ORNAMENTOS SAGRADOS
1. N o c ió n. Bajo el nombre de o. sagrados se designan las vestiduras e insignias litúrgicas que usan en el servicio divino los diversos ministros del altar. 2. Vestiduras. - Las actuales vestiduras litúrgicas se derivan después de diversas mo dificaciones de los antiguos trajes romanos. Cuando bajo el influjo de las invasiones co menzaron a abandonarse estas vestiduras en el uso civil conserváronlo los clérigos al me- >nos en la liturgia. Al principio la tradición, sin fijar un canon rígido designaba a grandes líneas la forma así como los colores que, sin embargo, se usaban indiferentemente.
Pero ya hada el s. x-xi se comienzan a dar normas sobre el uso de los colores, en relación con una interpretación mística de los mismos. Así el negro indica el luto (funerales); el violado, penitencia (cuaresma, adviento); el rojo, for taleza y sangre (Espíritu Santo y fiestas de los mártires); el blanco, gloria y pureza (fies tas del Señor, de la Virgen, de las Vírgenes y 'de los Santos no mártires); el verde, color Sin significación especial, se dejó para aque llas dominicas que no estaban carácterizadas por fiestas especiales. Naturalmente, al distin guirse con el tiempo de las vestiduras profa nas, las vestiduras litúrgicas fueron, como todos los demás objetos del culto, bendecidas, tal vez, comenzando en el s. ix.
' Entre las ropas litúrgicas están el amito, especie de paño de lino que se coloca alrede dor del cuello y que antiguamente (y todavía hoy en algunas órdenes religiosas) descendía de la cabeza al cuello; el alba, amplia túnica de lino, que llegaba hasta los pies y que en su parte inferior suele llevar adornos de encajes o guarniciones de color;, el cíngulo, que tenia y tiene el fin de ceñir el alba al cuerpo; la sobrepelliz, especie de alba más amplia y sobre todo más corta, carácterizada por las mangas grandes que se empezaron a usar en los países septentrionales donde se usaba como camisa que se llevaba sobre la pelliza o abri go invernal (superpelliceum); sobre este mo delo nació el roquete (pequeño Rock, en ale mán = hábito), provisto de mangas estrechas y muy guarnecidas, usado sobre todo por los Obispos y prelados, y hoy signo distintivo de autoridad. "Además de estos hábitos se usa: la casulla, que antiguamente era una especie de manto todo cerrado en forma de tienda (casula = ca sita) con un agujero en la parte superior para pasar por él la cabeza.
Poco a poco se fueron reduciendo sus lados cuando los tejidos de brocado y damasco comenzaron a hacerla más pesada y menos plegable, hasta llegar a la forma moderna. Es la vestidura distintiva de la celebración de la Sta. Misa. Debe ser de seda y del color que la fiesta requier?. as El pluvial o capa p lu v ia l es la capa.que usan el Obispo, el sacerdote y los ministros inferiores en las funciones litúrgicas fuera de la misa.
Antiguamente, conforme a su nombre pluviale, servía para proteger de la lluvia en las procesiones, para lo cual llevaba una ca pucha. La dalmática, que hoy es la vestidura distintiva del diácono, fue en su origen el hábito reservado al Papa y a los diáconos ro manos; se hizo de uso común después de ha ber sido concedida como privilegio a los Obis pos y prelados fuera de Roma. Tiene la forma de túnica, de mangas amplias y cortas, se llevaba desceñida, iba adornada de dos fajas verticales de oro y rojo (clavi). La tunicela es una vestidura semejante a la dalmática, pero con mangas largas y estrechas, y es hoy la vestidura del subdiácono, aunque en la forma no se distingue ya de la dalmática del diácono. Los Obispos usan también la cruz pectoral con cadena o cordoncillo; la mitra, para cu brir su cabeza; los guantes, para las manos; las sandalias y las caligas, del color de los ornamentos, para los pies; el gremial, para cubrir las rodillas y como señal de jurisdicción donde pueden ejercerla; el báculo, en forma de bastón redondeado en su extremo, de metal precioso.
