REACTIVO MENTAL
1. Introducción. - El procedimiento de los mental tests (al que corresponde nuestro término reactivos mentales), entendido como método de investigación psicológica para estudiar algunos aspectos de la personalidad a través de su examen aislado e indirecto, nació en América a fines del siglo pasado y encontró su primera realización práctica en Francia por obra de A. Binet y de Th: Simon, los cuales en 1905 propusieron una serie de pruebas para conocer el nivel intelectual de los niños, las cuales en su mayor parte se encuentran todavía en uso por todo el mundo con muy pocas modificaciones. En la voz Inteligencia hemos hablado de los reactivos mentales que contribuyen mejor a estudiarla. Ahora trataremos con mayor amplitud de todos los mental tests, tanto a la vista de su creciente importancia (se trata de técnicas explorativas empleadas no sólo en la praxis psicológica, sino también en clínica psiquiátrica) como por los reflejos morales no desdeñables que se derivan de su aplicación. 2. Definición y característica. - No es fácil definir de una manera completa los reactivos mentales. Podemos decir con Pichot que una r. mental es una situación-tipo, que sirve de estímulo a una conducta, valorada, mediante una confrontación estadística, con el comportamiento de otros individuos puestos en la misma situación.
Teniendo en cuenta que los reactivos mentales sirven para medir determinadas cualidades intelectuales o caracterológicas o también la personalidad en su complejo, es evidente que para ser utilizables han de poseer estas cuatro cualidades características de todo buen instrumento de medida: a) la validez. Un r. mental es válido cuando mide efectivamente lo que se trata de medir. Tres son los tipos de convalidación de un test: empírico, apriorístico y estructural (basado en el análisis factorial); b) la homogeneidad. Un r. mental se dice homogéneo cuando las diversas partes que lo componen miden la misma cosa; c) la fidelidad. Una r. mental es fiel cuando aplicado por dos veces al mismo sujeto sus resultados son idénticos (siempre bien entendido que en el entretiempo el individuo no haya cambiado psicológicamente). Esta cualidad corresponde en gran parte a la reliability de los autores angloamericanos; d) la sensibilidad. Un r. mental es tanto más sensible cuanto está más en condiciones de valorar las mínimas diferencias de los individuos.
Finalmente, los reactivos mentales para que puedan dar valoraciones atendibles deben ser usados con rígida uniformidad de método y deben ser comprobados en un número suficientemente grande de sujetos normales. 3. Clasificación.
- Siguiendo en su mayor parte a Pichot, que se ha basado principalmente en el diverso significado psicológico de los reactivos mentales, éstos pueden clasificarse como sigue: A) Reactivos mentales de eficiencia para estudiar el grado de la inteligencia:
a) Cuantitativos: 1) Del desarrollo mental del niño, con diversas escalas (Binet-Simon, Terman, Terman-Merryll, Kent, Wechsler, etc.), rompecabezas, laberintos, cubos, dibujos, etc.; 2) De eficiencia para el adulto: escalas Army Tests Alpha, de inteligencia (Wechsler- Bellevue, etc.), reactivos de vocabulario, etc.; 3) De eficiencia de valoración apriorística: escalas (C. A. V. D, de Thorndike, Wells, etc.), reactivos de atención, perceptivomotorios (dibujo, percepción, etc.), psicofisiológicos (reacción, sensibilidad, reflejo psicogalvánico, etc.), coordinación motoria, etc.; 4) Estructurales: escala de matrices progresivas, reactivos mentales de inteligencia biológica (Halstead).
b) Cualitativos: 1) Reactivo mental del pensamiento conceptual: clasificación de objetos, formas, colores, naipes. B) Reactivos mentales de la personalidad.
a) Analíticos: 1) R. mentales del carácter: conocimiento moral (Kohs, Tomlin, Baruk, etc.), honestidad, cooperación, etc. 2) R. mentales del temperamento: cuestionarios e inventarios, R. mentales del nivel de aspiración, de perseverancia, obstinación, fluidez de asociaciones, sugestibilidad. 3) R. mentales de aptitudes e intereses: cuestionarios y escalas (Thurstone, Sweet, Watson, Allport y Vernon, etc.).
