ESCLAVITUD
190AEs la condición de los prisioneros de guerra no israelitas (cf. I Sam. 30, 3; II Par. 28, 8-15), a los que en períodos anteriores se daba muerte (Núm. 31, 7; Dt. 20, 13 s.). Igual suerte corrían los que eran capturados con una cuadrilla (Am. 1, 6. 9), los insolventes en caso de deuda o los que se hallaban en apuros económicos (Éx. 21, 7 s.; Am. 2, 6; 8, 6; II Re. 4, 1; Neh. 5, 5. 8), y también los ladrones incapaces de restituir el hurto, que pasaban a ser propiedad de aquellos a quienes habían robado (Éx. 22, 2). Había mercados reconocidos de esclavos en los que eran muy activos los habitantes de Tiro (Am. 1, 9; Ez. 27, 13).
Al parecer, el precio normal eran 30 siclos (cf. Éx. 21, 32), con sus inevitables oscilaciones. Según Lev. 25, 42 ss.; Dt. 24, 7, estaba prohibido el mercado de esclavos israelitas. La ley hebrea tiende a limitar el derecho del amo, el cual estaba obligado a poner en libertad al esclavo a quien había hecho objeto de malos tratos (Éx. 21, 26 s.): debía devolver la libertad a todos los esclavos del propio pueblo después de seis años de servicio, concediéndoles una mínima ayuda indispensable para su sustento inmediato (Lev. 25, 39-54; Éx. 21, 2; Dt. 15, 12-15).
Pero esta disposición tan humanitaria quedó solamente en la teoría. Hízose una solemne promesa de liberación en el tiempo del asedio de Jerusalén en el 587, pero no llegó a cumplirse (Jer. 34, 8-22).
La ley, en cambio, dejaba únicamente al esclavo el derecho a elegir entre la libertad y la continuación en su estado (Éx. 21, 5 s.), que también podía cesar a consecuencia de haber sido rescatado por los parientes o también por la fuga (Dt. 23, 16 s.; pero cf. I Re. 2, 39 s.). La base de estas disposiciones humanitarias estaba en el respeto de la dignidad humana y en el pensamiento de que así amos como esclavos todos tenían un mismo Dios creador.
Con los esclavos, incluso con los no israelitas, se practicaba la circuncisión, y se les otorgaban derechos especiales relacionados con la religión hebrea, como el descanso del sábado (Éx. 20, 10; 23, 12; Dt. 5, 14). Y no faltan casos concretos o consejos teóricos que suponen una relación de mutuo respeto e incluso de amistad entablada entre el amo y su esclavo, especialmente después de la liberación de éste (cf. Gén. 15, 2 ss.; II Sam. 9, 1; II Re. 4, 26 ss.; Prov. 17, 2). Algunas sectas judías, como los esenios (cf. FI. Josefo, Ant., XVIII, 21) y los terapeutas (Filón, De vita contemplativa, 70), reprueban por principio la esclavitud.
190BEn el Nuevo Testamento no existe legislación alguna sobre la esclavitud, ni se plantea este problema desde el punto de vista moral-social; pero la solución práctica que da San Pablo para el caso de Onésimo, esclavo fugitivo, es un indicio de que, aun prescindiendo de una repentina revolución social, la esclavitud estaba llamada a desaparecer. De momento se limita, lo mismo que los otros Apóstoles y los más antiguos escritores eclesiásticos, a inculcar los principios que fácilmente habrían dado como resultado su abolición. A la recomendación práctica, dirigida a los amos para que se porten con humanidad (Ef. 6, 9; Col. 4, 1), únese el recuerdo constante de la igualdad de todos los hombres delante de Dios y del pensamiento dominante de que en Cristo no hay esclavo ni libre (Gál. 3, 28; Col. 3, 11). [A. P.]
Bibliografía
R. Salomon, L’esclavage en droit comparé juif et romain, París 1931. M. Roberti, La lettera di S. Paolo a Filemone e la condizione giuridica dello schiavo fuggitivo, Milano 1933. J. Mendelsohn, Slavery in the ancient Near East
A Comparative Study of Slavery in Babylonia, Assyria, Syria and Palestine.., Oxford 1949.