PSICOANÁLISIS
1. Exposición de la doctrina. - El p. es una doctrina y una Terapéutica: una y otra tienen por autor principal al médico vienés Segismundo Freud (Freiberg, 1856 - Londres, 1930) y se han desarrollado con increíble favor en casi todas las naciones europeas y americanas. El p. como doctrina puede decirse la que pretende explicar toda la actividad del hombre tanto psíquica como moral, lo mismo la normal que la patológica con una inconsciente fuerza sexual primigenia y primordial innata en el hombre. La Terapéutica basada en esta doctrina quiere curar algunos síndromes morbosos con la revelación del complejo inconsciente que los ha provocado. De hecho — según Freud — el psiquismo- humano puede considerarse dividido en dos regiones que el maestro vienés (Freud tuvo a Viena como a su segunda patria) compara a dos cámaras comunicantes: la región inconsciente (das Unbewusst - das Es) y la región consciente das Ich); la razón inconsciente pulula en instintos primordiales de Índole sexual y perversa, tal como se encuentran en los pervertidos sexuales y en los prepúberes que no han sufrido aún los efectos de una educación civil y moral.
Estos instintos forman la parte viva y motriz de los elementos psíquicos llamados complejos, los cuales toman la especie representativa de la experiencia, sobre todo ancestral, del individuo; asi se puede hablar de un complejo de Narciso (autoerotismo), de un complejo de Edipo (instinto de incesto), etc. A los instintos inconscientes que Freud abraza con un solo nom b re: libido, y que forman el principio del placer (Lustprinzip), se opone, a medida que comienza la obra educadora y moralmente formadora, el elemento consciente, esto es, das Ich, el cual, mediador como es entre das Es y el mundo externo, está dotado de particulares órganos (esto es, de la conciencia que puede decirse el sentido discretivo de las facultades psíquicas, y de una movilidad volitiva por la cual puede obrar en el mundo externo), tiene particulares facultades (la juzgativa y la critica, por las cuales puede mantenerse siempre coherente y gozar así o renunciar al placer), finalmente tiene particulares modos de expresarse, por lo general convencionales, como, p. ej., el lenguaje.
La conciencia, por lo tanto, está siempre al servicio del Yo y mientras realiza el oficio de manifestar, p. ej., las exigencias morales del mundo externo, puede decirse conciencia muerta. Das Es y das Jch están por lo tanto en continua oposición: de una parte el inconsciente, que es el motor primero — aunque torpe y perverso— de la actividad humana; de la otra das Ich, que es el tutor del orden y de las exigencias morales del mundo exterior, y por esto ejerce sobre das Es una feroz censura.
Los caminos de salida de esta lucha (Freud habla de psicodínamismo) son tres: los dos elementos intentan un compromiso y entonces los instintos sexuales, aun cuando siguen siendo tales esencialmente, se sublim an en la manifestación externa (así se tiene la sublimación, p. ej., del complejo de Édipo en el sentimiento religioso, en el amor puro y filial de los hijos hacia sus padres, etc.), o también frente a una censura débil (por falta de educación, por escaso sentido moral), triunfan los instintos perversos y vienen las perversiones e inversiones sexuales, o finalmente por una fuerte represión ejercida por la censura, los instintos se refugian bajo un síndrome morboso y vienen entonces las enfermedades nerviosas, los síntomas morbosos que en el fondo no son otra cosa que representaciones simbólicas de tendencias instintivas reprimidas.
Pero más que en la sublimación los instintos inconscientes encuentran su satisfacción en el sueño (cuya tram a es para los psicoanalistas todo un simbolismo sexual y ofrece por lo tanto ocasión por medio de la explicación de los símbolos de conocer el fondo tenebroso del inconsciente) y en los Fehlleistungen (esto es, tópicos de la vida cotidiana, que se deben a la prevalencia casi automática y prepotente de los instintos inconscientes, fuertem ente reprimidos). Indudablemente la parte más chocante de la doctrina freudiana es la sublimación, con la cual se pretende explicar toda la actividad moral del hombre: así seria instinto el sentimiento religioso, la caridad, la mortificación cristiana, los más nobles sentimientos. Sería noble y sublime sólo la apariencia externa: la sustancia sería siempre torpe y perversa. En sentido análogo los psicoanalistas explican el arte y el fenómeno artístico: en el fondo el artista no es más que un invertido que satisface con el simbolismo de sus obras de arte su instinto fuertemente reprimido e insaciado.
