Diccionario de Teología Moral

Cornelio Damen, C.Ss.R. (Dam.)

VESTIDO

Recursos

1. Razones y uso

El uso del v. se basa en tres razones fundamentales: higiene (protección del cuerpo), estética (ornamento) y pudor. Los argumentos del desnudismo (v.) contra estos tres fines son generalmente falsos y ridículos. En tanto que las consideraciones de higiene y ornamento se deducen de la constitución física y psíquica misma del hombre, la del pudor está en íntima relación con el hecho del pecado original, por el cual quedó perturbada la armonía entre la razón y el apetito sensitivo, que en el primer estado de inocencia hizo superfluo todo v. (Gén., 2, 25; 3, 7; v. Pudor). En relación con estas finalidades existe una gran diversidad, cualitativa y cuantitativa, en el uso del v. entre los diversos pueblos, según las diversas condiciones de clima y el grado de civilización y sentimiento moral.

2. Moralidad

La moral cristiana permite y exige un cuidado razonable, moderado del v., ordenado a su justo fin, dentro de determinados límites (diferentes según la condición social de la persona) sin exageración o negligencia, y conforme a las prescripciones de la higiene y de la modestia (v.).

La moda, por lo tanto, no tiene en sí nada de malo. El desorden en el v. procede de ofender o no satisfacer a su fin o de sobrepasar los justos límites. En la práctica un v. puede ser ilícito a causa del fin desordenado (gusto inmoderado del placer o de atraer la atención, seducción, etc.) o del efecto, aunque sea preterintencionalmente provocado (daños económicos, físicos y especialmente morales). Con respecto a los efectos morales es reprobable todo v. que cree peligro para la virtud del sujeto mismo o de otras personas: esto es (especialmente en el v. femenino), el que bien por una exagerada transparencia o desnudo, bien por el corte demasiado estrecho no oculta suficientemente o llega a acentuar las propiedades sexuales o el que de cualquier modo por una forma tendenciosa o desacostumbrada (p. ej., propia del otro sexo) puede fácilmente excitar la pasión. En los lugares sagrados, al asistir a las funciones religiosas o al acercarse a los sacramentos se requiere un v. no sólo no provocativo como en cualquier otra circunstancia, sino positivamente modesto en relación con la reverencia debida a estos lugares y funciones (I Cor., 11, 5; can. 1262, § 2).

3. Advertencias de la autoridad eclesiástica

La dolorosa experiencia de los graves daños provocados por el v. inmodesto es tal que justifica plenamente las múltiples insistencias de los pastores de las almas sobre este punto. Estas insistencias se repiten en todos los momentos de la historia; recuérdense las innumerables predicaciones, a menudo bastante crudas, sobre este asunto (San Juan de Capistrano, San Leonardo de Porto Mauricio, Abraham de Santa Clara, San Bernardino de Sena, etc.). Pero sólo en los últimos decenios ha pasado esta materia al campo de las autoridades eclesiásticas. Entre otros muchos documentos se han de destacar, p. ej., la alocución de Benedicto XV a los miembros de la Unión Femenina Católica Italiana, 21 octubre 1919; la instrucción de la Sda. Congr. del Concilio ad Ordinarios diocesanos: de inhonesto feminarum vestiendi more, 12 enero 1930; la alocución de Pío XII a los Jóvenes de Acción Católica de Roma, 22 mayo 1941.

Dam.

Bibliografía

Sum. Theol.
Theol. moralis
Casus conscientiæ
Der Leib und sein Recht im Christentum
Le mode odierne
Les modes indécentesRevue ecclésiastique de Liége
Handbuch der katholischen Sittenlehre

Concepto pagano y concepto cristiano de nuestro cuerpo
Las modas y el lujo

Voces relacionadas

Internas