ACCIÓN CATÓLICA
Índice interno:
1. Noción ·
2. Historia ·
3. Naturaleza ·
1. Noción Es la colaboración en forma organizada de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia (Pío XI).
2. Historia Desde los tiempos apostólicos, algunos fieles seglares ayudaban generosamente a los Apóstoles disponiendo los ánimos al Evangelio, o proveyendo al sostén y defensa de los Apóstoles o asistiendo a los fieles en sus necesidades materiales y espirituales. Esta colaboración, más o menos amplia, persistió siempre en las comunidades cristianas tomando diversas formas según las exigencias de los tiempos. Así surgieron las órdenes de Caballería, las Cofradías de Penitencia, las Terceras órdenes de Franciscanos y Dominicos, las Corporaciones y Gremios, los Montes de Piedad, las Compañías de la Doctrina Cristiana, etc. La rebelión protestante primero, y más tarde la Revolución francesa, hacen cada vez más evidente la presencia activa del laicado en la acción defensiva y conquistadora de la Iglesia. A la tentativa luterana de abatir la jerarquía poniendo la Iglesia a merced de los príncipes y de los ciudadanos, responde un movimiento generoso entre los laicos que, en obsequio al episcopado y a la Santa Sede Romana, cooperan a la renovación espiritual del cristianismo (p. ej., en Roma la Compañía del Amor Divino) y a la beneficiosa reforma católica.
Como reacción al espíritu jacobino, racionalista y ateo de la Revolución francesa que disuelve los gremios, suprime los institutos religiosos y las escuelas católicas, surgen en diversas partes, casi simultáneamente, nuevas formas de organización de los seglares católicos: en Francia, la Ligue catholique pour la défense de l’Eglise ; en Bélgica, la Union catholique ; en Alemania, la Katholischer Verein ; en Inglaterra, The Catholic Union ; en España, la Asociación de Católicos; en Italia, la Associazione Cattolica per la libertà della Chiesa . Casi al mismo tiempo se inician diversos movimientos de carácter social que reciben el sello pontificio con la Rerum novarum de León XIII (1891). No faltan incertidumbres, contradicciones, desviaciones; pero el filón de oro continúa en medio de afortunadas vicisitudes, demostrando cada vez más la necesidad de una presencia organizada de los católicos seglares en los sectores de la vida social y política, no sólo para defender los valores religiosos y morales de la fe, sino sobre todo para llenar el abismo que las sectas, el liberalismo, el materialismo, el capitalismo y el socialismo han abierto entre la Iglesia y el mundo.
Después de la trágica experiencia de la primera guerra mundial Pío XI, el Papa de la A. Católica, con clarividente intuición de las exigencias de los tiempos, incluye esta colaboración de los seglares en la ordenación eclesiástica (parroquia, diócesis). Pío XII, recibiendo la preciosa herencia de su predecesor, desarrolla su contenido doctrinal y favorece la técnica organizadora. En todas las naciones las organizaciones católicas se van extendiendo y perfeccionando bajo la cura vigilante del episcopado. Este vasto movimiento que abraza instituciones tan diversas como son los lugares y personas, atraviesa por natural impulso los confines nacionales. Así surgen las Internacionales católicas que se agrupan en la Conférence des Présidents , mientras la Santa Sede promueve la constitución de la Actio Catholica (1940) y del Comité permanente para los congresos mundiales del Apostolado de los seglares (1952).
3. Naturaleza La a. católica es, por lo tanto, la ordenación principal de los católicos militantes bajo la dependencia estrechísima de la jerarquía; tiene la representación oficial del apostolado de los seglares; es un instrumento en las manos de la Jerarquía y como la prolongación de su brazo, sometida por su propia naturaleza a la dirección del superior eclesiástico. Por esta dependencia las Congregaciones Marianas se pueden con todo derecho ( pleno iure ) llamar A. católica (Pío XII, Bis saeculari , 27-IX-1948). Por divina elección y por mandato personal, el apostolado en sentido total y perfecto corresponde tan sólo a los Apóstoles elegidos por Jesucristo. De ellos, por legítima sucesión, pasa a los Obispos en comunión con el Romano Pontífice. En virtud de la sagrada ordenación, los sacerdotes son los cooperadores de la jerarquía en el sagrado ministerio, mientras que los laicos por estar injertados en el Cuerpo Místico de Cristo, son llamados a prestar de un modo activo su colaboración a la venida del Reino de Dios en el mundo.
