ALTAR
Especie de mesa de tierra, madera, piedra o metal, sobre la cual se ofrecían los sacrificios (hebr. mizbeah = lugar donde se inmola, de zábáh, pero el sentido etimológico ha sido superado ampliamente por el uso). El término hebreo bámáh ( altura , v.) está reservado normalmente para designar los altares y el conjunto de construcciones destinadas al culto idolátrico (cf. I Re. 11, 7; II Re. 23, 8. 15. 19) y al culto ilegal (cf. I Re. 3, 2 ss.; II Re. 12, 3; 14. 4. 35). En Ez. 43, 15 llámase ari’el (hogar) a la parte alta del altar. El primer altar de que habla la Sagrada Escritura es el erigido por Noé (Gén. 8, 20); luego viene el que erigió Abraham para sacrificar en él a su hijo (Gén. 22, 9). La primera prescripción sobre el altar (Éx. 20, 24 ss.) establece que sea únicamente de tierra o de piedras sin labrar, y que para su acceso no haya gradas. Son célebres el altar de los holocaustos y el altar del incienso en el Tabernáculo y en el Templo.
El primero (cuyo nombre venía del sacrificio principal que en él se ofrecía) era de madera de acacia revestido totalmente de bronce, y tenía forma cuadrangular; cada uno de sus ángulos terminaba en una prominencia, agudizada hacia arriba, y por eso llamada «cuerno», que era del mismo material e igualmente forrado de bronce. Los «cuernos» o esquinas tenían especial 24Aimportancia (cf. Lev. 4, y 1 Re. 1, 50; 2, 28); por la rotura de alguno de ellos quedaba execrado el altar (Am. 3, 14). La solemne consagración del altar duraba siete días. Lo ungían con óleo y lo rociaban con sangre de las víctimas (Éx. 29, 12 s.; 36 s.; 30, 25-29; Lev. 8, 10-15; Ez. 43, 18-27). Sobre él debía estar ardiendo continuamente el fuego del sacrificio (Lev. 6, 13; Núm. 28, 3-8).
En el tabernáculo de Moisés el altar estaba delante de la tienda de la alianza . El altar erigido para el templo de Salomón, llamado «el altar de bronce» (I Re. 8, 64; II Re. 16, 14 s.), era notablemente mayor que el de Moisés (I Re. 8, 64; II Par. 4, 1), y estaba emplazado en el departamento interior (Jl. 2, 17). Éste aparece de nuevo en el templo de Zorobabel (cf. Esd. 3, 2-6; Neh. 13, 10; I Mac. 1, 23, 57; 4, 38, 44 s. 47, 53).
Había un altar llamado del incienso o de los perfumes por estar reservado para quemar sustancias aromáticas en honor de Dios (Éx. 30, 1-10). Era de madera de acacia revestida de oro y terminada con un borde de oro que impedía la caída de los perfumes y de las brasas. Sus proporciones eran muy reducidas (Éx. 39, 38; 40, 5.26). Lo mismo que el anterior, iba éste adornado con cuatro «cuernos» y estaba provisto de dos anillos para ser fácilmente transportado. Se le consagraba con óleo (Éx. 30, 25 ss.); y su lugar era el interior del tabernáculo de la alianza (el Santo) (Éx. 30, 6). En él se quemaban los aromas por la mañana y al atardecer (Éx. 30, 7 ss., 31-36), y en sus «cuernos» se efectuaba un solemne rito de expiación (Éx. 30, 10; Lev. 4, 2-14; 16, 12). En el templo de Salomón el altar del incienso fué fabricado con madera de cedro y revestido de oro, de donde vino el llamarlo «altar de oro» (I Re. 7, 48) o, según Ryckmans, «altar de los aromas». Sobre el altar del incienso en el templo de Zorobabel cf. I Mac. 1, 23; 4, 49; II Mac. 2, 5. [L. M.]
Bibliografía
A. Clamer, La Ste. Bible (ed. Pirot, 2), París 1940, pp. 61 ss. 78 s. E. Kalt, Archeologia Bíblica , 2.ª ed., Torino 1944, pp. 109-12. 117 s.
A. Colunga, El altar único en la religión mosaica , en CB , IX (1952), 93.