2. Amplificaciones y transformaciones. Estas teorías suscitaron simpatías y reacciones excesivas y apasionadas. Desde 1 0 1 2 se separaron de Freud dos alumnos, Alfredo Adler y Carlos Gustavo Jung (Jung se convirtió después de esto en la béte-noire de Freud): a ellos se añadieron más tarde Bleuler y Stekel. Numerosas teorías que se presentan como psicoanalíticas se encuentran hoy en contradicción con el psicoanálisis de Freud. Progresos importantes se han tenido en los Estados Unidos donde hay que señalar los nombres de Karen Horney, F. Alexander, Cari Rogers, etc. Jung daba a la libido un significado mucho más amplio que el de Freud, hasta comprender en ella todos los instintos vitales. Adler, en cambio, sustituía a la libido" como centro propulsor, la voluntad de potencia. Las teorías del maestro sufrían así Amplificaciones y transformaciones notables que hoy seria difícil clasificar de un modo exhaustivo.
Sin embargo, dejándonos de equívocos restringimos nuestra exposición y crítica al psicoanálisis de Freud, que es el único bien definido (no obstante las oscilaciones de Freud), y que aun hoy es seguido en la teoría y en la práctica más de lo que se cree, como dem uestra bien claramente Carlos Berg en su grueso volumen: La psicoanalisi nella teoría e nella pratica, Roma, 1950.
3. C r í t i c a, - Las conclusiones de índole moral que hemos citado demuestran con evidencia los absurdos a que lleva el p. freudiano. Todo este gran edificio — indudablemente muy original y fantástico— ha sido construido con experiencias limitadísimas sobre individuos psíquicamente tarados (Freud basó" sus conclusiones sobre datos proporcionados sobre todo por histéricos) y sobre hechos trivíales o de algún modo secundarios en la vida individual y social (sueños -F ehlle istu n g en), No se entiende además ni la sexualidad de los niños (en el sentido entendido por Freud) ni como esta sexualidad sigue siendo tal aun cuando, como ocurre en la sublimación, el fin de la sexualidad se pierde en absoluto. Es, finalmente, enorme error confundir la actividad espiritual del hombre con la actividad material del sexo, más aún, poner ésta como causa última y esencial de aquélla. Estamos en pleno materialismo, si, bien coloreado con las tintas de la dialéctica hegeliana. El super-yo (un Yo ideal), al cual debiera llegar el individuo como a una síntesis, por medio de la tesis (das Es), y la antítesis (das Ich) no es más que una quimera y una fantasía.
Finalmente, que la exagerada represión del instinto dé lugar constantemente a enfermedades del sistema nervioso se puede negar con la misma facilidad y gratuidad con que se afirma por* los psicoanalistas, los cuales entre otras cosas no han llegado a demostrar que sean buenos médicos.
4. Terapéutica f s i c o a n a I í t i c a. - En esta doctrina se basa la Terapéutica psicoanalítica: es necesario hacer aflorar a la conciencia el complejo inconsciente que violentamente reprimido ha dado origen al síndrome morboso. Y asi tenemos el método de la asociación libre, de la asociación experimental y de las reacciones psicoeléctricas. El prim er método consiste en inducir al paciente a decir sin ninguna reserva todo cuanto le pasa por la mente hasta que- se opera en él la catarsis, esto es, la purificación con la confesión del complejo que hasta entonces había estado oculto en el inconsciente. El método de la asociación experimental requiere la obra del médico m& directamente, en cuanto que éste debe proponer al cliente palabras-apoyo, palabras-estímulo, palabrasinductoras, a las cuales el cliente responderá con palabras-reacción. Un reloj mide el tiempo que pasa desde la palabra-estímulo hasta la palabra-reacción. Es fácil imaginar qué género de conversación se producirá en la e sesión.
