GIGANTES
Es el griego 'γίγαντες, empleado por los traductores alejandrinos para trasladar el hebreo nephílim (Gén. 6, 4), derivado del verbo náplml, «caer sobre uno», agredir con ímpetu (cf. la traducción literal de Áquila eTtLTTLñTovres y la de Símaco jSialot = violentos): los antiquísimos «héroes» tal vez distintos de los que nacieron de los hijos de Set y de Caín. El mismo yíyavres = «fuerte, robusto, violento» (Esquilo, Agam., 692). Bar. 3, 26 ss.; Eclo. 16, 7; Sab. 14, 6, describen la violenta soberbia de los mismos y su perversa seguridad en las propias fuerzas. Solo la mentalidad popular se imaginó una raza de gigantes de estatura, facciones y fuerzas extraordinarias, semidioses, especies de divinidades unidas a seres mortales.
Pero en la Biblia, que habla de índoles y características morales, no hay ninguna de tales imaginaciones. Son evidentes las exageraciones y, mejor dicho, los colores fantásticos con que los exploradores israelitas pintan su relato disolvente al hablar de los nephílim que allá habían visto (Núm. 13, 33), en cuya comparación ellos eran como langostas, relato comentado irónicamente en Dt. 9, 2. Los monumentos megalíticos: dólmenes, cromlec, etc., hallados en 237APalestina , prueban la existencia de una raza más fuerte y más robusta e incluso más alta que la de los semitas, que en la época presemítica pobló la Transjordania y algunas partes de Palestina. Son las tribus de la época neolítica (hacia el cuarto milenio), que quedaron sumergidas bajo el peso de las invasiones semitas, y cuyos restos fueron derrotados y aniquilados por los hebreos. La Biblia nos enseña que a esa raza se la apellidaba con varios nombres, según las regiones. Llámaseles:
1. Enacim (’anáq = hombre de larga cerviz; Núm. 13, 13. 28; Dt. 1, 28; 2, 19 s. 21; 9, 25); viven en las montañas de Judá, Hebrón; son derrotados y aniquilados por Josué, con lo que quedaron reducidos a Gaza, Gat, Azoto (Jos. 11, 21 s.). Tal vez Goliat fuese un descendiente de ellos (I Sam. 17, 4; cf. II Sam. 21, 15-22).
2. Refaím, término más antiguo y general que después quedó restringido a los gigantes y preferentemente a los que vivían en la Transjordania, desde los dominios de Amón hasta el Hermón. Las principales ciudades de su reino eran Astarot, Qarnaim (Gén. 14, 5), Mison y Beon. Esta región era la de los Refaím antes de llamarse Galad. Fueron exterminados por los amorreos (y.). Og, rey de Basan, aun cuando era rey de los amorreos, pertenecía a los últimos Refaím (Jos. 12, 14; 13, 2). En Dt. 3, 11, no se habla de su lecho de hierro, como dice Ia Vulgata, sino de su sarcófago de basalto, verdaderamente grandioso (de unos 4,5x2 m.), pero que en manera alguna puede servir de conjetura para llegar a la estatura de Og, pues las del sarcófago responden a las exigencias de la grandiosidad y no a las medidas del cadáver. En las cercanías de Jerusalén era célebre el valle de los Refaím (que va bordeando a Jerusalén por el sur y va a dar al noroeste hacia Neftoah = Lifta: Jos. 15, 9; 18, 15 ss.), que a veces se traduce erróneamente en la versión grecoalejandrina por el «Valle de los Titanes».
El término Refaím, lo mismo en hebreo que en fenicio, tiene también el significado de «sombras» de los difuntos, los habitantes del Se’ól o de los infiernos, los «manes» de la antigüedad clásica. Poco a poco fue adquiriendo su nombre el significado de «debilidad», falta de consistencia (refiriéndose a la raíz rafáh; erróneamente la traduce a veces el griego por larpoí, «médicos», de la raíz rafa’; otras veces por yíyavre?; cf. Vulgata, Sal. 88, 11: Is. 26, 14, etc.). En realidad, en un principio se empleó el término para significar una categoría particular (237Buna clase importante) de los difuntos o habitantes de los infiernos; Job. 16, 5; Is. 14, 9, «seres imponentes» (J. M. Lagrange, Études sur les religions sémitiques, 2.a ed., París 1905, p. 348; cf. p. 405 ss.). Igual impresión se saca de los textos fenicios. Con el tiempo se extendio de los muertos privilegiados a todos los otros indistintamente.
3. En el país de Moab se les llamaba Emim (Dt. 2, 10 ss., nombre que tiene cierta afinidad con la raíz ’ájmáh = aspaviento). Los amonitas llamaban Zuzin (Gén. 14, 5) y Zomzommim a los que habían vivido en su región (Dt. 2, 20 s.). [G. B.]
Bibliografía
A. Barrois, en DBs, I, col. 999. F. M. Abel, Géographie de la Palestine, I, París 1933, pp. 355 s., 392-94. A. Clamer, La Genèse, París 1953, pp. 168-74.