ESPERANZA
El Antiguo Testamento, con el gr. ἐλπίς traduce diferentes términos que significan confianza (Sal. 25 [24], 1 s.) en Dios, en que llegará el auxilio, en la liberación de un peligro, de una necesidad; sentimiento filial del justo hacia Dios, que es su salvación, su seguridad (Sal. 46, 6; 70, 5; Jer. 17, 7; Sal. 4, 6; Prov. 20, 22, etc.). En particular, la esperanza del justo respecto de su destino de ultratumba (Sal. 16, 8-11; 17, 15; 49, 16; 73, 24; F. Spadafora, en Rivista Bíblica, 1 [1953] 210-15). En el Nuevo Testamento la esperanza es la segunda de las virtudes teologales, entre la fe y la caridad, que son los constitutivos de la vida cristiana (I Tes. 1, 3). El bautizado nace a la fe y a la esperanza simultáneamente (I Tes. 1, 9 s,); su objeto directo es la gloria eterna (Col. 1, 27), «la manifestación de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo» (Tit. 2, 11 ss.) y también la resurrección de nuestro 194Bcuerpo y su glorificación (I Cor. 15; Rom. 8). Prácticamente todos los bienes que nos aguardan en el más allá de la tierra (Col. 1, 5), inmediatamente después de nuestra muerte (Flp. 1, 21. 23; II Cor. 5, 6. 8).
La oposición entre los paganos y los cristianos está expresada por dos veces en San Pablo con la frase: «Aquellos que no tienen esperanza» (Ef. 2, 12; 1 Tes. 4, 13), aplicada a los paganos. Con la esperanza va unida la paciencia perseverante, ὑπομονή (I Tes. 1, 3; Rom. 8, 25, etcétera), firmeza resistente y batalladora, necesaria para soportar las tribulaciones reservadas a los cristianos (I Tim. 6, 11, etc.). Esta esperanza ha sido difundida por Dios en nuestros corazones (II Tes. 2, 16; Rom. 15, 5, 13, etc.); se funda en Cristo, que es «nuestra esperanza» (Col. 1, 27). Pero su última razón es el amor de Dios (Rom. 5, 5), y por eso «la caridad todo lo espera, todo lo sufre» (I Cor. 13, 7). Este amor de Dios, que desciende por el Hijo hasta nosotros y que nada es capaz de disminuir, es para nosotros una prueba segura de todos los bienes sobrenaturales (Rom. 8, 35-39). [F. S.]
Bibliografía
R. Bultmann-K. H. Rengstorf, ἐλπίς, en ThWNT, II, pp. 515- 31. J. Bonsirven, Il Vangelo di Paolo, Roma 1951, p. 314 ss. * T. D. Orbiso, Los motivos de la esperanza cristiana según San Pablo, en EstB, 4 (1945), 2.