PSICASTENIA
1. Características y factores. - Es una psiconeurosis muy común, consistente en la presencia de ideas fijas, cuyo carácter morboso no consiste habitualmente en su contenido, sino en su obstinada persistencia, de modo que llegan a polarizar toda la atención del enfermo e influyen su conducta en, contra de su propia voluntad.
De aquí un sentido continuo de pena, de preocupación, de ansia, con exaltaciones fóbicoobsesivas episódicas. La afección se denomina también, por algunos autores, psicosis obsesiva, por otros neurosis ansiosa, según el mayor valor que se da a uno u otro de sus componentes fundamentales: la idea obsesiva y el ansia.’ A pesar de su gran difusión esta psiconeurosis se observa muy rara vez eñ los hospitales psiquiátricos, bien porque se desarrolla rpreferentem ente en las clases cultivadas y pudientes, que recurre a las casas de salud privadas, más bien que a los manicomios públicos, bien porque los enfermos tienen siempre clara conciencia de su mal, más aún, se afanan por vencerlo, y aunque no lleguen a conseguirlo saben disimular, por lo menos con los extraños, hasta escapar a la atención pública. En la base de los episodios fóbico-obsesivos hay c¿si siempre una peculiar disposición psicoafectiva.
Los sujetos — inteligentes, honestos, juiciosos, hasta demásiado reflexiv o s— son habitualmente individuos tímidos, escrupulosos, irresolutos, deseosos de protección y de guía, inclinados a la depresión y al pesimismo, hipobúlicos, hipersensibles y con la atención excesivamente interiorizada, con frecuencia más supersticiosos que religiosos, preocupados y más o menos desconfiados por la suerte, el prójimo y sus propias fuerzas y capacidades, pero — en el fondo — conscientes de su valor intelectual, más aún con un alto sentido de si mismos, que concurre a hacerlos exigentes y hasta tiranos ep el ámbito doméstico.
Sobre este tem peram ento psicasténico (que suele ir acompañado de un hábito microesplácnico y de un régimen neurovegetativo de hlperactividad del ortosimpático y que está ligado a causas hereditarias y a la educación irracional, tal vez incluso a lentísimos procesos tóxicoinfecciosos, entre los cuales parece prevalecer la tuberculosis), las manifestaciones morbosas verdaderas y propias llegan sólo en un segundo tiempo — con frecuencia entre los veinte y cuarenta años—, a veces espontáneamente (y en este caso la psiconeurosis tiene un lento desarrollo y peor pronóstico), con más frecuencia por efecto de enfermedades agotadoras, de traumatismos y — especialmente— de los llamados psicotraumatismos, los cuales debilitan el ya modesto biotono del Individuo, agravan la hipotensión psíquica y permiten asi el nacimiento de la fenomenología fóbico-obsesiva, que se renueva y exacerba con el proceso de los reflejos condicionados o por culpa de la excesiva introspección que caracteriza el temperamento del sujeto y que da lugar fácilmente a preocupaciones ansiosas que de suyo favorecen la representación y persistencia de la obsesión, especialmente cuando ésta es fruto de una sensibilización emotiva hacia un determinado fenómeno orgánico penoso.
2. T e m a s de I a s i de a s o b se s i v a s. - El tema de las ideas obsesivas (llamadas también Ideas fijas, invencibles) es diversísimo.
Con frecuencia se verifican las obsesiones ligadas a un temor absurdo y angustioso que por esta razón se denominan fobias: rupofobia (o fo~ bia de la suciedad, exageración enorme de la repugnancia, que lleva al enfermo a una lucha perenne contra cualquier contacto), patofobia (o fobia de determinadas infecciones, como la sífilis, la tuberculosis, etc.), tafofobia (temor obsesionante de ser sepultado vivo), etcétera.
En otras fobias sobre el factor externo van prevaleciendo motivos de insuficiencias subjetivas; recordemos, a titulo de ejemplo, la agorafobia, la claustrofobia, la monofobia, la acrofobia, y otras similares, dependientes del temor morboso de un daño — respectivam ente— que puede ocurrir atravesando sin compañía una plaza, permaneciendo en locales cerrados o llenos de gente, permaneciendo por algún tiempo solos, asomándose a un balcon o algún otro sitio elevado, etc.; y en estos casos cuando el sujeto viene a encontrarse eventualmente en el lugar temido de su patológica preocupación se desencadenan en él una serie de trastornos de fondo vegetativo (sentido de presión en el epigastrio, náuseas, sudores, taquicardia, astenia general repentina, etc.), a los que acompaña un penosísimo tumulto emotivo que llega a paralizar el entendimiento. Algunas obsesiones se refieren a las funciones vegetativas: así la frecuente ereutofobia (temor de enrojecer ante otros, una de las poquísimas fobias que aparecen en la adolescencia), la impotencia psíquica de fondo obsesivo que en algún caso llega a la ginecofobia.
O tras obsesiones se refieren a las funciones psíquicas: el enfermo se espanta de haber perdido la memoria o tiene la fobia de la responsabilidad o también cae presa de atormentadas indagaciones mentales y de sofistiquerías ideatlvas de todo género; aritm om ania (obsesión interrogativa, obsesión del cómo y del porqué, delirio metafísico), en algunos sujetos parece aniquilarse todo sentido de certeza y todas las ideas se presentan a la mente sólo en forma dubitativa (ésta es la locura de la duda que se diferencia de los verdaderos delirios en que las dudas y las sospechas no se apoyan en convicciones subjetivas, más aún — como sucede en todas las obsesiones de los psicastenicos— son repudiadas enérgicamente por el sujeto). Otras obsesiones, finalmente, consisten en la representación de a un hecho fútil e inconveniente o hasta criminal: son éstas las obsesiones im pulsivas, particularm ente tormentosas, porque a la idea de suyo odiada o repelente del acto se añade la desconfianza en los poderes Inhibitorios propios, que hace aparecer la ejecución como inevitable e inminente.
