VASOS SAGRADOS
1. Noción
Pertenecen al género de los ornamentos sagrados y se distinguen de los demás ornamentos más que nada en consideración al material de que están compuestos. Por lo general el material es metálico y para algunos ha de ser metal precioso (oro o plata).
2. V. para la Sda. Eucaristía
Los v. usados para la Sagrada Eucaristía son:
a) el cáliz (véase la voz correspondiente, en lo que se refiere también a la patena y al arreglo del cáliz durante la celebración de la Sta. Misa);
b) la píxide o copón. Es el vaso sagrado que sirve para la conservación de las partículas y su distribución en la comunión. La forma actual se hizo corriente en el siglo XVI. Puede ser de cualquier materia, pero al menos debe estar dorada interiormente (Cæremoniale Episcoporum, II, p. 30, n. 3); están prohibidas las píxides de vidrio (Sda. Congregación de Ritos, Decreta authentica, n. 3511). Puede hacerse en cualquier estilo, siempre que tenga un pie largo y firme, un nudo en el fuste, la copa dorada en el interior y lisa, y la tapa movible coronada por la cruz o la imagen del Redentor. Cuando contiene el Santísimo Sacramento debe estar cubierta con un velo blanco adornado convenientemente (Rituale, Ornatus Ecclesiæ, c. 27). Para la comunión a los enfermos la píxide puede ser sustituida por una pequeña teca o cajita con tapa de bisagra;
c) el ostensorio o custodia. Es el instrumento sagrado destinado a la exposición visible de la hostia consagrada para su adoración, para llevarla en las procesiones y para bendecir a los fieles. Su uso se hizo general en el s. XVIII (v. Bendición Eucarística, Cuarenta horas). La materia del ostensorio no está prescrita: puede ser de cobre, de latón, etcétera, pero debe estar dorada o plateada. Debe tener pie y nudo lo mismo que el cáliz y la cápsula donde se coloca la hostia ha de estar protegida por delante con un cristal y por detrás con una portezuela igualmente de cristal. Debe estar coronada por la cruz o la imagen de Jesús resucitado (Decreta authentica, n. 2957). Debe estar cubierta con un velo blanco cuando se encuentra sobre el altar y no contiene la hostia (ibíd., n. 4268). Son complementos de la custodia: la luneta, compuesta de dos medias lunas de metal dorado que sirven para mantener derecha la hostia y la teca o cajita de metal dorada interiormente y coronada por una cruz, destinada a la custodia de la hostia.
No es necesaria la bendición del ostensorio o custodia y de sus accesorios (luneta y teca).
d) La bandeja para la comunión. Es un platillo metálico, dorado interiormente o todo de plata, que sirve para recoger los fragmentos o la partícula consagrada si acaso cayera al tiempo que se distribuye la comunión.
3. V. para los óleos santos
Por óleo santo se entiende el líquido exprimido de las olivas maduras, consagrado para servir como materia en algunos sacramentos (cánones 734 ss., 761, 945 ss.).
El óleo santo es de tres especies: a) óleo de los enfermos (oleum infirmorum), que sirve como materia para la extremaunción (usado también para bendecir las campanas); b) óleo de los catecúmenos (oleum catechumenorum), usado en el bautismo, en la ordenación, para ungir las manos del sacerdote y para bendecir la fuente bautismal; c) sagrado crisma (sacrum chrisma), que es el óleo mezclado con bálsamo que sirve como materia de la confirmación (v.), en todas las consagraciones, para la bendición de la pila bautismal, para ungir la cabeza de los bautizados y de los Obispos recién consagrados, a los cuales se les ungen también las manos.
Los v. correspondientes son de tres especies según las tres especies de óleos.
Todos estos v. deben ser de plata o al menos de estaño o de otro metal blanco, y bien cerrados, con la inscripción al exterior de su contenido. En estos vasos se introducen de ordinario otros vasitos de vidrio para más limpieza. Los recipientes del óleo de los catecúmenos y del crisma se conservan en el baptisterio; el del óleo de los enfermos se guarda en un estuche colocado dentro de una bolsita de color violáceo con algodón y un purificador. En algunas iglesias existen para su custodia tabernáculos a propósito (ordinariamente en el muro) en el presbiterio. Los v. de los óleos santos se pueden bendecir, pero su bendición no es obligatoria.
4. Relicarios
Las reliquias (v.) de los santos que sean cuerpos enteros o casi enteros se conservan en urnas a propósito llamadas arcas. El arca en su interior debe estar forrada de metal precioso, “o al menos” dorada, y la reliquia debe ir revestida de ornamentos de seda del color litúrgico de los mártires, confesores o vírgenes, etc. Las reliquias de partes considerables del cuerpo o de vestidos se conservan en v. de forma correspondiente (p. ej., para la cabeza el relicario tendrá la forma de cabeza con una parte de busto, etc.). Han de estar defendidas por cristal e interiormente adornadas de seda, con los sellos de la auténtica.
Las otras reliquias se conservan en pequeñas tecas, dotadas de su sello de auténtica y para la exposición se han de colocar en relicarios a propósito; la forma de estos relicarios se deja libre, e igualmente su materia (ibíd., n. 3697).
5. Vaso para el agua bendita
Es un vaso portátil (calderillo) de metal, completado por un hisopo, que es una vara de metal o madera en uno de cuyos extremos hay una especie de cepillo o brocha o una cajita con muchas perforaciones, dentro de la cual se puede encerrar una esponja, la cual sirve para las bendiciones con agua bendita (v.).
7. Vinajeras
Son pequeñas jarritas (urceoli), que se colocan de ordinario sobre una bandeja (pelvicula). Estas jarritas han de ser de vidrio o, mejor, de cristal; si son de otra materia deben tener al menos una señal de distinción para no confundir el vino y el agua. La bandeja puede ser también de metal. El uso de la jarra con lebrillo se consiente sólo en las misas y funciones episcopales o de algunas categorías de prelados.
8. Vasito para purificación
Es un vasito de metal o de cristal junto al tabernáculo que sirve al sacerdote para purificar sus dedos después de haber tocado la eucaristía, si no puede hacerlo en el cáliz.
Pal.
Bibliografía
Cfr. los textos de liturgia y además: Ph. Rohault de Fleury, , V, París, 1887, p. 57-99;
G. B. De Rossi, , en , 2.ª serie, 3 (1872), 5-24;
id., , 5.ª serie, 2 (1891), 47-54;
P. Bernhard, , en , II, 2395 ss.;
J. Braun, , München, 1932, p. 348-411;
P. Cabrol, , en , VII, 2777, 2791;
M. Accascina, , en , IX, 430-431;
C. Caretti, , ibíd., 1572-1574;
E. Dante, , ibíd., I, 1113-1114.