Diccionario Bíblico

Luigi Vagaggini

CATEQUESIS apostólica

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Es la enseñanza o predicación del Evangelio (κατηχέω - resonar, según el método rabínico basado en la repetición: el discípulo se apropiaba la enseñanza del maestro repitiendo frase por frase) desde la primera Pentecostés que siguió a la Ascensión (Act. 2, 14-39). Es el mandato de Jesús (Mt. 28, 16); los Apóstoles estaban preparados jpor el ejemplo del propio Redentor (Mt. 9, 35) y por las misiones realizadas mientras vivían con él (Jn. 4, 38; Mt. 10. 1.7 ss.; Lc. 9, 2 ss.; 10, 1 ss.). Los Apóstoles se valieron posteriormente de la ayuda de los diáconos (Esteban, Act. 6, 10; Felipe: 8, 35) y de cierta categoría de 107Apersonas llamadas «evangelizadores» (Ef. 4, 11; II Tim. 4, 5). Tal vez éstos se dedicaban juntamente con los «catequistas» a hacer conquistas para la fe, en tanto que los «doctores» (Rom. 12, 7; I Cor. 12, 8) tenían el cometido de instruir a los convertidos.

La catequesis tenía por objeto principal «los dichos y los hechos» de Jesús crucificado y resucitado (Act. 1, 1; 28, 31; I Cor. 1, 23; 3, 11) y las condiciones esenciales para alcanzar la salvación que Él obró, pero bajo diferentes ropajes, según se tratase de catequizar a judíos (Jerusalén, Palestina ) o a paganos (Antioquía y otras partes). A los judíos se les demostraba que Jesús era* el Mesías predicho por los profetas, e incluso que era el mismo hijo de Dios, principalmente con motivo de la resurrección (Act. 2, 22-36; 13, 26-41; y el Evangelio de M t.'); a los paganos se les probaba lo absurdo del politeísmo, la existencia de un Dios creador y remunerador y la de su providencia, que se reveló al mundo por medio de Jesús, enviado del cielo e hijo suyo (Act. 14, 14 ss.; 17, 22-31). Para los ya convertidos que estaban preparándose para el bautismo o que estaban en peligro de apostasía, se exigía una catequesis más profunda en torno a cada uno de los fundamentos de la fe (Hebr. 5, 12-6, 2), con las clasificaciones de catequesis dogmática, histórica, moral y litúrgica.

La Didajé nos ofrece un modelo catequístico moral, con las principales normas de vida cristiana y el elenco de los pecados que deben evitarse. Las diferencias accidentales de la catequesis apostólica (sustancialmente idéntica: I Cor. 3, 11; Rom. 6, 17) son debidas al hecho de que prevalecía uno de los elementos: judío (Palestina, Mt.), pagano (Roma, Mc.) o también mixto (Antioquía, Lc., Pablo ). Otras diferencias aun más secundarias dependen de la persona misma del Apóstol o del Evangelista; en este sentido se habla de una catequesis de Pedro, de Pablo, de Juan, etc. En cuanto a la determinación de la catequesis en sus grandes líneas, la parte principal corrió a cargo, naturalmente, del jefe de los Apóstoles, como lo prueba la correspondencia que se observa entre su catequesis, conservada sustancialmente en Act. 1, 21 s. (cf. 10, 36-43) y el segundo evangelio que expone su predicación.

Lo propio puede observarse en los otros dos sinópticos; pero Lc. se hace eco más bien de la predicación de San Pablo, y fue compuesto con miras a una instrucción más sólida de los catequizados (Lc. 1, 1-4), lo mismo que el cuarto evangelio (Jn. 20, 31) que desarrolla los discursos más elevados de Jesús y su ministerio en Judea y en Jerusalén, que los Sinópticos dejan en 107Bla penumbra. Aun cuando la catequesis se fijó por escrito, con el fin de extender el radio de acción de la catequesis oral, ésta no perdio en importancia, antes bien fue siempre considerada como una explicación más amplia y viviente de la catequesis escrita que necesariamente había de ser más restringida y como fosilizada. He ahí el origen de la Tradición, fuente de Revelación, como la Sagrada Escritura. La lengua de la catequesis apostólica fue el arameo, y también el griego, frecuentemente formulada muy concretamente y repetida después hasta en los Evangelios escritos. Así la historia del origen y del desarrollo de la catequesis apostólica ofrece una contribución notabilísima a la solución del problema sinóptico. [L. V.]

Bibliografía

G. Bareille, Cathéchése, en DThC, II, col. 1877-80. F. Prat, La teología de San Pablo, II (ed. esp.), México 1947, pp. 32-42. L. Allevi, Catechesi primitiva, en SC, 70 (1942) 21, 6. H. Simón-G. Dorado, Introd. in T. N., I, Torino 1944, pp. 11-7.

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