En realidad, si la resistencia que el enfermo pone a la actuación de las ideas obsesivas fútiles es mínima (aun por el hecho de que la ejecución del· acto le proporciona un momentáneo alivio, apagando el Impulso nacido de la idea obsesionante), esta resistencia, sin embargo, se hace prácticamente insoportable cuando el asunto de la idea obsesiva es delictivo, de modo que los delitos — y especialmente los delitos de origen obsesivo (suicidio incluido)— son excepcionales;
esto depende de la fuerza con que el sentido moral, aliado con la critica, lucha contra el impulso delictivo aun tratándose de una lucha extenuante. Frecuentemente el contenido de las ideas obsesivas encuentra su explicación en factores psíquicos que convendrá siempre indagar aun a fines psicoterapéuticos. Así, p. ej., el remordimiento por una culpa cometida y por lo tanto la necesidad de una detersión espiritual puede tratar de aplacarse de una forma simbólica fomentando la necesidad obsesiva de lavarse continuamente las manos, como se observa en la rupofobia. La psicogénesis de muchas ideas obsesivas la admiten casi todos los autores.
3. Decurso. - Las diversas fobias y obsesiones rara vez aparecen aisladas; por lo general se suman o se suceden alternándose con periodos de tregua. La discontinuidad del Decurso suele estar en relación evidente con formas somáticas debilitantes o con *causas psíquicas, responsables no sólo del desencadenamiento de la primera crisis, como ya hemos dicho, sino también de las recaídas, de los empeoramientos y de los mejoramientos. Así las incomprensiones y los disgustos domésticos ejercen una influencia desfavorable, en tanto que un ambiente sereno y afectuoso aplaca las obsesiones; éstas se atenúan también cuando el enfermo llega a confiar su tormento a una persona de confianza y experiencia; a veces hasta los acontecimientos desagradables y graves distraen al sujeto de sus ideas físicas y pueden llegar a curarlo.
4. Terapéutica.
- Ayudan poco las curas medicamentosas, a no ser en los casos en que una enfermedad debilitante haya dado origen al episodio obsesivo; el empleo moderado de alcohólicos puede concurrir a elevar el tono de la cenestesia. Son más eficaces las curas físicas, asociadas a una Inteligente y prudente psicoterapia, siempre que no se derive a discusiones o conatos persuasivos (de los cuales no tiene necesidad el paciente), sino — procediendo por afirmaciones categóricas — suavice las emociones del enfermo y le induzca a afrontar las ocasiones de su propia angustia: con lo cual tendrá muchas probabilidades de superarlas.
Actividades profesionales, ejercicios deportivos que ocupen la atención y estimulen el coraje, una cuidadosa, coherente y afectuosa reeducación del altruísmo, a la sociabilidad, al optimismo, un cambio racional de hábitos y de ambiente ayudarán también a mejorar el temperamento psicasténico. La enfermedad además será indudablemente beneficiada con el consuelo de la religión en la palabra de doctos y prudentes sacerdotes, la cual reafirme la fe de estos individuos, dirija su vida hacia obras de bien, temple su carácter con una disciplina prudente del pensamiento y de la conducta.
No hace falta“ decir que para muchísimos psicasténicos la religión es un consuelo, una defensa, un refugio, una ayuda valiosísima para so p o rtar·su s tormentos y* por lo tanto *en definitiva para atenuarlos. En los casos más obstinados se habrá de intentar la cura del sueño (v.
Narcoterapia) y en las formas más graves que llegan a influir profundamente en la misma vida orgánica y social de estos enfermos se «podrá recu rrir también a la lobotomía (v. Psicocírugía).
5. Delitos de los psicasténicos. - El psicasténico — individuo fundamentalmente recto y honesto— puede cometer un delito solamente cuando cede a una obsesión impulsiva crim inosa: lo cual puede suceder después de largas y atroces luchas interiores, después de haber invocado en vano la protección y la vigilancia» de los familiares que lo ayuden a evitar la actuación de su idea coacta. Estos precedentes, el remordimiento y el horror que siguen a la actuación (después de la fase fugaz de la liberación eufórica), toda la dolorosa y triste historia de la atormentada, pávida e inquieta vida del sujeto hacen simple y fácil el diagnóstico del caso, que — generalm ente— no es imputable o si lo es, en un grado ínfimo, habiendo sido realizado en un momento de irresponsabilidad total o muy atenuada.
6. IjA con c i en c i a de I p s i c a s t é n i c o. - La ansiedad, los sufrimientos, las agitaciones, los tormentos de una conciencia escrupulosa y dudosa son situaciones bien conocidas por los confesores de los psicasténicos, los cuales safb en. también perfectamente cómo conviene conducirse en la dirección y consuelo de estos infelices. Convendrá recordar aquí la conveniencia de que el sacerdote dirija el enfermo a un buen' psiquiatra, el cual podrá concurrir con él útilmente a mejorar e incluso a curar al sujeto. Riz.
Bibliografía
Bibliografía
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O. Moglie.
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