Diccionario de Teología Moral

Bernardo Cignitti, O.S.B. (Cig.)

LIBROS LITÚRGICOS

Recursos

1. Datos históricos generales. - Al principio parece que la Iglesia apostólica no usó libros para su liturgia, si se exceptúan los textos de la Sda. Escritura para la lectura y para el canto de los salmos, porque las formas litúrgicas estaban bajo el influjo carismático. De esto da testimonio explícito la Didaché (10, 7) y San Justino (Apol., I, 67). Pero ya en el s. III, y en algunos sitios también en el II, se comenzaron a formar por escrito algunas fórmulas, sobre todo las del canon eucarístico. Éstas, sin embargo, de ordinario no hacen ley y de aquí que poco a poco se va notando un gran florecimiento de formas litúrgicas que eran usadas un poco a beneplácito de su compositor. En los s. IV y V los Concilios se ocuparon activamente de este hecho y trataron de que los textos compuestos llevaran alguna fórmula de aprobación. El paso a la creación de los libros litúrgicos estaba dado.

2. Sacramentarios. - Los primeros y más importantes libros litúrgicos son los Sacramentarios, principalmente el Sacramentario Leoniano, Sacramentario Gelasiano y Sacramentario Gregoriano, en los cuales el nombre no quiere afirmar la paternidad de los respectivos papas León, Gelasio y Gregorio M. respecto de los Sacramentarios, sino más bien indicar las épocas, indicadas por las características litúrgicas y estilísticas. El Leoniano es ciertamente el Sacramentario más antiguo y el más auténticamente romano en su inspiración y en sus elementos. Conservado en un solo manuscrito de la Biblioteca capitular de Verona, es una composición que se remonta probablemente al s. V-VI. El manuscrito no está completo y representa más bien un prontuario del cual se podían servir a beneplácito, más que un verdadero libro de fórmulas fijas. El Gelasiano, que nos ha sido transmitido por un manuscrito uncial del s. VII-VIII, procedente de Francia, representa por el contrario un libro destacadamente oficial, y también ciertamente romano, aunque no exento de muchas interpolaciones agregadas en suelo francés. Su composición se remonta a la última mitad del s. VI.

El Gregoriano en sus orígenes debió ser una reconstrucción del Gelasiano (algunos, por el contrario, sostienen que hubo dos composiciones independientes que tuvieron la misma fuente, los libelli Missarum), hecho directamente o bajo el influjo de San Gregorio Magno. Se conocen varios manuscritos completos e incompletos, pero nos encontramos en ellos con textos que forman entre sí diversos grupos, porque, habiendo sido el más usado y más oficial de los Sacramentarios romanos en la ciudad y fuera de ella, ha sufrido muchas alteraciones y añadiduras.

3. Leccionario y evangeliario. - Además de los libros que servían directamente al sacerdote u obispo celebrante, hay que notar también los libros pertenecientes a los ministros, como son el Leccionario y el Evangeliario, que contenían las lecturas de la Misa (Profetas y Apóstoles, Evangelios), bien en la redacción completa, como la da la Sda. Escritura, sea en períodos o trozos seleccionados según las fiestas y los días litúrgicos. Cuando al margen o en apéndice al texto de las lecturas escriturísticas se señalaba el principio y fin del trozo seleccionado para una liturgia determinada, entonces el Leccionario se llamaba Capitulario (de las Epístolas o de los Evangelios). El Leccionario, llamado también Comes, Liber comicus, Apostolus, comprendía la selección de los textos tanto de los profetas como de los Apóstoles, en uso en la Misa en las diversas fiestas. Su existencia en Roma está determinada al menos para el s.

V. Los textos conservados más famosos son el Capitulario de Würzburgo del s. VII, de carácter señaladamente romano y el Comes de Alcuino, fines s. VIII, hecho para acompañar el Sacramentario Gregoriano-Adrianeo.

El Evangeliario era la colección de los Evangelios para uso litúrgico. El número de los textos que los han conservado es extraordinario. Los dos más antiguos capitularios de los Evangelios son del s. VII. El Evangeliario era el libro más honrado en la antigüedad cristiana, tanto que se escribía en pergamino teñido de púrpura, con letras de oro, encuadernado en oro, plata, marfil, se le adornaba con piedras preciosas y con finas obras de arte del grabado a la filigrana y a la miniatura. El Evangeliario se llevaba con las manos cubiertas, se depositaba en el altar al lado de la Eucaristía, con luces, y se perfumaba con incienso.