Finalmente, el método de las reacciones psicoeléctricas hace que las perturbaciones psíquicas sufridas por el cliente mientras que se pronuncia la palabra-estímulo sean registradas por un manómetro en cuyo circuito va incluido el cliente. La pretendida eficacia de estos y de otros métodos de Terapéutica psicoanalítica ha sido puesta en duda por médicos seriosj los cuales, aun aceptando alguna conclusión, no del todo nueva, de S. Frteud„ estárf« muy lejos de adoptar plenamente su psicoterapia. Desde el punto de vista moral recogemos el juicio (Je un eminente psicólogo, el P. Gemelli, el cual concluye así un ártículo suyo titulado Psicoanálisis y catolicismo: «Por todas estas razones el católico no puede aceptar las, doctrinas psicoanalíticas; no puede someterse al tratam iento psicoanalítico; no debe confiar sjis parientes enfermos al tratamiento de los psicoanalistas. La p. es un peligro, pofrqúe es* el fruto morboso del grosero materialismo de Freud.» (Vita e pensiero [mayo 1950], 254.) N Gemelli ponía n vguardia entre otras cosas sobre algunas tendencias verificadas en el campo católico de combinar la p. de Freud, materialista y groserá, con el catolicismo.
Expresando las conclusiones del P. Gemelli con términos más familiares a la teología moral, decíamos en un breve artículo informativo que apareció en abril de 1962 en el boletín del Clero Romano, que dada la escasa eficacia y la peligrosidad del método psicoanalítico, difícilmente podía excusarse de pecado mortal el que a conciencia y libremente lo hubiese adoptado y se hubiese sometido a él. La conclusión dió mucho que hablar y íué objeto de muchas discusiones (no siempre favorables)» sobre todo en Francia y en América, no obstante que en un servicio de prensa, procurado, por la Prensa católica americana, precisamos (lo cual estaba bien claro en la introducción del artículo) que nuestro juicio se refería exclusivamente a la p. freudiana, materialista, pansexual. Porque es evidente que un juicio tan severo no puede aplicarse a otras psicoterapias, que aun diciéndose — impropiamente — psicoanalíticas, están muy distantes del materialismo y del pansexualismo del p. propiamente dicho de Freud. En un discurso dirigido a los asistentes al primer Congreso internacional de histopatologia del sistema nervioso, el 17 de septiembre de 1952, el S. P.
Pío XII, refiriéndose al amétodo pansexual de cierta escuela de p.» (y no es difícil ver en esta escuela la escuela freudiana en el sentido estricto), lo reprobaba como contrario a las normas de la moral· cristiana y humana cuyos limites no pueden ser impunemente violados ni siquiera bajo el pretexto de investigaciones científicas o de cura (cfr. también el discurso del S. P. Pío XII a los asistentes al V Congreso Internacional de Psicoterapia y de Psicología clínica [15 abril 1953], L'Osservatore Romano, 16 de abril de 1953).
5. Pedanálisis. - La pedanálisis es un método pedagógico inspirado en los criterios doctrinales y terapéuticos del p.: se propone canalizar en el niño los instintos inconscientes descubiertos a través de sus libres confesiones, sueños, etc. En la Pedanálisis se incluye una amplia educación sexual incluso en lecciones públicos. Por evidentes razones y también por los perniciosos efectos que en la práctica ha obtenido, ha de ser condenada. Fel.
Bibliografía
Bibliografía
Las obras de S. F reu d (Gesammelte Schriften) fueron publicadas entre 1925 y 1934 por la « Internationaler Psychoanalytischer Verlag». En español han sido editadas (Obras completas) por la Biblioteca Nueva de Madrid. La bibliografía sobre Freud y e I psicoanálisis e s amplísima, no s limitamos a señalar por su especial interés la s exposiciones y refutaciones (no siempre inspiradas en principios sanos) de M o r se I l i, La psicoanaliti, Torino, 1942 Bonaventura, Introducción al psicoanálisis, Madrid, 1953. En se n tid o c a tólico, Gaetani, La psicoanalisi, R om a, 1930 Fenu, Freud, B rescla, 1934 Felici, Summa psychanalyseos lineamenta, G u b tn la n i, 1937. Desde e I p un to de v ista m éd ico, Dragotti, La psiaoanállsi, R om a, 1926. Cfr. ad em a s entre otr& s m uchas obras de d i v u I g a c i ó n, c rítica, etc.,
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