PAPIROS
El papiro estuvo en uso como material para escribir ya en tiempos muy remotos.
La invención y el proceso de fabricación deben atribuirse a los egipcios. El papiro más antiguo que conservamos se remonta a la Quinta Dinastía (hacia 2750-2625). De Egipto había pasado a otras regiones ya en el siglo XI, según atestigua la narración de Wen-Amon, quien describiendo su viaje por Fenicia nos informa que se transportaron de Egipto a aquella región quinientos papiros. El papiro fué usado ya en muy remotos tiempos para la transcripción de textos sagrados. De esto nos habla el II Jn., 12.
443ANo se ve bastante claro si en ciertos lugares de la Biblia se habla de membranas o de papiros. Jeremías (36, 2) pide que le den el rollo del libro, que después manda el rey hacer pedazos con el cuchillo. Y si para cortarlo se emplea el cuchillo o cortaplumas parece más acertado pensar en una membrana, ya que al papiro se aplica preferentemente la combustión. El único papiro hebreo existente (v. Manuscritos del Mar Muerto ) es el conocido con el nombre de su propietario: Nash . Éste contiene el Decálogo (Ex. 20, 2-17; Dt. 5, 6-26) y el comienzo de la perícope Shema’. Albright lo atribuye a los años 165-136 a. de J. C. De la versión griega tenemos dos papiros que se remontan al s. II a. de J. C.
El primero contiene los fragmentos: Dt. 23, 24-24, 3; 25, 1-3; 26, 12.17-19; 28, 31-33; y el segundo: Dt. 31, 28-32, 7. Se conservan fragmentos de los profetas menores, de Ez. y Gén. 1-35, que pueden adjudicarse a los siglos II-IV a. de J. C. Los papiros de Chester Beatty, que contienen fragmentos del Pentateuco, de los Profetas, de Est., del Eclo., son adjudicables a los siglos II-IV desp. de J. C. Respecto del Nuevo Testamento conservamos muchos papiros, entre los que hay dos más importantes.
El primero, publicado por H. Idris Bell-T. G. Skeat, se remonta al siglo II y nos ofrece muchas citas de los Sinópticos y del IV Evangelio; el segundo, editado por C. H. Roberts, contiene fragmentos del IV Evangelio (Jn. 12, 31-33; 37.38) y se remonta a la primera mitad del s. II. Estos descubrimientos confirman la tesis tradicional de que el Evangelio de Juan es del fin del s. I. Además de estos papiros, bien está mencionar el papiro 46 de 86 folios, del s. III, que contienen las Epístolas de San Pablo casi íntegramente, aunque con un orden del todo particular (Rom., Heb., I Cor...).
Al lado de este hallazgo de papiros sagrados, importantes, sobre todo en orden a la crítica textual, hay que recordar el de los papiros profanos que, en este caso, aparte su valor absoluto, tienen el de que mediante su lectura podemos entender mejor la lengua del Nuevo Testamento.
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