b) Sincréticos (métodos proyectivos): 1) Constitutivos;
en que el sujeto ha de estructurar u organizar un material plástico poco o nada estructurado (Rorschach, Howard, etc.), dibujo libre, etc. 2) Constructivos: partiendo de un material definido el sujeto ha de organizarlo ulteriormente (el juego y el psicodrama, dibujo de ((árbol, casa, persona», conclusión de dibujos, mosaico de Loewenfeld). 3) Interpretativos: el sujeto ha de dar una interpretación personal al material que se le presenta (Murray, Szondi); asociaciones de palabras, historias a completar, etc. 4) Catárticos: para la exteriorización de reacciones emotivas liberadoras (muñeco de Lévy). 5) Refractarios: se revela la personalidad por el modo con que el sujeto se expresa verbalmente o por escrito (estudio de lenguaje, grafología).
4. Importancia. - La clasificación señalada hasta ahora es muy incompleta e incluso en muchos aspectos algún tanto arbitraria, dado que muchos reactivos mentales pertenecen al mismo tiempo a dos o más de las categorías consideradas y que un mismo test se aplica para finalidades diversas (y se incluye por lo tanto en una u otra categoría) según la diferente escuela a que pertenece el experimentador.
Sin embargo, aun con sólo este imperfecto resumen es fácil destacar la importancia de los reactivos mentales que se emplean desde hace veinte años en creciente interés y con resultados cada vez más lisonjeros en los diversos campos de la psicología pura y aplicada, en pedagogía, en las Investigaciones psicopatológicas y en clínica: como subsidio para conocer la psique humana en su conjunto y en sus manifestaciones, en su desarrollo y en sus anomalías congénitas o adquiridas. Si bien la creación y la puesta a punto de los reactivos mentales es de fecha algún tanto reciente, la existencia de estas pruebas es tan antigua como el hombre. Piénsese que toda función escolástica es una suerte de test, en que en el fondo se trata de un problema cuya solución permite clasificar a los sujetos 'segúnIa exactitud de los resultados, el tiempo empleado, etc.; los mismos juegos son en su mayor parte reactivos mentales verdaderos y propios. La diferencia y la novedad está en el modo de suministrar el test, en su valoración estadística y para su utilización práctica en el hecho de que el test posee las características examinadas en el párrafo segundo.
Los reactivos mentales se emplean hoy para establecer el cociente intelectual de un sujeto determinado (cociente expresado por la fórmula E. M. / E. C. × 100 en que E. M. es la edad mental deducida del rendimiento mostrado por el individuo en la superación de los tests mentales de eficiencia; y E. C. es la edad cronológica o real del su- ' jeto en examen);
para valorar el rendimiento intelectual y las tendencias de los jóvenes a fin sobre todo de contribuir a la selección y orientación escolástica y profesional; para seguir el deterioro mental fisiológico de los adultos (un largo empleo de la Army Tests Alpha, y sobre todo de la escala Wechsler Bellevue así como de otros reactivos, señaló para las categorías examinadas que el nivel intelectual medio alcanzaba su máximo entre los 20 y 24 años para ir decreciendo lentamente hasta los 60, y con más rapidez después de esta edad y que este decrecimiento es tanto más tardío y lento cuanto más elevado era el nivel inicial del sujeto); para ' estudiar la marcha y progreso de cada una de las facultades mentales y sus mutuas influencias en las diversas enfermedades somáticas y psíquicas, con considerable ventaja no sólo especulativa, sino también práctica en diagnósticos, terapéutica, pronósticos, etc.
