MÚSICA
No poseemos textos musicales ni obras teóricas sobre la música hebrea del período bíblico. Pero la S. Escritura nos ofrece no pocas indicaciones sobre este respecto. Entre los hebreos, lo mismo que entre los egipcios y los asirios, la música , instrumental y vocal, acompañaba casi todos los actos de la vida, tanto profana como religiosa. Así en el desierto se daban señales con trompetas de plata (Núm. 10, 2 ss.); al sonar las trompetas se desmoronaron las murallas de Jericó (Jos. 6, 4-20); con cantos, sonidos y danzas se celebró el triunfo de David sobre el gigante Goliat (I Sam. 18, 6 s.); con la cítara aplacaba David la ira de Saúl (I Sam. 16, 23); con la trompeta y otros instrumentos se anunciaba la declaración de guerra (Is. 18, 3) y se celebraba la victoria (II Par. 20, 28). La música 412Aalegraba los banquetes (Is. 5, 12; 24, 8; Eclo. 32, 7; 49, 2, etc.) y las bodas (I Mac. 9, 39), la vendimia y la siega (Jue. 9, 27; Is. 9, 3; 16, 10; 25, 6; Sal. 4, 8), el duelo y el llanto (II Par. 35, 25; II Re. 1, 17; Jer. 9, 17; Mt. 9, 23), etc. Tampoco faltaba nunca la música en las ceremonias religiosas.
Así, después del paso del mar Rojo, cantará Moisés un himno acompañado con el tímpano por su hermana María (Éx. 15, 1.20): los sacerdotes darán con la trompeta la señal para las fiestas, para las calendas, para los jubileo s, para los sacrificios, etcétera (Núm. 10, 2-11); en las escuelas de los profetas se empleaba la música (I Sam. 10, 5; 19, 20); las diferentes traslaciones del Arca se efectuaron con acompañamiento de cantos y sonidos bajo la dirección del mismo David (II Sam. 6, 5.12-15; I Par. 13, 8; 15, 16), a quien cabe también el mérito de haber organizado un excelente servicio musical para el culto litúrgico, haciendo construir numerosos instrumentos para los levitas (I Par. 23, 5) para acompañar los salmos que él mismo había compuesto (II Par. 7, 6; 29, 26 s.); organizó varias clases de cantores (¡4.000 levitas! I Par. 23, 5) y de instrumentistas (I Par. 15, 22; 16, 5.6; 25, 1-7; 23, 31; Eclo. 47, 11 s.). También Salomón dispuso que se construyeran instrumentos musicales (II Par. 19, 10-11).
Al regresar de la cautividad, cantores (Esdr. 2, 70; Neh. 7, 1; 12, 45) y sacerdotes (Esdr. 3, 10) reanudaron el servicio en el templo, y lo mismo ocurrió con los Macabeos (I Mac. 4, 54). Instrumentos musicales. Atribúyese su invención a Jubal, hijo de Lamec (Gén. 4, 21, cf. 31, 27). Podemos distinguir tres categorías: instrumentos de cuerda, de viento y de percusión. Entre los primeros, todos de la familia del arpa, mencionaremos el nebhel o grande arpa (I Sam. 6, 5; Sal. 57, 9; Is. 5, 12, etc.; hácese mención también de un nebhel’asor, es decir, de diez cuerdas: Sal. 33, 2; 144, 9), y el kinnôr, inferior en el tamano y con pocas cuerdas (Gén. 4, 21; 31, 27; I Sam. 10, 12; 412BI Par. 13, 8; 15, 28; Is. 5, 12; 16, 11, etc.). Instrumentos afines a éstos eran la sabhka y el pesanterin ( σαμβύκη , ψαλτήριον Dan. 3.5.7.10.15).
Entre los instrumentos de viento de importancia estaban el šôphâr, hecho de cuerno de cabrito o de carnero (por lo que se llamaba qeren, Jos. 6, 4.5), y servirá para convocar al pueblo para la guerra, para las fiestas religiosas o profanas (Jue. 7, 18; I Sam. 13, 3; II Sam. 15, 10; Éx. 19, 13.16; Lev. 23, 24, etc.), así como para indicar el jubileo (Lev. 25, 9: por eso se le llamaba también iôbhêl); el ûghâbh, o pequeña flauta (Gén. 4, 21; Sal. 150, 4, etc.), el hālîl o gran flauta (I Sam. 10, 5; Is. 5, 12; 30, 29, etc.) y la haṣôṣerah σάλπιγξ (Núm. 10, 3-10; 31, 6; Sal. 98, 6, etcétera). De los instrumentos de percusión mencionemos el tôph o tambor (I Sam. 10, 5; Is. 30, 32, etc.), que las más de las veces tocaban las mujeres (Éx. 15, 20; Sal. 68, 26), los ṣelṣelim o címbalos (I Sam. 6, 5), los mesiltáim o címbalos dobles (I Par. 13, 8), los mena’an’ím o sistros (II Sam. 6, 5) y los šālišîm (I Sam. 18, 6). Los instrumentos de percusión se empleaban principalmente en las fiestas, religiosas o profanas, y en las danzas. Después de la destrucción de Jerusalén (70 desp. de J. C.) cayó en desuso el arte instrumental, mientras que el vocal se trasladó a las sinagogas.
Muchos acentos del texto masorético no son otra cosa que signos musicales, aun cuando no correspondan exactamente a nuestras notas. Llámanse te’āmîm o neghînôth («notas», «tonos»). La música hebrea era melódica solamente: la armonía y la polifonía eran enteramente desconocidas. La escala no era cromática o armónica, sino diatónica: en una octava podían darse hasta 24 grados! Es innegable cierto influjo de la música hebrea sobre el canto gregoriano.
Bibliografía
A. Gastoué, Les origines du chant romain , París 1907, c. I. F. X. Kortleitner, Archaeologia Bíblica , Innsbruck 1917, pp. 635-41. H. Berl, Das Judentum in der Musik , Berlín-Leipzig 1926. A. Z. Idelsohn, Jewish music in its historical development , Nueva York 1929 (clásico).