Aunque no a todos ha dado Dios posibilidad y aptitud para una específica vocación apostólica, sin embargo, como deber anejo a la propia misión de vida, el apostolado urge a todos los fieles a una presencia activa y a una valerosa profesión de la fe: somos ante Dios el buen olor de Cristo tanto para los que se salvan como para los que se pierden (II Cor., 2, 15). En respuesta a las particulares exigencias de nuestra época, el apostolado se organiza en múltiples instituciones más o menos dependientes de la autoridad eclesiástica. Entre ellas la a. católica, que por su naturaleza se propone el mismo fin que la Iglesia, se distingue por una especial y directa subordinación a la jerarquía y a su cabeza, el Romano Pontífice. Al fin general, que es la salvación de las almas, acompañan, como fines intermedios, la formación religiosa, moral, social de sus miembros para una vida íntegramente cristiana; la educación en una vigilante conciencia del deber apostólico según los tiempos y los lugares; una actividad de defensa, de afirmación, de penetración de los principios cristianos; una singular devoción y una obediencia absoluta al Vicario de Cristo.
Aunque la A. católica no tenga una definición precisa en el Código de derecho canónico, su posición jurídica en la Iglesia y en las diócesis ha sido afirmada por el magisterio pontificio, por las disposiciones del episcopado (Concilios nacionales y provinciales; sínodos diocesanos), por el reconocimiento explícito en no pocos Concordatos (Letonia, 1927; Italia, 1929; Alemania, 1930; Austria, 1934; Yugoslavia, 1935; Portugal, 1940; España, 1953, art. 34; Rep. Dominicana, 1954). En la A. Católica, aunque la autoridad eclesiástica mantiene la alta dirección, los dirigentes seglares tienen sus propias funciones ejecutivas de responsabilidad y los sacerdotes la misión autorizada de asistencia espiritual y moral (Pío XII, 11 oct. 1946). La A. Católica no ha sido creada para ser una fuerza en el campo de la política partidista. Los ciudadanos católicos, unidos en asociaciones de actividad política, aunque sean miembros de la A. Católica, pueden, sin embargo —y hasta puede ser deseado—, participar en la vida pública, especialmente en la solución de los problemas que interesan ante todo la religión (Pío XII, 14 oct. 1951). La organización de la A. Católica se diferencia según los diversos países.
En las naciones latinas, excepto Francia y Bélgica, se halla modelada según la estructura de la Iglesia: parroquias, diócesis y órganos nacionales de coordinación, propulsión y alta dirección. En las demás naciones se han preferido las asociaciones profesionales y de carácter federativo. Al lado de la A. Católica hay otras asociaciones con fines o formas de apostolado: obras católicas, dependientes directamente o simplemente coordinadas con A. Católica en campos específicos de la actividad conquistadora; instituciones católicas de educación, propaganda, beneficencia, crédito y en general de apostolado; oficinas y movimientos de inspiración católica y en relaciones con ella de mutua y sincera cooperación. Urp.
Bibliografía
Cfr. los documentos pontificios, reproducidos en la AAS: Pío X, Il fermo proposito , 11 julio 1905, vol. 37, AASBenedicto XV, Accepimus vos , 1 agosto 1916, vol. 8, AASPío XI, Ubi arcano , 23 diciembre 1922, vol. 14, AAS
id., Quae nobis , 23 noviembre 1928, vol. 20, AAS
id., Laetus sane , 6 noviembre 1929, vol. 21, AAS
id., Non abbiamo bisogno , 29 junio 1931, vol. 23, AAS
id., Perhumanum litterarum , 26 septiembre 1934
id., Quamvis nostra , 26 octubre 1935, vol. 27, AAST. Veggian, Il movimento sociale cristiano nella seconda metà del sec. XIX , Vicenza, 1902 F. Olgiati, La Storia dell’Azione cattolica (1865-1904) , Milano, 1922 A. M. Cavagna, Pio XI e l’Azione cattolica A. De Gasperi, I tempi e gli uomini che prepararono la Rerum novarum , Milano, 1945 R. Ortiz, A Ação católica no direito eclesiástico , Québec, 1947 L. Civardi, Manual de Acción Católica , Barcelona, 1943 G. Nosengo, L’azione apostolica dei laici , Roma, 1947 A. Alonso Lobo, Laicologia y Acción Católica , Madrid, 1955 J. Sabater, Derecho constitucional de la Acción Católica , Barcelona, 1950 P. Dabin, S. I., La Acción Católica , Madrid, 1943 J. Azpiazu, S. I., Manual de Acción Católica , Madrid, 1941.