Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

FRANCIA

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Clodoveo, el primro de los reyes católicos, según la tradición, habría puesto en París, en el área de un templo druídico, la primera piedra de un templo dedicado a María, terminado después por su hijo Childeberto. Habria también contribuido a la reconstrucción del santuario de Ferrières en el Senonado. Los demás príncipes merovingios erigieron también no pocas capillas y abadías a la Virgen. Bajo la siguiente dinastía, el culto de la Virgen hizo notables progresos. El rey Pipino, al atravesar sus estados de Austrasía, gustaba de pararse en las capillas silvestres atendidas por piadosos ermitaños, y, después de haber satisfecho sus devociones, dejaba aJlf como don su gorro adornado de piedras preciosas. Su hijo Carlomagno edificó tres iglesias a la Virgen en Alemania y dispuso que sus imágenes, después de haber adornado su palacio de Aquisgrán, fuesen colocadas en su tumba. Ludovico Pío, hijo de Carlomagno, llevaba siempre consigo la imagen de María en la caza y en los viajes» Cuando se hallaba solo en los bosques, colocaba la imagen al apoyo de una eneina y ante ella expansionaba su corazón.

Más tarde está imagen fue por dl colocada en la soberbia abadía de Hildesheim que hizo construir en honor de María. Bajo Luis el Calvo, París, asedíada por los dafleses, acudid confiada a la protección de María y se salvó. En 1168 se institufa en Parfs la gran «Cofradía de Nuestra Señora para los Señores Sacerdotes y Burgueses de París». Pertenecian a ella los reyes y las reinas, los obispos y los más distinguidos ciudadaños. Los Capetos proclamaron a María «Estrella de su reino», bajo cuya advocación surgen casi contemporaneamente no menos de treinta catedrales: son célebres las de París, Chartres, Amiens, Reims, Estrasburgo, Rouen, Coutances, Bayeux, Zeez, Mende, Puy y Clermont. El rey Roberto dedied a María monasterios en Poissy, Melum, Etampes y Orleans. S. Luis, rey de Francia, hizo construir varias iglesias en su honor. Iba frecuentemente a Parfs para orar en Notre-Dame. Quiso también que la capilla de su pala cio fuese dedicada a María. Antes de su primera cruzada fue a arrodillarse ante la milagrosa imagen de N.ª S.ª de Pontoise para poner en sus manos la suerte de Francia, de su ejdrcito y de su persona.

Felipe el Hermoso y Felipe de Valois, en seftal de gratitud por la asístencia recibióa de la Virgen en las guerras de Flandes, le ofrecieron los caballos en que montaban y las armas con que habían combatido. Juana de Evreux, esposa de Felipe el Hermoso, ofrecid a N.ª S.ª del Carmen su díadema de díamantes, esmeraldas y ru bles, junto con un rico cinto adornado de perlas y de pequefios ramilletes de lirios de oro con piedras preciosas, regalo del rey en el día de su coronación. Este regalo iba acompaflado de mil quinientos fiorines de oro. Las reinas de Francia de aquellos tiempos, al hacer su entrada en la capital del reino, solían ofrecer en homenaje a la Reina del universo su magnffica corona, re cibida de la capital del reino. La corona ofrecida por Isabel de Baviera era toda de oro y piedras preciosas. Las diferentes ciudades del reino rivalizaban con sus monarcas en ponerse bajo la especial protección de María. Después de la derrota de Poitiers, Francia se vio reducida a una provincia inglesa.

En tan dura situación el jefe de los comerciantes hizo voto, en nombre de la ciudad de Parfs, de presentar todos los años a la Madre de Dios, en la catedral, un hacha tan larga como la circunferencia de los muros de la ciudad. Cuando el ejdrcito inglés se disponfa al asedio de Chartres, he aquí que un violentísimo huracán le impidió el avance, en lo cual vio el rey de Inglaterra una intervención de María e hizo la paz. La promesa sobredicha se mantuvo ininterrumpidamente hasta los tiempos de la Liga. Desde 1605 a 1789, el largo hachón retorcido fue sustituido por una lámpara de plata, con una gruesa mecha que ardid perennemente ante el altar de María. El rey Juan de Valois instituyó en honor de la Virgen la Orden de los Caballeros de Nuestra Señora de la Noble Casa, más conocida bajo el título de «Caballcros de la Estrella». Estos caballeros ayunaban todos los s£bados en honor de María: caso de que no pudiesen hacerlo, estaban obligados a dar a los pobres quince centavos parisienses en memoría de los quince gozos de María. La bandera estaba sembrada de estrellas y con una imagen de María.

