión de la controversia donatista, fue el primero que puso a la luz la separabilidad del carácter de la gracia, exaltando su función cristológica y eclesiológica, y llegó a su perfecta sistematización con los escolásticos, que ilustraron su naturaleza íntima bajo los aspectos filosófico y teológico.

Filosóficamente es una realidad espiritual (consagración ontológica) que pertenece a la categoría de la cualidad y más precisamente de la potencia física instrumental, indeleble tanto en ésta como en la otra vida.

Teológicamente es: 1) En relación a Cristo, una participación de su sacerdocio, en cuanto confiere a los fieles un poder (inicial en el Bautismo, más desarrollado en la Confirmación, perfecto en el Orden) de ofrecer el Sacrificio de la Nueva Alianza y de comunicar, en la administración de los Sacramentos, la gracia; tal poder es un reflejo de las funciones de reconciliador de los hombres con Dios por medio del sacrificio del Calvario (mediación ascendente) y de santificador, o sea de dispensador de los dones divinos a los hombres por medio de los Sacramentos (mediación descendente), que compete a la humanidad de Jesucristo en virtud de la unión hipostática; 2) Con relación a la gracia es una causa exigitiva, una defensa y en ciertos casos una causa eficiente de la misma. Es una causa exigitiva porque en su cualidad de consagración sobrenatural es como una perla preciosa que requiere ser colocada en su anillo, la gracia, a fin de que brille en todo su esplendor.

Es también una defensa de la gracia, porque, como enseñan los Padres, al tiempo que rechaza a los demonios atrae la custodia de los ángeles buenos, así como la benevolencia y especial atención del Padre Celestial, que ve en el «sello» una participación de la luz divina reflejada sobre la frente humana del Hijo Unigénito. En caso de reviviscencia (v.) el carácter lo usa Dios como causa instrumental para producir aquella gracia, cuya infusión fue impedida por la indisposición moral (óbice) del sujeto; 3) Con relación a la Iglesia es un signo que distingue a los fieles de los infieles, unitivo de los «milites» que combaten bajo la misma bandera, constitutivo de la Jerarquía, en cuanto dispone en diversos grados a los miembros del reino de Cristo: simples ciudadanos (Bautismo), soldados (Confirmación), capitanes (Orden).

Esta doctrina fue negada por los protestantes, que alegaban que el carácter había sido una creación del Pontificado Romano (Lutero) y más concretamente de Inocencio III (Chemnitz) o una concepción ficticia de los escolásticos (Calvino), o una escapatoria de S. Agustín para conciliar las antinomias de su teoría sacramental (Harnack). El Concilio de Trento definió el núcleo central de la doctrina que acabamos de exponer (DB, 852).

Bibliografía

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L. Farine, , Friburgo de B., 1904;
Scheeben, , 2 vols., Barcelona, 1951;
«Caractère», en ;
C. V. Héris, , Brescia, 1938, p. 195-224;
B. Durst, , «Xenia Thomistica», Romae, 1924, vol. 3;
F. Brommer, , Paderborn, 1908;
A. Piolanti, , v. II, p. 96-114;
G. Filograssi, «Carattere Sacramentale», en . * , t. IV, Madrid, 1951.

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