Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

ESPÍRITU de Yavé

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El hebreo rúah (fem.) etimológicamente equivale a «soplo», «viento», «espíritu», que comunica, da vida. Desde el segundo versículo del Génesis (1, 2) lo hallamos atribuido a Dios. «El soplo o el espíritu de Dios revoloteaba sobre las aguas» del caos. Por una parte la nada o caos, por otra «el poder divino» dispuesto a sacar de la nada al universo. «Una palabra del Señor creó los cielos, y un soplo de su boca les dio su ornato» (Sal. 33, 6); en estrecho paralelismo, al mandato responde «el soplo de su boca», para expresar la misma acción creadora (cf. Is. 11, 4; 34; 16; Sal. 147, 18). Y así la expresión espíritu de Yavé expresa cualquier acción de Dios que termina en el exterior. Significa también una fuerza divina o un impulso por el que los hombres son dirigidos o impulsados a obrar cosas admirables. A cumplir la misión a que Dios les destina. Tal influjo invade al alma del hombre haciéndola partícipe en cierto modo de la luz y de la fuerza de Dios. En el Antiguo Testamento el espíritu de Dios está descrito como causa de efectos prodigiosos, pero transitorios, de fuerza, de valor, o exalta 195Ación religiosa (cf. los llamados «hijos de los profetas»).

Cuando el espíritu de Yavé «agita» a Sansón (Jue. 13, 25) o «irrumpe sobre él» (Jue. 14, 6), le comunica fuerza para despedazar un león con sus manos (Jue. 14, 16) para matar él solo a 30 hombres (Jue. 14, 19), para romper las maromas que le aprisionaban y derrotar a mil filisteos (Jue. 15, 14 s.). Cuando el espíritu está en Otoniel (Jue. 3, 10) o en Jefté (Jue. 11, 25) y fortalece a Gedeón (Jue. 6, 14) o «arrebata a Saúl» (I Sam. 11, 6), estos héroes alcanzan grandes victorias. Pero el espíritu de Yavé no es solo un impulso transitorio, sino también un don permanente en relación con la vida religiosa y moral.

Así, el espíritu de Yavé está en Moisés (Núm. 11, 17. 25), es transmitido o comunicado por Dios a Josué (Núm. 27,.18); penetra en David desde el día de su unción (I Sam. 16, 13) y habla por su boca (II Sam. 23, 2); reside en Elíseo (II Re. 2, 9). El espíritu (impulso divino) dirige a los seres que llevan el trono de Yavé (Ez. 1, 12); es la fuerza divina la que eleva a Ezequiel y le infunde una calma confiada para estar en presencia de Dios y recibir su palabra (Ez. 2, 2; cf. 3, 12), la que obra sobre su alma y le comunica las visiones proféticas (8, 3).

El espíritu de Yavé es el que principalmente expresa la inspiración profética (v. Profeta) (cf. Zac. 7, 12; Sab. 7, 7). Es, pues, fuerza divina y don otorgado por Yavé de una manera permanente, con miras a una misión o función determinada. ' El espíritu de Yavé morará permanentemente en el Mesías (Is. 11, 1) y por tanto dirigirá toda su actuación para hacer de él el rey ideal, comunicándole dones intelectuales sobrehumanos y cualidades morales extraordinarias. Tener en sí el espíritu de Yavé equivale a pensar y obrar como piensa y obra Dios. El espíritu de Yavé es también la fuerza que, como sucedio con el salmista (Sal. 51, 12 ss.), obrará en la nueva alianza la renovación moral y religiosa. Ez. 36, 26 s.: «Pondré en vosotros un nuevo espíritu, y haré que cumpláis con mis leyes», etc. Un nuevo principio de acción (espíritu nuevo), cual otro principio vital, guiará su conducta y les hará practicar obras dignas del Señor (cf. Is. 32, 5; Jl. 2, 28; Zac. 4, 6 etc.); y ese principio de acción procede de Dios (mi espíritu), fuente de vida moral, y, lo mismo que el agua de que habla Jesús a la Samaritana (Jn. 4, 14), desciende del cielo y sube y hace subir hasta cí cielo.

La revelación del misterio del 195BEspíritu Santo (v.), tercera persona de la Sma. Trinidad, estaba reservada al Nuevo Testamento, en donde alguna vez aparece el espíritu del Señor en el sentido considerado hasta ahora, como p. ej., en Lc. 1, 35, donde πνεῦμα ἅγιον (espíritu santo) está explicado en el más riguroso paralelismo por δύναμις ὑψίστου (= el poder del Altísimo). No siempre es fácil determinar cuándo se habla directamente de la tercera persona de la Sma. Trinidad. [F. S.]

Bibliografía

P. Van Imschoot, L’action de l’esprit de Jahvé dans l’A. T., en RScPhTh, 23 (1934), 553-87. L’e. d. J. source de vie dans l’A. T., en RB, 44 (1935), 480-501. L’e. d. J. et l’Alliance nouvelle, en EthL, 13 (1936), 201- 20. L’e. d. J. source de vie morale dans l’A. T., ibíd., 16 (1939), 457-67. P. Heinisch, Teología del V. T., Torino 1950, pp. 124-32. * S. Enciso, Manifestaciones naturales y sobrenaturales del Espíritu de Dios en el A. T., en EstB, V (1946), 4.

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