Carlos VI, en los primeros años de su reinado, en cumplimiento de un voto hecho en Languedoc, instituyó también una orden caballeresca en honor de María, la Orden de N.ª S.ª de la Esperanza, cuyo símbolo quiso que fuese una cstrella. Más tarde, cuándo el infeliz Carlos VI se puso loco, y su infiel esposa, Isabel de Baviera, hizo entrega de Francia a los ingleses, la situación del reino era desesperada. Carlos VII, sucesor en 1422 de Carlos VI, no sabía a quién recurrir. El pueblo invocó a la Virgen y la Virgen intervino y mandó a la célebre hevofna Juana de Arco. «Yo vine de la Bienaventurada Virgen María.» En su estandartc estaban escritos dos nom» bres: «Jésus-María!» Fue en Orleans donde, después de haber invocado a María en la capilla de N.ª S.» de los Auxilios, alcanzd sobre los ingleses la gran victoria que salvó a Francia. rnmedíatamente hizo ella cantar el Te Deum en la iglesia de N.ª S. 1 de los Milagros. Ante el altar de N.ª S.ª de Puy —en donde había orado muchas veces durante la invasión inglesa— Carlos VII fue proclamado rey de Francia. Luis XI demostró también ser muy devoto de la Madre de Dios.

Durante las solemnes audiencias, no llevaba más ornato que una pequeña imagen de plomo de Nuestra Señora en el gorro real, y solía decir que daba más valor a aquel pedacito de plomo que a todo el oro de su reino. En 1478 desmembró de Artois el condado de Bolonia y se lo ofrecid a María, declarándola Condesa de Bolonia. Más tarde colocó a sus pies, a título de rédito feudal, un corazón de oro, que pesaba trece marcos, y prometió que sus sucesores en el trono vendrfan a renovar el homenaje y la ofrenda a la Virgen aSoberana». Suya es la siguiente prescripción: «Se manda a todos los franceses, caballeros, hombres del ejdrcito y plebe, ponerse “sobre las dos rodillas” al “toque del mediodía", santiguarse devotamente y orar a Nuestra Señora para obtener una paz confortable.» Murió —según había declarado y tal como lo había predicho, después de un aho de penitencia que le había aconsejado S. Francisco de Paula— en día de sdbado, dedicado a María (Cf. De Liskenne, Vita di Luigi XI, t. II). Expiró invocando a Nuestra Señora, y susurrando quedamente: «Misericordías Domini in aeternum cantabo.» Fue sepultado —por orden suya— en N.ª S.ª de Clery.

También Luis XII dio más de una vez testimonio de su agradecimiento a María por los favores recibióos. Es conmovedor el acto de homenaje tributado públicamente a María por el rey Francisco I. Habiendo osado un impfo derribar, en el centro de París, la cabeza de una imagen de María, el rey quiso hacer una reparación priblica por el sacrflego ultraje a la Madre de Dios. Descalzo, con la cabeza descubierta y una vela en la mano, seguido procesionalmente de los senores de la corte y de todos los miembros del Parlamento, se fue ante aquella imagen y con sus propias manos colocó de nuevo sobre el altar una magnffica imagen de María. Después de la brillante victoria de Margnan, Francisco I hizo construir en Milan una iglesia en honor de la Madre de Dios. El alud protestante halld en Francia una barrera inquebrantable en la devoción a la Virgen Santísima. A sus pies sufrid la hereji'a un fracaso final con la conversión de Enrique IV y con su consagración a Notre-Dame de Chartres. Después de Enrique IV, Luis XIII consagró solemnemente toda Francia a María. Mandd a su ejército rezar el rosario para obtener el triunfo sobre los protestantes.

Fundó, en seríal de agradecimiento por la victoria de Inglaterra sobre los calvinistas, «Notre-Dame-des-Victoíres», el 9 de junio de 1629. El nacimiento del futuro»rey Luis XIV, que aconteció, después de una confiada súplica a María, el 5 de septiembre de 1638, después de veinte años de matrimonio, motivd el acto oficial con el que Luis XIII hizo la consagración de Francia a María. La madre del recién nacióo, Ana de Austria, regald a N.ª S.ª de Loreto, en señal de agradecimiento, la imagen de un ángel de plata maciza con un niflo de oro en los brazos, del peso de Luis XIV recién nacióo. Corrlan tiempos verdaderamente dif idles entonces para el iReino de María». Potentisimos ejdrcitos enemigos hablan invadido el suelo de Francia y, alentados por los primeros acontecimientos ruidosos, esperaban una pronta rendición de la misma capital. Viendo el trono vacilante y en peligro la independencia nacional, el piadoso soberaño acudid a la Virgen, confiando el pueblo y la corona a sus poderosas y maternales manos.

