MÚSICA
La m., arte y diversión universal, es en sí misma moralmente indiferente: puede ser empleada con fines buenos o malos. La m. tiene por su naturaleza una influencia maravillosa sobre los sentimientos humanos y puede excitar y aumentar notablemente las más diversas impresiones. Por esta razón a imitación del antiguo culto judaico la Iglesia hace buen uso de ella en su liturgia. Sin embargo, la m. se pone con frecuencia al servicio del mal, bien por su carácter general atractivo propio de toda especie de m., en cuanto que se la hace servir para atraer más asistentes a diversiones inmorales o para acrecentar su seducción, bien acaso por su carácter propio, sensual y excitante en alguna m. en particular, sobre todo si se ejecuta en circunstancias propias o preparadas para excitar los sentimientos perversos (p. ej., erj locales nocturnos). Por estas razones los artistas que ejecutan la m. pueden encontrarse frecuentemente frente al problema moral de cooperación a acciones ilícitas. Cooperación (v.) formal al pecado ajeno, y por lo tanto no se puede justificar nunca cualquier ejecución de m. que o se da con la intención subjetiva de provocar el mal o forma objetivamente una parte constitutiva o integrante de una acción inmoral (p. ej., acompañamiento de canciones torpes, de una ópera, opereta o zarzuela sustancialmente mala).
En cambio, sería cooperación material toda ejecución que aun facilitando una acción mala o aumentando su efecto no forma parte constitutiva o integrante de ella (p. ej., m. de baile en un ambiente donde no se baila siempre decentemente; acompafiar óperas o zarzuelas con alguna escena reprobable, etc.); esta cooperación puede ser lícita en ciertas circunstancias, pero sólo poj* razones proporcionalmente graves y evitando el escándalo que con frecuencia se da (v. Cooperación, D iversiones, Escándalo). Dam.
Bibliografía
Bibliografía
A. V erm eer sch, Thcol. mor., II, Roma, 1937, n. 143.