BARUC
(hebr. Bárukh = Bendito). Secretario y compañero del profeta Jeremías (cf. Jer. 32, 12 ss.; 43, 2-7; 45, 1-5), cuyos dolores y angustias comparte en Judea, y a quien sigue a Egipto, donde habrían muerto, según San Jerónimo (In Is. 30, 6 s.). La mayoría de los escritores antiguos y las leyendas rabínicas están en que Baruc murió en Babilonia, donde compondría también el libro que lleva su nombre. Su libro consta solo de cinco capítulos, a los que en la versión latina se ha añadido la Epístola de Jeremías. Tras una breve introducción historica (1, 1-14), vienen tres partes muy distintas: la primera (1, 15-3, 8) está constituida por una larga plegaria con la confesión 71Ade los pecados (1, 15-2, 35) y la súplica por la liberación y el retorno del destierro (3, 1-8); la segunda (3, 9-4, 4) es una alabanza a la divina sabiduría, inaccesible a los hombres (3, 15-31), pero propiedad natural de Dios (3, 32-36), que ha hecho partícipe de ella al pueblo hebreo mediante su Ley (3, 37-4, 4); en la tercera (4, 5-5, 9) trae una exhortación, en la que Jerusalén personificada invita al pueblo a la esperanza, amenazando a las naciones vecinas (4, 5-29).
Y se termina con un apóstrofe del poeta a la ciudad, a la que se prometen el retorno de los deportados y un nuevo esplendor. La introducción está en prosa. La bella plegaria penitencial de la primera parte tiene frecuentes reminiscencias de Jer. y es paralela al fragmento análogo de Daniel 9, 4-19; en 4, 5-5, 9 prosiguen con ritmo poético los acentos propios de una lamentación (4, 9-16) con los de una calurosa exhortación que se propone infundir confianza y seguridad para el porvenir (cf. 4, 5-9. 30; 5, 9; afinidad con Is. 40, 66); la sección intermedia (3, 9-4, 4) está en forma poética, en la que predomina el elemento lírico con frecuentes alusiones nómicas o parenéticas: es un himno a la divina sabiduría e invitación a conservar y estimar un don tan precioso (en afinidad con los libros sapienciales y proféticos). Esta discontinuidad y diversidad de estilo (en particular la alternación de los nombres divinos) entre la primera y la tercera parte plantea el problema de la unidad del libro y del autor. Del testimonio del primer versículo los antiguos sacaron la conclusión de que el libro era todo de Baruc.
Algunos (basados en San Ireneo y en San Agustín) dedujeron que también aquí Baruc desempeñó el oficio de secretario de Jeremías, a quien lo atribuyeron. Sólo en tiempos de la reforma se comenzó a rechazar la canonicidad (v. Canon) y la autenticidad del libro. Entre los acatólicos generalmente atribúyese la obra a tres autores, uno para cada parte, y ninguno de ellos es Baruc. Hay incluso muchos que aplazan la composición de alguna de las partes y la reunión de las tres secciones para la época romana, posterior al año 70 después de J. C. (desde Schürer hasta Desterley). Otros más recientes (Eissfeldt, Bentzen, Lods) se remontan cuando menos al período helenista macabeo. Los católicos siguen admitiendo la autenticidad de Baruc: «su actitud es tan justificada, por lo menos, como la de quienes se oponen a la concepción tradicional» (Dennefeld). 71BExisten, no obstante, hipótesis que tienden a justificar la diversidad de las partes suponiendo habernos sido transmitidas separadamente durante cierto tiempo (Simón-Prado) o admitiendo la posibilidad de autores diferentes, especialmente para el fragmento 3, 9-4, 4 (Göttsberger, Höpl-Miller-Metzinger).
Heinisch admite con Stoderl la autenticidad de la primera parte, coloca la tercera parte hacia el fin de la cautividad y la segunda entre el 480 y el 180 a. de J. C. El libro — según la opinión más favorable — fue todo él escrito en hebreo. Pero hoy solo lo tenemos en griego y en las versiones de él derivadas. [A. P.]
Bibliografía
L. Dennefeld, Baruch (La Ste. Bible, ed. Pirot. 7), París 1947, pp. 435-51. A. Penna. Baruch (La S. Bibbia), Turín 1952.