Después de la victoria final de las armas francesas, Luis XIII, medíante un edicto del 10 de febrero de 1638, manifestá oficialmente el voto que habla hecho seis meses antes, y ordenó que, para perpetuar el recuerdo, se organizase todos los años, en la fiesta de la Asunción, una procesión en Node-Dame de París y en las demas ciudades del reino. Entre otras cosas, se dice expresamente en aquel decreto: «Por estos motivos [los favores celestiales recibióos, enumerados por el documento] hemos declarado y declaramos que, habiendo torna de a la santísima v gloriosísima Virgen por Protectora especial de nuestro reino, le hemos consagrado de manera especial nuestra persona, nuestro estado, nuestra corona, nuestros sujetos, suplicrindole nos inspire una santa conducta y defienda con toda solicitud este reino contra las tentativas de todos sus enemigos, de tal forma que, tanto si sufre el azote de la guerra, como si goza de la paz, esa paz que pedimos a Dios con todo nuestro corazón, jamás se aparte de los caminos de la gracia, que conducen a los de la gloria.

Y a fin de que la posteridad no deje jamás de seguir nuestras disposiciones a este propdsito, como monumento o señal inmortal de la presente consagración, haremos reconstruir de nuevo el altar mayor de la catedral de París, colocando en él una imagen de María con su divino Hijo en los brazos y la madre [del príncipe recién nacióo] en actitud de ofrecerle nuestra co rona y nuestro cetro.a Fruto de está consagración a María fue una intensa renovación católica en toda Francia (v. Vloberg, M., Le voeu de Louis XIII, en Du Mañoír, V, pp. 519-533). Luis XIV se dirigió a Chartres, el 25 de agosto de 1643, al comienzo de su reinado, para poner el reino bajo la protección de María. Por influencia del jansenismo comenzó a olvidarse, en Francia, el culto a la Santísima Virgen. Luis XVI, viendo avecinarse la tormenta, el 10 de febrero de 1790, renovó el voto de Luis XIII consagrando a Francia al Inmaculado Corazón de María. Sobrevinieron los días tristfsimos del terror. Muchos cayeron víctimas invocando a María (los mártires de Orange, las carmelitas de Compiègne, las ursulinas de Valenciennes, los habitantes de la Vendée, etc.).

Las apariciones de María a Santa Catalina Labouré en 1830, las de la Salette en 1846, las de Lourdes en 1858, las de Pontemain en 1871, las Pellevoisin en 1876, despertaron vigorosamente en Francia la devoción a María. Desde hace siglos, son centros activisimos de culto mariano, además de los ya nombrados, los célebres santuarios de Notre-Dame de Rocamadour,' Notre-Dame de la Guardía en Marsella, No tre-Dame de Fourvi&re en Lyon, varios santuarios de N.ª S.ª del Buen Socorro, de la Piedad, de la Libertad, del Refugio, de toda ayuda, etc. M. Vloberg ha catalogado recientemente, en Francia, 588 santuarios marianos (

Bibliographie

» v. bibl.). A medíados del siglo pasado, los franceses erigieron en Pay, en el centro de su patria, la colosal estatua de «Nueslra Señora de Francia», fundida con el bronce de los cañones tomados al enemigo en la gnerra de Crimea. BIBL.: Hamon, Notre-Dame de F.. ou HiUoíre du Culte de la Sainte Vierge en F., depuis l’origine du christianisme jusqu’à nos jours. París 1861-1867. 7 vols., Guillier-Turchis. M., Marie Reine de F.: Ses Pèlerinages.», Sanctuaires, Oratoíres. París 1031:
Franquerie, A. L. DE LA, La Vierge Marie dans l’histoíre de F., s. I. n. f. [1939] Clément.
B.. Notre-Dame Reine de
F.. Fontenay le Comte. s. f. 119451:
Garreau, A., Hiitoíre Maríale de ia
F.. París, 8. £. [1946];
Bessades, M., Les deux antics: Notre-Dame el la Maison-le-Romaine [1949] Courrier de Cherbourgeois. Mille pèlerinages de Notre-Dame. París 1954, 3 vols.: Madille de
Poncheville,
A.. Pelerinages aux Grands Sanctuaires français de Marie, en Du Mañoír, IV, pp. 111-136
Vloberg, M..

Bibliographie

des Pèlerinages de Notre-Dame en F., ibid., pp. 271-380, con amplia bibliografía.

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