Estas vestiduras, junto con el anillo, el pa lio (v.) y la tunicela y dalmática, que el Obispo viste debajo de la casulla, se llaman or namentos e insignias pontificales. 3. Insignias. - El manípulo, que hoy es una faja de seda del color de la casulla y lo llevan el Obispo, el sacerdote y los ministros en el servicio de la Misa, era antiguamente una pañoleta blanca que usaban las personas revestidas de autoridad cuando presidían asambleas o juegos, y se servían de ella para dar la señal de comenzar o terminar.
Inicial mente fue distintivo del Obispo, que hacía con él la señal a los cantores para que princi piaran o terminaran sus cantos. Después fue usado por todos los ministros del altar. La estola (su antiguo nombre latino es orarium) fue desde el principio y sigue siendo enseña distintiva de autoridad. La lleva solo el diácorio (del hombro izquierdo al lado derecho), el sacerdote (desde el cuello cruzándola sobre el pecho) y el Obispo (colgando del cuello) en dos fajas paralelas. Es del color de la ca sulla. El palio (v.) es la insignia litúrgica reservada como privilegio a los Arzobispos, a cada uno de los cuales se lo envía el Papa, después de haber sido· depositado en la tumba de San Pedro. Es una faja de lana blanca, en forma de anillo, con dos fajas igualmente blancas, pero que terminan en negro que pen den una sobre el pecho y la otra sobre la es palda. Lleva bordadas en lana negra seis cru ces y se fija con tres grandes alfileres de oro. Los palios se hacen de la lana de dos corde ros bendecidos todos los años en Roma para la fiesta de Sta. Inés.
4. Normas jurídicas. - Acerca de los o. sagrados se han de observar ante todo las normas litúrgicas, la tradición eclesiástica y las leyes del arte sagrado (can. 1296). Se han de custodiar con particular cuidado y se han de hacer de ellos un inventario regular (cáno nes 1296, § 1-2; 1302). La obligación de cuidar de los o. sagrados incumbe a aquellos que es tán obligados a reparar la Iglesia (cáns. 1297, 1186). El uso de los o. sagrados debe conce derse gratuitamente al Obispo de la Iglesia Catedral (can. 1303, § 1);
normalmente su uso debe ser igualmente gratuito para los demás clérigos y en toda Iglesia a no ser que sea particularmente pobre y el Ordinario haya permitido una tasa honesta (can. 1303, § 2-4¡. Para algunos o. sagrados, antes, de su uso, es necesaria la bendición. Se han de bendecir por precepto: el corporal, la palia, el amito, el alba, el manípulo, la estola, la casulla, el cingulo y los manteles de altar. No hay obligación, pero es conveniente la bendición del pluvial, la dalmática y la tunicela. No se ben dicen: el velo del cáliz, el velo humeral, la bolsa, el purificador. La bendición puede ser impartida por los Cardenales y Obispos sin excepción; por los Ordinarios del lugar (no Obispos), para las iglesias y oratorios dentro de los límites de su territorio, por el párroco dentro de los limites de su parroquia, por los Superiores religiosos para las iglesias y ora torios dependientes de ellos, o pertenecientes a las monjas sujetas a ellos, por los rectores de las iglesias para sus propias iglesias, por los sacerdotes delegados por el Ordinario (ca non 1304).
Los o. sagrados pierden su bendi ción: a) si sufren mutaciones que les hagan perder la forma primitiva hasta el punto de ya no ser idóneos; b) si han sido empleados para usos indecorosos o puestos públicamente en venta (can. 1305, § 1). Han de ser preserva dos de cualquier contacto sacrilego o impuro (can. 1306, § 1-2). Los o. sagrados y todos los utensilios sa grados de los Cardenales pueden ser dejados libremente en herencia o donación a lugares piadosos o personas religiosas;
de otra suerte, exceptuado el anillo y la cruz pastoral, pasan a la sacristía pontificia (can. 1298). Los o. sagrados de los Obispos residenciales pasan a la Iglesia Catedral, excepto el anillo y la cruz pectoral, y algunos otros objetos (can. 1299, § 1-2); e igualmente los de los clérigos a la propia Iglesia (cans. 1300, 1301). Cig.
Bibliografía
Bibliografía
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P. Villanueva, Los ornamentos sagrados en España, Barcelona, 1935.