Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

PUBLICANOS

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Eran los que en el imperio romano recibían del Estado la contrata de los impuestos públicos, que ellos recaudaban por medio de empleados subalternos llamados «exactores» o «portitores». Los publicanos eran de los más adinerados, y entre los romanos pertenecían al rango de caballeros. Con el fin de poder hacer frente a las ingentes cantidades que tenían que entregar al Estado, se federaron durante la república formando sociedades de accionistas («societates publicanorum»), las cuales perdieron importancia durante el imperio, de suerte que la contrata quedó limitada a lo relacionado con sólo los impuestos indirectos (arbitrios, aduanas, alquileres de lugares públicos, etc.), mientras que los directos se recaudaban por cuenta del erario o del fisco. Tal sistema se prestaba fácilmente para cometer abusos, como vejaciones, rapiñas, fraudes, por lo que entre los griegos corría este proverbio: «los publicanos, todos ladrones». En el Evangelio se considera a los publicanos como agentes subalternos («exactores»), que solían ser judíos bajo la dependencia de contratistas, las más de las veces extranjeros.

Sus compaisanos los odiaban como a renegados puestos al servicio del opresor y como a ladrones, y los equiparaban a los «pecadores» y a las rameras, 487Apor lo que se huía de establecer contacto con ellos, como impuros. Aunque Jesús empleó a veces el mismo lenguaje duro (Mt. 5, 46; 18, 17), los acogió con una misericordia sin límites, lo que dió origen a que le llamasen amigo de los publicanos (Mt. 9, 11; 11, 19). Los contrapuso a los fariseos en aquella célebre parábola (Lc. 18, 9-14; cf. Mt. 21, 31 s.). Eligió para el apostolado a uno de ellos, a Mateo, cuando éste se hallaba sentado en el telonio de la aduana de Cafarnaúm (Mt. 9), y tuvo una especial deferencia para con Zaqueo, que actuaba como jefe de publicanos en Jericó, importantísimo centro de tránsito (Lc. 19, 2-10). Ya el mismo Precursor les había dirigido palabras de salvación: «No exijáis más de lo que os está mandado» (Lc. 3, 13).

Bibliografía

U. Holzmeister, Storia dei tempi del N. T. , Torino 1950, p. 66. G. Canfora, I pubblicani , en Rivista Biblica , 3 (1955) 145-164.

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