Diccionario de Teología Moral

Giuseppe Monti (Mon.)

PATRIA

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1. La idea de p. - No es fácil precisar la idea de P, aunque generalmente se intuye su sentido y se tiene conciencia de los deberes del patriotismo. A menudo se confunde e identifica la P. con el territorio del país nativo o con el pueblo, nación, estado a que se pertenece por nacimiento o adopción. Todos estos elementos no son ex traños al concepto de P, pero ninguno de ellos la define. País es propiamente el suelo natal, pero se puede tener por P. un país distinto de 'aquel donde uñó ha nacido. Pue blo es un determinado conglomerado social distribuido en un territorio determinado, pero puede existir un pueblo que viva en tierra extranjera y sin P. Nación (v.) es la comu nión de origen de un pueblo que desciende de los mismos antepasados; es casi lo mismo que la P. y en muchos casos las dos no ciones se funden en la misma realidad y no se distinguen más que conceptualmente, pero puede haber una nación sin suelo propio y por lo tanto sin P. (p. ej, una nación nó mada), como puede existir una nación divi dida en varios Estados. Estado es un terri torio, un pueblo, una nación jurídicamente organizada que ha logrado su independencia política;

el Estado es un organismo colecti vo que perfecciona la P, en cuanto que puede dar una solución definitiva a todos los problemás de la vida asociada, pef'o también la supone, no pudiendo subsistir ' por largo tiempo si se funda solo en la fuerza de las armás mientras que la coincidencia del Estado con la P. es garantía de estabilidad, fuer za y paz.

En conclusión la idea de P. es la síntesis de muchos elementos, es un complejo de a vínculos geográficos, étnicos, políticos, de lengua, de instituciones domésticas y religio sas, de tradiciones, de costumbres, de intere ses; y puede definirse como una sociedad intermedia entre la fapiilia y la sociedad civil para procurar bienes que éstas* dos stfctetjades no pueden dar. Es por lo tanto una sociedad natural y necesaria; no pertenece a la libertad indivi.dual el aceptarla o el recha zarla ni sustraerse a los deberes para con ella.

2. D e b e r e s para con la P. - Los deberes para con la P. son análogos a los que tene mos paca con la familia de la que la P. es la extensión y el complemento. La familia es una sociedad imperfecta que necesita ser integrada por otra sociedad más amplia y más fuerte que asegura al individuo las con diciones indispensables a su desarrollo Inte lectual, moral, social y económico. La P. es madre y no'solo en sentido metafórico; por esta razón, según los moralistas cristianos («Sum. Theol, II-II, q. 101), los deberes para con la P. pertenecen a la piedad (v. Piedad.), esto es, a la virtud que nos liga a los prin cipios de nuestro ser, a los autores de nuestra vida y de nuestra formación.

La piedad im plica deberes de amor, de asistencia, de defen sa contra los enemigos internos y externos de la P, hasta el sacrificio propio (el sacri ficio es la coronación del amor), de obedien cia a sus leyes, de Cooperación a su pros peridad y a su progreso religioso, moral, cul tural, social y económico. «La ley natural nos manda amar con amor de predilección y de sacrificio el país donde hemos nacido y he mos sido' educados hasta el punto de que el buen cludadáftómo teme afrontar la muerte' por su P.» (León X III, Ene. Sapientits Christiana, 10 enero 1890.) 3. N a c i o n a l i s m o £ x a g e r a d o. - Contra toda virtud se puede pecar por exceso o por de fecto. Peca por exceso de patriotismo el na cionalista exagerado. El nacionalismo es una palabra moderna usada con diversos signifi cados y con relación a cuestiones diversas. Hay un nacionalismo justificado, sano y lau dable que nos inclina a amar nuestra na ción, esto es, el pueblo con el que tenemos comunidad de origen, de sangre, de lengua, de costumbres, de historia. Este nacionalismo es pariente proximo del patriotismo; y en los casos en que P. y Nación forman una unidad social indivisible los dos sentimientos se funden prácticamente en un mismo amor.

