Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

MARÍA (de Betania; de Magdala; la pecadora anónima)

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De ésta habla Lc. 7, 36-50; de la segunda Lc. 8, 2; los evangelistas en el relato de la pasión (Mt. 27, 56-61 y pasos paral. de Mc., Lc. y Jn.) y de la resurrección (Mt. 28, 1 y paral. de Mc., Lc.; Jn. 20, 11-15); de la primera Lc. 10, 39-42 en el conocido cuadro de Marta-María; Jn. 11, 1-33; 12, 1- 8. La Iglesia latina celebra el 22 de julio la solemnidad de Santa María Magdalena, acumulando en la liturgia los diversos textos ahora citados, con lo cual respeta la sentencia seguida entre los occidentales con S. Gregorio Magno, que en todas partes ve una sola mujer. Mas los mismos Padre s latinos anteriores expresaron sentir diferentemente, y los Padres griegos admitieron tres mujeres distintas (U. Holzmeister, en VD , 16 [1936] 193-8), como sostienen comúnmente los exegetas modernos. Efectivamente, los textos evangélicos «en su sentido general son contrarios a la unidad» (M. J. Lagrange, en RB , 21 [1912] 204 ss.; S. Luc. , p. 236). Ya A. Calmet (s. xviii ) afirmaba de sus contemporáneos que los doctos descartaban la opinión de S. Gregorio; y aun identificando (cf. Belser, Murillo) a María de Betania con María Magdalena, él distinguía a ambas de la pecadora.

La pecadora anónima y María de Magdala. — Después de haber descrito la unción de la primera (7, 36-50), Lc. continúa de esta manera: «Yendo Jesús por ciudades y aldeas... le acompañaban los doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos 384Ay de enfermedades, María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios, Juana etc., y otras varias que le servían con sus bienes» (Lc. 8, 1 ss.). María Magdalena es presentada como nuevo personaje, sin relación alguna con el relato precedente. Ésta figura entre las que habían sido objeto de un milagro y que se hallaban sanas, las cuales siguen al Señor agradecidas, pensando en su mantenimiento y en el de sus discípulos; fué liberada de una obsesión particularmente grave (cf. Lc. 11, 26); mas la obsesión no es considerada como indicio de vida culpable, en tanto que se la menciona como sintomática de ciertos trastornos de las facultades mentales, de las que no se ve señal alguna en la pecadora anónima (Lagrange; cf. Vaccari, La S. Biblia , VIII, Firenze 1950, p. 223).

El texto separa tajantemente a las dos mujeres; una es desconocida, pecadora pública que con la contrición perfecta ha merecido el perdón de los pecados y manifiesta públicamente su amor de arrepentimiento hacia Jesús; la otra es muy conocida y sigue al Maestro a través de Galilea hasta el pie de la Cruz, en agradecimiento por haberla curado. Jesús premia tan ardiente amor en el día de la Resurrección (Jn. 20, 11-15). La pecadora anónima y Marta de Betania. — No hay referencia alguna en todo el Evangelio a que esta hermana de Marta y de Lázaro hubiera sido anteriormente una mujer de costumbres depravadas. Lc. 10, 39-42 nos la presenta en actitud atenta y reposada a los pies de Jesús. Es la confiada contemplativa. Todo lo contrario de una conciencia o actitud mortificada. María de Betania ungió a Jesús en Betania, seis días antes de la pasión (Jn. 12, 1-8), previendo su sepultura, dirá el Redentor alabándola. Ninguna relación con la unción de la pecadora (Lc. 7), realizada en Galilea, cerca de un año antes.

Todas las circunstancias son irreductiblemente diversas, si se exceptúa el nombre del huésped, Simón, tan común entre los judíos, por lo que no puede servir de punto de apoyo para llegar a una identificación. S. Juan, que escribe tantos años después, al hacer la presentación de María de Betania (11, 2) dice anticipadamente de ella que era «la que ungió al Señor», pero sin referirse a otra unción que a la que está sin describir (c. 12); lo mismo que un historiador al presentar a Wellington, antes de describir la célebre batalla puede hablar del «vencedor» o de «aquel que venció en Waterloo» (cf. uso análogo en Mt. 10, 4; Act. 1,16; 25,13). 384BLos Evangelios no ofrecen razones aceptables para identificar a la anónima con María de Betania. María de Magdala y María de Betania. — Es imposible hacer de ellas una sola persona. María de Betania (aldea de las cercanías de Jerusalén) siempre es mencionada por Lc. (10, 39-42) y por Jn. (11, 1-3; 12, 3) como hermana de Marta, y en cambio, respecto de la otra, siempre especifican diciendo «la Magdalena» o de Magdala (aldea situada en la orilla occidental del lago de Genesaret), y nunca la ponen en relación con Marta.

Conocida la índole tranquila y contemplativa de la primera (Lc. 10, 39 ss.), no es posible ni imaginarla recorriendo toda Galilea siguiendo a Jesús y a los Doce, ocupándose del mantenimiento de ellos, según se dice de Magdalena (Lc. 8, 2). La unificación partió de Lc. 8, 2; la posesa María de Magdala fué considerada como pecadora (cf. S. Jerónimo, PL 22, 588) y se la acercó a la anónima haciendo de las dos una misma persona por confundir obsesión con vida pecaminosa. Todos los que sostuvieron la unidad de la unción (Lc. 7; Jn. 12), fundándose en el inciso Jn. 11, 2, identificaron a María de Betania con la pecadora anónima. Ya sólo faltaba identificar a María de Betania con María de Magdala, lo que fué facilitado por la identidad del nombre. La autoridad de S. Gregorio para la Iglesia latina impuso esta opinión hasta el s. xiii . [F. S.]

Bibliografía

F. Spadafora, Temi di esegesi , Rovigo 1953, pp. 353-58
H. Simón - G. Dorado, Novum Testamentum , I, Turín 1944, pp. 569 ss.
J. A. Oñate, María Magdalena, María de Betania y la pecadora, del Evangelio ¿son una misma? , en CB (1944)
J. Leal, Las apariciones a María Magdalena en la exégesis postridentina , en AGT (1946).

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