4. Cantatorium, Antiphonarium, Líber gradualis. - Los libros litúrgicos que contenían los cantos de la Misa eran el Cantatorium, que contenía los cantos (el versículo del salmo después de la Epístola y el versículo del Aleluya) que el solista ejecutaba en el ambón (de donde le vino el nombre de Líber gradualis [Gradúale]), y el Antiphonarium, que contenía los cantos de la Schola, esto es, los cantos antifónicos, como el introito, el ofertorio, la comunión. Frecuentemente se incluía en éste el Cantatorium. El origen del Antiphonarium hay que colocarlo en el s. IV-V, y muchos Papas pusieron en él las manos, hasta San Gregorio, que nos dejó el que forma el fondo principal del Liber gradualis en uso actualmente. La Schola poseía además un Antiphonarium Officii que comprendía los cantos de las antífonas y de los himnos y los tonos de los salmos según las exigencias del oficio. Los manuscritos más antiguos de este Antiphonarium se remontan al s. IX-X.

5. Salterio, Homiliario, Legendario, Martirologio. - Otros libros litúrgicos para el rezo del oficio eran el Salterio (colección de los salmos), el Homiliario (selección de discursos o escritos de los Padres de la Iglesia que se habían de leer en los Nocturnos), del cual el texto más difundido fue el compuesto por orden de Carlomagno, en el s. VIII, por el monje casinense Pablo Warnefrido; y el Legendario, que contenía las Pasiones o los Acta martyrum que se leían ordinariamente en el II Nocturno, como se hace hoy todavía; el Martirologio, breve anuncio y síntesis al principio de la vida de los mártires, y después de todos los santos, cuya memoria se recordaba en un día determinado y que se leía en el Officium Capituli, después de la hora de Prima.

6. Órdines. - Son importantes también los libros ceremoniales, llamados Ordines, en los cuales se recogen las ceremonias que se habían de observar en la celebración de la misa, en la administración de los Sacramentos y en otras circunstancias. Los más famosos son los de la Iglesia romana, pero frecuentemente son muy útiles para la comprensión de los ritos también los de otras Iglesias particulares, no excluidas las monásticas. La clasificación de los numerosos manuscritos que contienen los Ordines Romani y su edición crítica ha sido hecha recientemente (Les Ordines Romani du haut moyen Age.

I. Les manuscrits, Louvain, 1931; II. Les textes [Ordines I-XIII], Louvain, 1948; III. Les textes [Ordines XIV-XXIV], Louvain, 1951) por M. Andrieu, aunque es todavía útil la edición de los 15 Ordines hecha por Mabillon en su Musæum Italicum. Los Ordines I-VI nos conservan la descripción de la Misa Papal y Episcopal; los Ordines VII-IX se refieren a las ceremonias del bautismo y de la ordenación; los Ordines X-XII son una colección de ceremonias y usos diversos relativos al año eclesiástico; los Ordines XIII-XV recogen los usos relativos a la elección y consagración Papal.

El llamado Ordo Romanus Antiquus es de los menos antiguos, ya que no se remonta más allá del s. X, y no es romano.

7. Libros litúrgicos actuales. - Todos estos diversos libros litúrgicos antiguos se fueron fundiendo después en el curso de los siglos en los que actualmente se usan: Misal (v.) y Líber gradualis para la Misa; Cæremoniale Episcoporum, Pontificale (v.) y Rituale (v.) para los sacramentos y diversas bendiciones; Breviario (v.) para el oficio divino, el cual se comenzó a formar como libro aparte hacia el s. XI y se difundió con los llamados Breviaria Portatilia o de cámara, de los cuales el que estaba en uso en la corte pontificia en el s. XIII fue aprobado por Inocencio III y después adoptado oficialmente primero por los Frailes Menores, que lo difundieron con el título de Breviarium secundum consuetudinem Romanæ Curiæ. Hecho de uso general, adoptado por las iglesias catedrales (las iglesias monásticas se inspiraron en ellas para la composición de un Breviarium compuesto según el Cursus Benedictino, fijado en la Regla de San Benito muy minuciosamente), sufrió varias reformas y revisiones desde la radical de San Pío V (1568), requerida por el Conc. de Trento y que ha dado al libro su forma definitiva, y las hechas en los siglos posteriores hasta la reforma de S. Pío X y a la de S. S.

Pío XII que ha permitido (25 marzo 1945; AAS [1945], 65-67) usar en lugar del Salterio llamado galicano, en uso desde los tiempos más antiguos hasta hoy, una nueva versión de los Salmos, según el texto hebraico por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, y ha simplificado diversas rúbricas (23 marzo 1953; AAS [1955], 218-224; 418-419). Cig.

Bibliografía

Ph. Oppenheim, De libris liturgicis, Torino, 1940
P. Alfonso, I riti della Chiesa, I, Roma, 1945, p. 47-58 Ph. Oppenheim, Tractatus de textibus liturgicis, Roma, 1945
M. Righetti, Manuale di storia liturgica, I, Milano, 1945, p. 257-277.

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