Pero junto a este nacionalismo razonable y obligatorio existe otro egoísta y fanático que hace de la propia nación un bien absoluto, le sacrifica los valores universales y tras cendentales del derecho, de la moral y de la religión, desprecia las demás naciones, es fuente de odio y de guerra entre los pueblos, rompe el vínculo sobrenatural que a todos nos debe finir como hijos de la misma Iglesia, como hermanos en Cristo, como herede ros y fautores de la civilización cristiana. «Más difícil, por no decir imposible, es Que dure la paz entre los pueblos y los Estados si en lugar del verdadero y genuino amor patrio reina un nacionalismo egoísta y duro que es odio y envidia en lugar del mutuo deseo de bien, desconfianza y suspicacia en lugar de fraterna confianza, competencia y lucha en lugar de cooperación concorde, ambi ción de hegemonía y predominio en lugar deL respeto y tutela de todos los derechos, aun de los débiles y pequeños.» (Pío XI, A lo cución de Navidad, 24 diciembre 1930.) «EL amor de la P. se convierte en fuente de injus ticias y de iniquidades múltiples cuando pasa los límites del derecho y se convierte en un amor exagerado a la nación. Los que ceden a él, olvidan que.. todos los pueblos en cuanto son parte de la gran familia humana están ligados entre si por la fraternidad y que las demás naciones tienen también derecho a v i v ir y a aspirar a la prosperidad.» (Pío XI, Ene. Urbi et Orbi> 23 diciembre 1922.) 4. C o s m o p o l i t i s m o.

- Extremo opuesto del nacionalismo excesivo es un vago cosmopoli tismo de origen muy antiguo y muy desarro llado en los tiempos modernos por causas di versas. Ya el estoicismo había negado la, antigua concepción del patriotismo y afirma ba que nuestra P. es el mundo entero. La t Revolución francesa difundió un humanit.a~ rismo antipatriótico. La másonería fue un, disolvente oculto pero eficaz de la idea de P. El socialismo marxista predicó el inter nacionalismo obrero al servicio de la lucha de clases. Y muchos materialistas adoptaron la máxima: Ubi benet ibi Patria. Aun filó sofos y literatos de grande nombre fueron' seducidos por la idea de una república uni versal o de los Estados Unidos del mundo para realizar entre todos los hombres el reino de la fraternidad, de la justicia y de la paz. «L a humanidad no tiene P.» (Goethe.) «Y o es cribo como ciudadano del mundo. Desde hace mucho tiempo h e, perdido mi P. para cam biarla por todo el amplio mundo.» (Schiller.) «La P. es un conjunto de prejuicios y de ideas retrasadas que la humanidad entera no puede aceptar.» (Renán.) «Etnológicamente ha blando la palabra nación no corresponde ya a nada. En el porvenir no habra más que la especie humana; no habrá más que un pue blo humano.» (Tolstoi.) La humanidad es. muy númerosa y diversa y con necesidades e intereses muy divergen tes y opuestos para poder fácilmente ser re gida por un gobierno único.

Ciertamente la humanidad es también una realidad en cuanto que todo Estado no se basta a sí mismo y tiene necesidad de la colaboración de otros Estados para su propio perfeccionamiento y para promover y garantizar el bien de toda la humanidad; pero estos intereses recípro cos y comunes pueden también ser protegi dos por uniones, instituciones y. sanciones internacionales, reguladas por el derecho, sin necesidad de una verdadera y propia organi zación única jerárquica o estatal. La huma nidad es un concepto más amplio que la P, pero lo comprende, sin excluirlo, como el concepto de P. comprende el de la familia. «La socialidad creciente se extiende de la familia a la P, de la P. a la humanidad, y ninguna forma más amplia de unión modifica la pre cedente y la destruye.» (A. Conte.)

5. C o n c l u s i o n e s. - En conclusión el amor ordenado a la P. no excluye el amor a toda la humanidad: el corazón humano, a ejem plo de Jesucristo, es capaz de amar a todos los hombres, aun amando con amor de pre ferencia a su propia P. Por lo tanto, en la fraternidad universal de Dios y en la frater nidad universal en Jesucristo podemos ser buenos patriotas: el patriotismo es una fuer-, za espiritual necesaria e importante que pro tege a los individuos y a las familias, ase- 1.gura e l ‘ progreso y la grandeza de un pue blo y es fuente de heroicos sacrificios en los, momentos más decisivos de su historia. Mon.

Bibliografía

Bibliografía

Patria e patriotismo, en La Civiltà Cattolica
(1923), IV, 486-496; (1924), I, 10-20. Nazionalismo e amor di patria, ibíd. (1915), I, 129-144, 420-435;

Pa triotismo, nazionalismo, internazionalismo, ibíd. (1938), IV, 497;
I. W r i g h t, National Patriotism i n papal teaching, Boston, 1942;
C. MArquez, Deberes patrióti cos, Madrid, 1948;
'R. R u iz Amadc, Nuestra patria, Barcelona, 1930.V

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