MUNDO
1. Naturaleza. - Cuando se habla en teología de m., se entiende el mundo que Jesús maldijo por sus escándalos (Mat., 18, 7), y que San Juan dice que está totalmente sumergido en el mal (I Jn., 5, 19): esto es, el conjunto de aquellos cuyas máximás y cuya vida se oponen a la doctrina cristiana. Entre éstos hay algunos que niegan y combaten abiertamente la religión católica; otros por cierta indolencia no se preocupan de ella; otros, finalmente, creen y practican de algún modo la religión, pero asociando esta práctica con el amor de los placeres, de las riquezas y del lujo: diciendo que no es necesario exagerar en materia de religión, que no se puede ser demasiado escrupuloso en los negocios, que es necesario gozar al menos un poco de la vida. Estos Ultimos escandalizan tanto a los creyentes como a los no creyentes, haciendo parecer que la religión tiene muy poca eficacia sobre la vida moral. 2. I n f l u j o. — El m. quiere difundir sus máximás y seducir. A este fin hace uso de la palabra, de la prensa, de los espectáculos, de los bailes, de la moda; recurre también a la burla y a la amenaza/ si no directamente a la persecución; no se puede evitar todo contacto con el m.. (Jn. 7, 15); la vista de las vanidades mundanas y de los ejemplos malos, las relaciones inevitables con personas mundanas, sus burlas, sus amenazas, constituyen un peligro permanente. 3. F u g a de l m.
— Para no ser arrastrado por esta peligrosa corriente es necesario avivar la fe en la palabra infalible de Cristo; no hacer nunca por interés propio o por respeto humano la menor concesión ni contraer el mínimo compromiso con las máximás del m.; huir las ocasiones peligrosas, viviendo en el m. sin ser del m. Todos, por otra parte, tenemos la obligación de edificar al prójimo con el ejemplo de una vida totalmente conforme con las normas evangélicas (Mat., 6, 16). Los que por su posición social están en situación de ejercitar mayor influjo están doblemente obligados a dar buen ejemplo y deben igualmente hacer valer sus convicciones religiosas en la vida publica: haciendo esto inspirarán a los tímidos el valor y coraje de no ceder a la tiranía del respeto humano, de la moda, de los pequeños intereses personales Notemos de paso que la fuga del m., entendida en sentido cristiano, no impide una eficaz colaboración en el bien común y en el progreso de la cultura, antes al contrario, por sí misma es útil para estos fines. Man.
Bibliografía
Bibliografía
A. T an q u ex ey, Compendio de teología ascética y mística, París, 1930, n. 210-216
O. Z im m e rm a n n, Lelirbuch der Aszetik, Freiburg I. B., 1932, p. 102-103.