PSICONEUROSIS
1. Definición. - Llámanse p. las afecciones del sistema nervioso central basadas no en alteraciones anatómicas, sino en un trastorno de la evolución de las funciones neuropsíquicas, producido por una peculiar alteración energética del organismo. Son enfermedades funcionales caracterizadas principalmente por crisis de turbación psicoafectiva, que afectan a la inteligencia, la cual se encuentra episódicamente más o menos vinculada y desvíada por efecto de la borrasca afectiva. Aun factores puramente neurológicos (como el cansancio físico, determinados trastornos motores y desequilibrios neurovegetativos) concurren en distinta medida a la determ inación'de estos cuadros morbosos. Las p. comprenden formas preferentem ente nerviosas (como la neurastenia, la neurosis traumática, etc.) y formas preferentem ente psíquicas (como el histerismo, las impulsiones reactivas, la pseudodemencia, la psicastenia, etc.). En la práctica son más frecuentes las formas mixtas: neuropsicastenia, histeroneurastenia, etc, %
2. Etiopatogénesis. - La escuela constitucionalista ve en las p. las consecuencias de deficiencias evolutivas y de desequilibrios bioquímicos de los centros nerviosos.
Otros sostienen un origen puramente psíquico de estas afecciones que — según la escuela psicoanalista — dependen de conflictos Intrapsiquicos entre una libido enormemente desarrollada y las censuras del yo: de donde nacen regresiones hacia la sexualidad parental (especialmente en el histerismo) y hacia el autoerotismo (especialmente en la psicastenia), etc. Para la critica y confutación de estas tesis extremas, v. Psicoanálisis. Tal vez en las p. concurren estos dos grupos de factores (el bioquímico-humoral-neurológico y el psicológico); y asi viene a formarse — muy probablemente por el sistema nervioso vegetativo— un proceso circular der influencias reciprocas entre las dos series de causas y los síntomas morbosos: lo cual explica entre otras cosas cómo cada psiconeurótico sea más o menos sensible tanto a las curas medicamentosas como a la psicoterapia.
Traumas físicos y sobre todo morales» sobrefatigas» infecciones, intoxicaciones diversas, etc.» constituyen sin embargo los momentos preparatorios y que van desencadenando cada episodio morboso, en tanto que la enfermedad tiene su propio origen primario en alguna constitución anómala somatopsiquica del sujeto (el llamado terreno) tal vez asociada también a alguna lenta toxicosis. A causa de estos factores se establece un obstáculo temporal al funcionamiento normal del régimen psíquico del individuo y éste se hace entonces incapaz de reaccionar correctamente a los sucesos psicoafectivos — conscientes o inconscientes— de cierta importancia, perdiendo asi episódicamente su propia autonomía.
En otros términos: el terreno psiconeurótico constitucional del sujeto — enfermo de una manera esfumada y a veces ni siquiera en apariencia—, el agente traumático o tóxico, trastorna el equilibrio neuropsiquico habitual y así se verifica una crisis aguda en el curso de la cual la p. se revela en toda su entidad, influyendo a veces en la misma esfera intelectiva; después el equilibrio se va asentando gradualmente, quedando de la pasada borrasca solamente — y no siempre — una mayor labilidad frente a nuevos eventos morbígenos. Sólo con el paso de los años hacia la vejez en general el psiconeurótico se aplaca definitivamente.: tal vez con la debilitación de la autocrítica y en general de las funciones y reacciones del psiquismo superior. Los cuadros clínicos de las principales p. se ilustran en las voces de cada afección (v. Histerismo, N eurastenia, Psicastenia, etc.); allí se encontrarán también las referencias morales de mayor interés. Aquí convendrá más bien — para evitar repeticiones— echar una ojeada sobre las curas de la p. en general, la cual en gran parte es idéntica en todas las formas morbosas y se funda preferente, aunque no exclusivamente, en la psicoterapia.
Los fines de ésta son según los casos profilácticos o preventivos del terreno psiconeurótico y curativos de las formas clínicas señaladas.