5. Notas morales. - El creciente empleo de los reactivos mentales y su difusión in- ' el uso entre el vulgo como consecuencia de las vulgarizaciones poco serias que de ellos han hecho tanto el cine como la prensa semanaria sugieren importantes reservas y consideraciones de orden ético que trataremos de resumir. Ante todo han de ser reprobadas estas vulgarizaciones tanto porque tienden a reducir a una especie de juego de sociedad muchos reactivos, lanzando sobre ellos una sombra de frívola mundanidad, como porque perjudican el empleo racional y científico de los mismos reactivos.
Recordemos a este propósito que generalmente los resultados de un test son válidos sólo cuando el sujeto en examen no lo hubiera experimentado todavía; ahora bien, la citada divulgación hace que muchos individuos no puedan ya ser convenientemente estudiados por el psicólogo por conocer ya el r. mental que se trata de usar y el modo de responder a él para quedar en buen lugar. Son aún mas de condenar aquellos que privados de la más elemental preparación, partiendo de algunos reactivos mentales más pintorescos — como, p. ej., el test de Rorschach— deforman su procedimiento y alteran el significado y finalidad del mismo aprovechándose de él para predecir el destino o para otros fines frívolos como si se tratara de un juego de cartomancia (v. Adivinación). El estudio y aplicación de los reactivos mentales son cosas serias que se han de reservar a los especialistas para evitar su descrédito e igualmente para evitar dañosas consecuencias a los sujetos (generalmente psiconeuróticos) en los cuales se experimentan por juego, o lo que es peor por lucro, por parte de personas incompetentes o de charlatanes. En el mismo ámbito de los competentes (psicólogos y psiquiatras) hay que tener en cuenta alguna otra consideración moral.
Todo test es suministrado para estudiar (en los mismos sujetos normales con objeto de confrontarlos) distintos aspectos de la personalidad del individuo y el resultado de la prueba será tanto más válido cuanto menos se dé cuenta el individuo en examen que se somete a un experimento psicológico, ya que todo examen pone un poco en estado de alarma, de defensa, y por el contrario es conveniente que el examinando se encuentre lo más posible sereno, tranquilo y sin preocupaciones. Mayores perturbaciones — que podrían incluso llegar a impedir la utilización de la prueba — provendrían del hecho de que el individuo conociese anteriormente lo que el test pudiera decirnos sobre su carácter, sus tendencias y sus secretas preocupaciones. Teniendo esto en cuenta, surgen dos problemas: 1) antes 'de iniciar la indagación, ¿se han de explicar al sujeto las posibilidades reveladoras del test?; 2) ¿se le debe decir que va a ser objeto de un examen psicológico? Visto que se trata de simples posibilidades y que el conocimiento preventivo por parte del examinando podría falsear la indagación, juzgamos que es lícito no dar explicaciones, fundándonos en el consentimiento presunto del examinando a la vista de un bien suyo mayor, tanto más que alguna revelación eventual por parte del sujeto constituye materia de estudio, incluso desde el punto de vista dlagnóstlcoterapéutlco y es tutelada y protegida por el secreto profesional del experimentador.
Sin embargo, no parece igualmente lícito, a nuestro parecer, callar al examinando que va a ser objeto de un experimento psicológico cuando el sujeto pregunta explícitamente si se trata de un examen de esta clase y cuando se prevé su voluntad contraria (véase Secreto [Descubrir un]). Recordemos que aun en materia de reactivos mentales valen las advertencias señaladas y discutidas en diversas voces a propósito del respeto a la persona humana: advertencias a las cuales debe acomodarse siempre la conducta ético-profesional y que son sugeridas por la moral católica, la prudencia, la corrección y la caridad. Hay que recoger, pues, con gran cuidado los resultados de los reactivos mentales, valorarlos con suma prudencia, integrarlos con el conjunto de las numerosísimas manifestaciones del espíritu que no se manifiestan con los reactivos, tener en cuenta las infinitas posibilidades naturales y sobrenaturales y terminar finalmente con un juicio que, especialmente cuando se trata de valorar las cualidades superiores nunca será bastante prudente. Riz.
Bibliografía
Bibliografía
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