3. Profilaxis. - La Profilaxis de los psiconeuróticos se dirige esencialmente a los niños llamados nerviosos y a los que, aparen- * temen te sanos, provienen de p&dres neuropáticos, histéricos o psicasténicos. Ésta consiste en el alejamiento del niño de su fam ilia;
en su educación serena y firme, sin excesivos rigorismos, aunque también sin afemlnamiento ninguno; en evitar que vaya demásiado pronto a la escuela y en hacerle alternar el estudio con el trabajo y con juegos y competiciones atacando cuidadosamente el ocio y la fantasmagoría, en una cuidadosa y metódica disciplina del autocontrol, de la voluntad y del coraje (Terapéutica de los obstáculos, hábito de la renuncia y de la perseverancia); en combatir pacientemente el egoísmo, la solicitud excesiva por el propio cuerpo y por las ventajas propias. Aire, luz, baños tibios o fríos, gimnasia al aire libre, prácticas deportivas, no exentas de cierto peligro (equitación, canotaje, alpinismo y similares), integrarán Utilmente una favorable influencia aun sobre la esfera del espíritu, contribuyendo a la formación de conciencias rectas y ciertas, firmes y serenas.
Estos jóvenes candidatos a la duda, a las obsesiones, a la fobia y a otros tormentos o incongruencias de la conciencia psiconeurótica habrán de recibir una educación religiosa particularm ente cuidadosa y prudente que insistirá más en la misericordia de Dios que en su justicia, en el amor y en la recompensa más que en el castigo; habrá de enseñarse a éstos a temer a Dios, pero con un dulce y confiado temor filial, ya que El es nuestro padre.
4. P s i c o t e r a p i a. - Los numerosos métodos psicoterapéuticos ideados para el tratam iento de las p. citadas se pueden reunir en tres grupos: 1) psicoterapia racional; 2) sugestión; 3) psicoanálisis. Para el juicio sobre estos métodos, v. las voces respectivas.
Cualesquiera que sean las técnicas que se sigan, el método curativo en el fondo es el de la reeducación que consiste en dirigir al enfermo hacia una nueva conducta:.lo cual se obtiene con la simbiosis utilitaria de las ten-* dencias y capacidades individuales y con la ascética del carácter. El reeducador, una ve?, ¿añada la confianza del paciente, tratará de vencer su pereza y debilidad moral, para hacerlo al fin más capaz de dominarse a si mismo, más esforzado contra el dolor (estos enfermos son, según los casos, algófilos o algófobos), y deben habituarse a vencer aquellas tendencias con un verdadero y propio robustecimiento espiritual, más refractario a las emociones y a los trastornos vegetativos •que las acompañan, menos egoísta y más sociable, menos fantasioso y más activo.
A estos intentos reeducadores, podrá contribuir mucho la palabra y el consejo de prudentes confesores, los cuales saben bien cómo el psiconeurótico es por su naturaleza indinado a la duda y — por consiguiente— a los escrúpulos, a los temores excesivos, aun a la superstición: cómo su conciencia es generalmente escrupulosa, dudosa o erró n e a; de modo que la obra inteligente del sacerdote ayudará eficazmente a la del médico, dentro del mismo fin de volver a serenar y templar aquellas almas que como las de los psiconeuróticos son fundamentalmente honestas y virtuosas. La psicoterapia, por otra parte, no basta casi nunca por si sola para obtener la curación o, al menos, un mejoramiento sensible •de estos enfermos, lo cual se pomprende bien recordando el proceso circular que señalamos a I principio.
Conviene, por lo tanto, realizar una, terapia integral, asociando la reeducación y la higiene mental a los medicamentos y a las curas físicas (hidroterapia, ejercicios moderados deportivos, etc.), la psicoterapia a las curas sintomáticas locales y generales (narcoterapia, shockterapia). Lo cual requiere por parte del médico el estudio y conocimiento profundo y completo somatopsíquico del enfermo.
5. Matrimonio de los psiconeuróticos. En cuanto al Matrimonio de los psiconeuróticos, éste generalmente será desaconsejable si alguna de las dos partes presenta la enfer-. medad en forma grave. Si una sola de las partes está enferma, en tanto que la otra es sana y sin taras familiares, podrá permitirse el matrimonio siempre que el conyuge sano y el nuevo ambiente doméstico garanticen aquella serenidad y aquel bienestar que permitirán no sólo las favorables condiciones de vida necesarias al conyuge enfermo, sino también una racional educación de la prole, especialmente de los hijos que eventualmente pudieran heredar el terreno morboso del progenitor tarado. Riz.
Bibliografía
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